No cabe duda de que uno de los sucesos más asombrosos en la historia mundial reciente, es la elección de DONALD TRUMP como presidente de Estados Unidos, la nación más poderosa del planeta, pese a que el candidato republicano era considerado por amplios segmentos sociales no solo del vecino país sino a nivel internacional, como un loco, racista y xenófobo parecido a Adolfo Hitler.
El ungimiento del magnate inmobiliario demuestra que en el fondo, la sociedad norteamericana no está del todo de acuerdo con esa percepción o si lo está consideró que era el hombre más apropiado para dirigir sus destinos.
El hecho de que seis de cada diez norteamericanos hayan votado por TRUMP refleja un inocultable hartazgo con el estado de cosas, pese a la publicitada prosperidad que se atribuye al llamado Tío Sam. Allá también hay pobres que buscan comida en botes de basura y millones de desocupados que viven del seguro del desempleo.
Alguna razón debe haber, incomprensible para quienes no son parte de aquella sociedad, que tranquilice la conciencia de quienes decidieron votar por DONALD TRUMP entregándole los poderes casi ilimitados que conlleva la presidencia estadounidense.
Uno de los argumentos que en el exterior, incluyendo México, se han esgrimido para presentar al hoy presidente electo como un tirano represor, es la amenaza que lanzó desde el principio de su campaña de deportar a millones de latinos que viven ilegalmente en el vecino país. Un verdadero acto de barbarie se dice.
Pero la Sociología es una ciencia que, al igual que las matemáticas, se nutre de fórmulas frías, aunque en el primer caso sea admisible la interpretación. Y la política, tomada en su acepción originaria es esencialmente la expresión de una voluntad colectiva.
Hace muchos años, cuando el socialista SALVADOR ALLENDE fue electo presidente de Chile, el entonces secretario de estado norteamericano, HENRY KISSINGER, dijo que “no podemos permitir que la irresponsabilidad de un pueblo arroje a Chile en manos del comunismo”. Era un clarísimo ejemplo de la suplantacíón arbitraria de una decisión soberana. Y ALLENDE cayó muerto durante un golpe de estado promovido precisamente por los yanquis.
Cuando FIDEL CASTRO llegó al poder en Cuba tras una revolución armada, Estados Unidos satanizó desde entonces al régimen de la isla y no fue hasta hace poco cuando BARACK OBAMA aflojó un poco el bloque que durante décadas se mantuvo de manera férrea. Igualmente cuando un gobierno comunista se encumbró en Vietnam, Norteamérica desató una de las guerras más sangrientas y desiguales en la historia moderna.
Así, la Unión Americana ha sido históricamente el policía del mundo que decide quién debe o no llegar a los gobiernos de otras naciones. Bueno, pues simplemente, ahora los norteamericanos determinaron quién debe ser su próximo presidente, pese a que se le endilgan los mismos calificativos que sirvieron para derribar gobiernos en el exterior. Esto, sencillamente no hubiera podido ocurrir si no hubiera poderosas y válidas razones sociológicas interiores.
Por otro lado, el simil que se le ha atribuido respecto de Adolfo Hitler, resulta notoriamente inoperante. ¿Acaso la poderosa comunidad judía internacional permitiría que llegara al gobierno estadounidense alguien parecido al alemán? Ni de broma
Por otro lado, aquí muchos sectores oficiales se desgarran las vestiduras en favor de los mexicanos que podrían ser deportados por estar de manera ilegal. Realmente sería humanamente una situación aflictiva.
Pero nada se dice sobre los motivos por los que esos compatriotas están detrás de la frontera. Lo están porque aquí, en su país, nunca encontraron las condiciones favorables para sobrevivir y todavía hay miles que arriesgan sus vidas cruzando el río Bravo impulsados por el hambre.
Por otra parte, el escándalo por la llegada de TRUMP a la presidencia del vecino país, a los mexicanos no nos afecta en verdad más que otros problemas domésticos que ladinamente se ocultan y que demostrarían que los verdaderos enemigos los tenemos adentro. Se grita que TRUMP nos ofendió y nos humilló. ¿Y que hizo el ex=gobernador JAVIER DUARTE DE OCHOA con los veracruzanos? No solo se burló de ellos, sino que los robó hasta la saciedad.
Y ¿los de Sonora y Chihuahua? ¿Y el asunto de la “Casa Blanca” y otras adquisiciones inmobiliarias por parte de altos funcionarios de la federación? Esas son ofensas y burlas que verdaderamente debieran dolernos por provenir de nuestros propios gobernantes que tal vez nos consideran más pendejos que el mismísimo TRUMP.
Si los norteamericanos decidieron que DONALD fuera su presidente, sus razones habrán tenido y que con su pan se lo coman. Meternos en asuntos políticos ajenos, mientras que nos desentendemos de los propios equivale a ser luz de la calle y oscuridad de la casa. Duele, pero en el fondo, es la verdad.




