Al desfile del primero de mayo debieran llamarlo “los que van a morir os saludan”. Y es que no existe “celebración” más grotesca, estúpida, ilógica e inhumana que la del Día del Trabajo.
Ahí ante funcionarios y líderes transcurre un ejército de hambrientos sin esperanza ni futuro que temerosos acuden a rendir pleitesía a un grupúsculo de privilegiados que soberbios los observan desde la tribuna de la infamia, reiterando su derecho a disponer de sus pobres existencias.
Los millones de marginados en Tamaulipas son esclavos como en el resto del país y todavía tienen que agradecer se les permita arrastrarse disputándose los mendrugos arrojados desde los palacetes donde habitan los señores (as) del poder.
En este sentido las escenas de la edad media no son muy diferentes a las actuales por más que el supremo gobierno federal y sus aliados inventen “avances” en justicia social que sólo confirman el grado de crueldad alcanzado por el sistema en perjuicio de la sobrevivencia mayoritaria.
Ni cómo negar que el salario mínimo apenas alcanza para comprar el pase de abordar hacia la eternidad. Y todavía hay que celebrarlo. ¡Qué poca madre!.
Los trabajadores en esta fecha deberán aplaudir cual indigentes que reciben un pedazo de tortilla vieja embarrada con alimento rechazado hasta por los animalejos que suelen hurgar entre la basura.
¿Qué son los sindicatos sino una arma que legitima la corrupción y el cinismo apoyando con singular alegría la explotación obrera?. Este escenario incluye a empresarios y políticos siempre dispuestos a treparse en un proletariado al que no queda más remedio que agachar la cabeza, soportar los azotes de sus amos en turno y seguir hasta donde el cuerpo aguante, momento este en que ha de ser sacrificado “por inútil” como sucedió con millones de indígenas en minas y haciendas apropiadas por los “gachupines”.
¿Qué es la pobreza sino un estado de descomposición social cada vez más evidente?. Y es que al jefe de familia se le ha negado el derecho a la sobrevivencia propia y de los suyos. Y este propósito incluye inseguridad, congelamiento de empleos, terror, miedo, prepotencia oficial, impunidad, persecución fiscal y sobre todo autoritarismo contra una sociedad inerme, desprotegida y abandonada cual sucedía con los cristianos de los primeros
tiempos despedazados por las fieras para goce y disfrute del imperio.
¿Celebración del Día del Trabajo?. ¡No jodan!… Sólo que venga de parte de quienes gracias a circunstancias y “oportunidades” se apropiaron (y apropian) del patrimonio social atesorándolo en los rincones más recónditos de su voracidad. Allá donde de vez en cuando se asoma la venganza política y la ambición de otros para seguir perfeccionando el gran tratado de la corrupción que ha encontrado en la clase política de México a sus más destacados exponentes. Y ni modo que sea invento.
De manera que celebrar el primero de mayo en Tamaulipas y el resto del país no sólo es una burla u ofensa a la dignidad proletaria sino un crimen que debiera ser condenado por los organismos que presumen defender los derechos humanos, cuando nada más son parte de la burocracia depredadora y ladrona que se divierte con la pobreza de millones de mexicas que resignados desfilan hacia su inminente extinción.
Amlo, lo que faltaba
En su angustia de saber que López Obrador camina seguro hacia la presidencia de México, el supremo gobierno parece haber caído en terreno peligroso. Y lo intenta todo para detenerlo sin reparar en costo económico y político.
Ya sabéis que ahora utiliza a Miguel Ángel Yunes salido de la profunda negrura del tricolor ahora convertido por las mismas razones en Gobernador de Veracruz por el PAN. Este “siniestro personaje” como lo llama AMLO, es uno de los últimos cartuchos que tampoco ha dado resultado al objetivo oficial de eliminar a “El Peje” porque la gente ya sabe a quién creer en esta guerra insólita.
Las amenazas contra la seguridad del dirigente de MORENA aparecidas el anterior fin de semana en la tierra de Enrique Peña Nieto significan, digo, el paso más peligroso en este largo caminar de presiones. Si va en serio qué grave porque agredir a AMLO sería retar al coraje y la indignación de millones lo cual no sabemos hasta dónde ha de conducir.
Ojo que como señala el clásico, “el horno no está para bollos”.
Sucede que
En Tamaulipas el PRI dejó ir la oportunidad de encabezar la inquietud social de los últimos meses y todo porque los próceres del tricolor no se mueven por el miedo “a que les pisen la larga cola”. ¡Ah, raza!.
Hasta la próxima




