La carrera por la presidencia de la República está llena de obstáculos, sin embargo, los más difíciles de superar son los generados por los pleitos y pugnas internas que aquejan a los principales partidos políticos, tanto los de la derecha, como los del centro y los de la izquierda, que todo indica que se recrudecerán conforme se acerca la hora de las designaciones de candidatos.
Tradicionalmente, el PRI es el que menos conflictos internos padece, esto a causa de que, a diferencia de las otras agrupaciones, los procesos de selección de candidatos no se resuelven democráticamente, sino por el gran dedo del señor de los Pinos, en el caso de la presidencia y las gubernaturas.
Las derrotas que sufrió el ex invencible en los comicios del pasado 5 de junio, no obstante, pusieron de relieve que las bases priistas ya no obedecen tan sumisamente, como antaño, las decisiones de las cúpulas. Aunque a la hora en la que se definen las postulaciones guardan silencio, cobran la factura de las nominaciones que no les parecen al momento de acudir a votar.
Eso sucedió en Tamaulipas. Cuando los señores que toman las decisiones impusieron a Baltasar Hinojosa Ochoa candidato a gobernador, no hubo voces discordantes, pero los miles de militantes inconformes con la imposición del matamorense, cansadas de que nadie se haya tomado el trabajo de consultar si estaban de acuerdo o no con la designación, le jugaron las contras al aspirante y, junto con el hartazgo social, le dieron el triunfo a Cabeza de Vaca.
En los próximos procesos electorales los jerarcas del tricolor tendrán que, al menos, dorarles la píldora a las bases, para convencerlos de que apoyen al elegido desde mero arriba. Si no lo hacen, a pesar de los sucedido hace 4 meses y, además, tampoco hacen nada para recuperar la confianza de los ciudadanos, la historia de lo ocurrido a Balta volverá a repetirse en la sucesión presidencial.
El PRI tiene menos de 2 años para recuperar los bonos políticos. ¿Cómo?, metiendo a la cárcel a algunas de las figuras emblemáticas de los políticos transas que se han enriquecido descaradamente a costa del erario, la manera más convincente de demostrar que el combate a la corrupción y la impunidad va en serio.
Como en el Revolucionario Institucional, en el PAN no se quedan atrás. Los habituales forcejeos entre los seguidores de Fox, ahora agrupados en torno a Gustavo Madero Muñoz y Ricardo Anaya Cortés, y los partidarios de Felipe Calderón Hinojosa, que parecen determinados a llevar a la candidatura a Margarita Zavala, la aspirante mejor posicionada tato al interior cono fuera del partido blanquiazul, se van a agudizar en la disputa interna por el puesto del presidente Enrique Peña Nieto.
En la izquierda la situación es peor.
A la fractura provocada por la salida de Andrés Manuel López Obrador, el político de mayor arrastre de esa corriente política en la actualidad, de las filas del PRD, se ha agregado la de la eventual participación de una mujer indígena del EZLN en la contienda por el gobierno de México.
Y, como se antoja poco probable que cada una de la organizaciones anteponga el interés general al de los grupos y acepte crear un frente común, la única manera de sacar al PRI de los Pinos, derrotar al PAN y gobernar el país, resulta más que complicado que, bajo las nuevas circunstancias sucesorias, AMLO, ahora al frente de MORENA, vaya a darle otro susto al PRI y a Acción Nacional, como lo hizo en los comicios del 2006 y el 2012.
Si el escenario no cambia, a lo más que puede aspirar esta vez la dividida izquierda mexicana será a conservar la tercera parte de los asientos del poder legislativo federal y desde esa trinchera dar la pelea a los partidos políticos privatizadores que, pese a los nulos beneficios de las reformas constitucionales, insisten en entregar al país a particulares, con el señuelo de que la inversión extranjera generará más empleo y mejores condiciones de vida, que no llegan.
Aunque desde la óptica de algunos politólogos, como la del priista Manlio Fabio Beltrones Rivera, a causa de la fragmentación de los partidos, si ninguno de los candidatos presidenciales obtiene el 42 por cientos de los votos, sería viable formar un gobierno de coalición, más propio de los regímenes parlamentarios que de los presidencialistas, para mantener la gobernabilidad. jlhbip@hotmail.com




