MATAMOROS, Tamaulipas.- Migrantes que arribaron deportados a Matamoros durante el viernes externaron su molestia hacia agentes de Migración porque al trasladarlos a retirar el dinero que traían en sus tarjetas les insinuaron que se “mocharan” para comprar cerveza a cambio del servicio que les brindaron por conducirlos hacia las instancias donde recibirían sus recursos.
Gerardo Castro, quien se encontraba en la Central de Autobuses Lucio Blanco tras ser expulsado de Estados Unidos por no contar con documentación, denunció las deficiencias en la asistencia que se les prestó por parte de integrantes del Instituto Nacional de Migración (INM).
Narró que después de la presión que representó el ser separado de su familia, el llegar a México ha sido una situación complicada ante la limitada orientación que le proporcionaron las autoridades del país en ramos como la alimentación, llamadas telefónicas, entre otras, que al final fueron cubiertas por la Casa del Migrante San Juan Diego y San Francisco de Asís, A.C., que opera la Diócesis de Matamoros.
Contó que los elementos del INM acudieron por ellos al albergue para llevarlos a los puntos donde cobrarían el dinero que les enviaron sus familiares, pero en el traslado los oficiales se mostraron enojados y además les hicieron comentarios sobre un pago por la acción.
“Y hasta dijo ‘móchense para la cerveza, a ver cuánto dejan, ahí está la canasta’, yo no vi la canasta, pero es un decir. Dijeron ‘es que estamos trabajando muy duro para apoyarlos’, les contesté que les agradecíamos el apoyo, pero un apoyo cobrado no es apoyo”, dijo.
Añadió que uno de los deportados mencionó que en su tarjeta sólo traía siete dólares y que el oficial le comentó que se la dejara con la contraseña, aunque al final nadie cedió a los señalamientos insistentes de los empleados del gobierno.
“Esa gente dice que ayuda, pero no, es de lo que me quejo, de que nos querían entre dientes cobrar los servicios, que les dejáramos unas propinas para las cervezas”, enunció.
El entrevistado, originario de Guadalajara, Jalisco, mencionó que al llegar se le informó que se le pagaría el boleto de autobús hacia su tierra natal, pero no fue de esa manera, y tuvo que solicitar dinero a sus familiares para comprar el boleto de regreso a su hogar.
Señaló que en el Consulado de México en Brownsville no se defiende a los connacionales deportados porque las autoridades estadounidenses les quitan el dinero y sus pertenencias, ante la inmovilidad de los diplomáticos mexicanos.
Mencionó que fue en la casa del migrante donde se les brindó una atención de calidad porque se les dio comida, espacio para aseo personal y para descansar, así como apoyo en las llamadas telefónicas.
El jalisciense, que por 30 años trabajó en Estados Unidos, y fue interceptado en Chicago, Illinois, demandó a las autoridades competentes que vigilen a los agentes para que el trato hacia los deportados mejore ya que lo requieren ante el golpe anímico que es el ser separados de sus familias.




