Superhéroe real, Ráfaga Palmer era un motociclista que se jugaba la vida todas las noches en la antigua Feria de Victoria, por Tamatán. Lo vimos también en los espectáculos de Atracciones Carlón en el entonces baldío del 17 Carrera Torres, a un costado del Estadio Marte R. Gómez.
Era un hombre corpulento, que usaba lentes negros y que prácticamente no veíamos su rostro cuando se colocaba la gorra de aviador para meterse en la esfera de metal, que calculo tendría siete metros de diámetro.
Se decía que era originario de Guadalajara, Jalisco, donde los hombres son muy machos, según decires… Lo cierto es que encabezaba al grupo de estrellas que se descolgaban en Victoria en los años de 1958 al 64. Chamarra de cuero, botas militares, parecía un personaje de los superhéroes del espacio.
Nuestras amigas, se enamoraban de ese hombre que impresionaba con su vestimenta negra y una cadena de plata que semejaba una calavera. Éramos muy chavos, y Rafaga Palmer se convirtió en un héroe trashumante de las tierras cuerudas.
Los íconos del cine como James Dean, Sal Mineo y Marlon Brando, con Nataly Wood poblaban nuestras mentes y corazones. Ráfaga Palmer semejaba esos héroes de los sesentas, jóvenes rebeldes sin causa que eran nuestros prototipos en el vestir y el actuar.
Victoria era pequeña, en aquel entonces 50 mil habitantes y prácticamente todos nos conocíamos.
El San Marcos aun alimentaba de agua a nuestros hogares y los cines Alameda, Obrero, El Rex, Terrazas, con el Avenida y el Cine Teatro Juárez.
Una Victoria chiquita y hospitalaria donde las puertas eran nulas porque había confianza entre vecinos.
Ráfaga Palmer era un éxito de taquilla en las ferias y su presencia arrancaba suspiros de las muchachas quinceañeras.
Nuestros héroes del cine estaban ya en las ferias con estos personajes arrancados de las revistas de monitos.
De Ráfaga Palmer ya no se supo nada, algunos dicen que murió en un accidente en alguna de sus giras por la república.
La esfera donde daba giros y giros temerarios era una cortina de acero y era impresionante como este valiente artista arrancaba en su poderoso Harvey Davison en las redes de metal. Nos enloquecía porque los ojos de las chavas se cubrían en cada giro a gran velocidad.
Ya les hablaré del Negro, el famoso tirar al negro, una de las historias precursoras del racismo involuntario de las ferias regionales.




