Pese a la idea de que cuando el presidente, gobernador o alcalde que llega al cargo es militante del mismo partido político que su antecesor no pasa nada, a veces se registran excepciones y se producen sorpresas.
Lo señalamos a propósito de las advertencias formuladas ayer por la alcaldesa de Tampico, Magdalena Peraza Guerra, de que en virtud de las irregularidades detectadas en la revisión de los documentos que les entregó el gobierno del alcalde Gustavo Torres Salinas, se citarán a ex funcionarios de la pasada administración para que las expliquen y disipen las dudas a que haya lugar.
Y como uno de los rubros de las inconsistencias es de la sensible área financiera, la principal tentación de los amantes del poder, uno de los que se llamará a cuentas aes el ex tesorero Gerardo Gómez Ibarra.
Con base en la información que resulte de estas explicaciones se harán las observaciones que en su momento el ayuntamiento porteño entregará a la Auditoría Superior del Estado para que actúe conforme a lo que por ley corresponda.
Sin embargo, lo que ha dado pie a la inquietud del ex edil y sus ex colaboradores no es tanto que se cite a ex funcionarios sino el tono utilizado por la presidenta municipal, sobre todo cuando advierte que no esconderá nada, que no es cómplice de nadie y deja en claro que lo que haya que decir sobre el asunto lo va a decir sin cortapisas.
Seguramente también contribuye al nerviosismo que es la primera vez que el gobernador del Estado no es del PRI, factor que le da una dimensión diferente a la administración en todos los órdenes, entre ellos, por supuesto, el del combate a los políticos corruptos que se han enriquecido a costa del erario.
Cuando el mandatario estatal era priista y tenía conocimiento de que en algún municipio gobernado por un compañero de partido se habían registrado corruptelas, las encubría para evitar la escandalera y las eventuales repercusiones negativas que este fenómeno provocaría en el ámbito político. Ahora, en cambio, como el jefe del ejecutivo estatal pertenece a una agrupación opositora al tricolor, le conviene sacar a la luz pública este tipo de casos para demeritar a los adversarios y sacarle raja en los próximos procesos electorales.
No hay que olvidar, además, que uno de los compromisos contraídos por Cabeza de Vaca con la sociedad en la campaña proselitista es que su gobierno no toleraría actos de corrupción y que el o los que la hicieron tendrán que pagarla, que el sucesor de Egidio Torre Cantú no desaprovechará ocasión para cumplirlos.
Y aunque todo indica que las inconsistencias serán despejadas y no pasarán a mayores, que después de las aclaraciones todo indica que se dirá que todo está en orden, no se descartan sobresaltos, por lo menos en aquellos municipios en los que los jefes edilicios no son miembros del Revolucionario Institucional, casos concretos los de Madero y Altamira, obviamente, si la susodichas inconsistencias, claro está, son graves y hay evidencias que así lo demuestran.
En el ámbito nacional, mientras tanto, el triunfo de Donald Trump ha modificado drásticamente la percepción original de la abrupta salida de Luis Videgaray Caso del gabinete presidencial, al que se ha reconocido la supuesta autoría de la idea o sugerencia de la invitación formulada por el presidente Enrique Peña Nieto para que el ahora presidente electo de los Estados Unidos lo visitara y platicara con él en los Pinos el pasado 31 de agosto.
No obstante que la mayoría de los mexicanos no le van a perdonar nunca al gobierno que haya ofrecido la casa a quien ha tratado como delincuentes a nuestros compatriotas, que ha anunciado que construirá un muro fronterizo para frenar la migración ilegal, que deportará masivamente a indocumentados y que gravará con un diez por ciento las remesas que nuestros paisanos de Norteamérica envían a sus familias en México, ahora que el magnate es presidente tiene que reconocerse que , por lo menos, el ex Secretario de Hacienda le apostó al elegido.
Y que gracias a ese error político, que le costó el puesto al ex responsable de las finanzas del país y presunto aspirante a gobernador del Estado de México, quizá el señor Trump sienta alguna simpatía por el régimen de EPN que, aunque haya sido involuntariamente, aportó su granito de arena para ayudarle al millonario a llegar a la Casa Blanca.
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