26 enero, 2026

26 enero, 2026

Confesionario

Hagamos que suceda…

Confesionario

Estamos por cerrar un año especialmente difícil como país: corrupción en sus máximos niveles, pobreza en crecimiento, violencia galopante y daños por desastres naturales sin precedentes, ¿a quién echarle la culpa de nuestras desgracias?, una pregunta para la reflexión.

Así es mis queridos boes, la salida fácil es culpar a los gobernantes, el Presidente Enrique Peña Nieto es seguramente el depositario de la mayoría de las culpas, porque en teoría es el responsable de la conducción del país, del desarrollo nacional y hasta de la aplicación de la ley.

Esa salida fácil, constituye a la vez una verdad probablemente legal, pero verdad a medias, porque deja fuera a los responsables de tener la autoridad que tenemos, a los responsables de  permitir que dicha autoridad actúe con desdén por la aplicación de la justicia y con desaire a las necesidades del pueblo.

Esos otros responsables somos usted y yo y los demás mexicanos. Unos, los que hace más de 5 años votaron por el Presidente en turno, cuando desde la campaña ya mostraba
insuficiencias culturales y estaba rodeado del equipo que luego nos llevaría al borde del despeñadero donde hoy nos encontramos.

Pero incluso los que lo advertíamos desde la campaña y no nos tragamos en cuento que hipnotizó a la mayoría de los votantes tenemos culpa.

Porque por cinco años hemos visto uno tras otro los hechos descarados de corrupción que nadan en la impunidad, porque hemos, todos, sido muy tolerantes ante la falta de resultados en el combate a la pobreza y más con la frivolidad con la que se han manejando nuestros gobernantes.

Culpables, porque pese a que en el sexenio más de una docena de gobernadores han presumido con tal descaro sus raterías y solo cuatro han caído y ‘Juan Pueblo’ se conforma.

Culpables todos, porque la violencia lejos de ceder en los últimos cinco años, escala a niveles nunca registrados y como ejemplo va el año que está terminado, como el más violento en décadas, con un promedio de 76 ejecutados al día y el pueblo ocupado viendo a Chavana o las telenovelas.

Culpables todos, porque nuestra crítica, descontento y protesta, se queda en las redes sociales, se apaga cada seis meses cuando llega la liguilla del fútbol, o vuelve La Voz México que nos atrapan e idiotizan.

Culpables porque nos da flojera salir a la calle y protestar de verdad, porque la movilización vista desde México es un tema de los españoles, los franceses, los ingleses, acá el pueblo se desahoga con unas cuantas mentadas de madre en el Facebook o Twitter.

Culpables porque nos sentimos un pueblo reaccionario, irreverente y contestatario porque somos buenos para la producción de ‘memes’ para las redes y creemos que al presidente y su pandilla les puede que los ridiculicemos, cuando la evidencia revela que ni nos ven, ni nos oyen, ni nos leen.

Culpables porque mientras cerramos uno de los peores años para la vida nacional, esperamos un mejor 2018 echados y orando y pidiendo, pero sin la intención colectiva de hacer que suceda.

Como pueblo creemos que la obligación de tener un mejor 2018 es solo responsabilidad de nuestros gobernantes, cuando la evidencia revela que a estos les importa poco o nada el colectivo.

Porque no se nos ve una pizca de iniciativa popular para obligar a los desobligados a cumplir las responsabilidades por las que les pagamos. 

Y lo peor, porque según las evidencias que nos revelan las encuestas, la gran masa de este país cree que se vengará del sistema manifestando su intención de voto por un
proyecto que podría llevaron más de prisa al precipicio, con ocurrencias, con decretos dictatoriales que ya eran viejos en el siglo pasado.

La venganza de este pueblo podría en realidad constituir un salto al vacío, la ingesta de cianuro, el camino hasta un suicidio colectivo.

Sí, son días de reflexión, tenemos chance aún de recapacitar sobre nuestro rol como ciudadanos, reconocer que nos hemos fallado incluso a nosotros mismos, porque el país no es solo el territorio, o los gobernantes, el país somos todos.

Y aunque parezca que es muy tarde, todavía tenemos tiempo de asumir la responsabilidad que nos toca a todos, la nuestra, insisto, es la de exigir, cuestionar, criticar, presionar y protestar ante el incumplimiento de las responsabilidades de los gobiernos.

O lo hacemos o nos volverá a pasar, el 1 de julio, podríamos volver a equivocarnos y repetir la tragicomedia política en la que hemos ocupado el papel de tontos, por no decir la palabra correcta. Insisto hagamos que suceda, no esperemos un mejor 2018, hagamos un mejor 2018.

Comentarios:
meliton-garcia@hotmail.com
Twitter: @melitong

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