Empiezan los días santos y si me permite, invadido por esa percepción, aprovecharé este espacio para intentar una reflexión que mezcla la política con la añoranza. Empiezo:
Tal vez esto le pueda parecer una experiencia lejana, pero en realidad está más cerca de lo que quisiéramos.
Sucedió apenas ayer, en el Estado de México.
Una actividad de campaña, en este caso a favor de la panista Josefina Vázquez Mota, se convirtió en una violenta gresca en donde una de sus promotoras, Xóchitl Gálvez, fue golpeada por presuntos opositores.
En realidad los nombres de las personas son lo de menos. Mucho menos importa cuál partido o cuáles partidos son los protagonistas. Lo que pega, lo que cala, son los hechos.
Y el hecho principal es que en la búsqueda del poder –que sabemos que no es lo mismo que la búsqueda de servir– los procesos electorales en nuestro país hoy están a años luz de distancia de lo que no hace mucho, una veintena de años, fueron: una fiesta.
Si tiene los años suficientes, tal vez recordará una frase que antecedía a una elección, sin importar si era local o federal: ¡Ya vienen las campañas!…
Era un real motivo de júbilo porque todos ganaban, hasta los que perdían.
Hoy esos procesos son un campo de batalla. Se pelean los candidatos unos con otros, pelean los simpatizantes entre sí, los candidatos pelean con las autoridades, los candidatos pelean por su vida porque corren riesgos de muerte, los partidos pelean con los gobiernos y los ciudadanos pelean contra todo y contra todos, porque está peleado, el colmo, con la confianza.
Y todo, enmarcado en un oscuro factor: agresividad.
Sí, esa agresividad la cual citó ayer también como el mayor peligro para la humanidad, el extraordinario físico y matemático Stephen Hawking, al hacer referencia al riesgo de extinción de los seres humanos a manos de ellos mismos.
¿Tiene qué ser así?… ¿Es una condena fatal que todo lo que nos rodea esté contaminado por esa agresividad?
Los tamaulipecos estamos a pocos meses de volver a ser testigos de otra contienda electoral, que definirá en el Estado los nuevos mandos de sus 43 ayuntamientos –de sólo dos años los actuales por un ajuste nacional– de sus ahora 9 diputados federales y nada menos que al sucesor en la Presidencia de la República.
Y lo confieso: me inquieta ese proceso.
A la luz de los ediciones cercanas en las cuales los votantes acudieron a las urnas, en donde campeó la inseguridad en muchos municipios, en donde la guerra de lodo manchó hasta a los muertos y a los que aún no nacen, no hay muchos motivos para el optimismo. Lo más probable es que tales escenarios se repitan y tal vez aún más dramáticos. Lo sucedido en el Estado de México y lo que con certeza se registrará en otras latitudes lo anticipa.
Así que aprovechemos esta Semana Santa, los que tenemos la fe suficiente, para elevar oraciones porque las elecciones no se conviertan en fieros enfrentamientos en donde al final se lamentan hasta muertes. En lo personal, rezo porque eso no vuelva a suceder.
¿Le parece que aún están lejos esas elecciones?… sólo recuerde que para el siguiente ciclo vacacional igual a éste, estaremos otra vez en medio de esas batallas. Vale la pena orar…
Vacaciones en casa
Para los victorenses, este lapso vacacional tiene un rostro positivo.
El ayuntamiento ha preparado en forma exhaustiva instalaciones y equipamiento de sitios públicos para esparcimiento popular, lo cual permitirá a miles de residentes capitalinos divertirse en familia y sin gastos excesivos que mermen la economía del hogar.
Un buen trabajo del alcalde Óscar Almaraz, sin duda alguna…
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