En no pocos espacios de opinión leíamos ayer que el candidato de MORENA a la presidencia de la República salió ileso del debate del domingo, en el que fue sometido a severas críticas, ataques, de los que habría salido ileso, porque no se ganchó, porque no se peleó, sin embargo con mayor tiempo de reflexión quiero atreverme a asegurar que Andrés Manuel López Obrador perdió más de lo que la mayoría opina.
Así es mis queridos boes, el de Tabasco, puntero en todas las encuestas, que le ubican casi como inalcanzable, pudo haber transitado por el encuentro de ideas, intercambio de acusaciones, lanzamiento de lodo y demás con la fortaleza de sus números, verse magnánimo ante quienes le siguen lejos y muy lejos y hasta dejarnos ver al que puede ser el próximo presidente de México en un ambiente cómodo como el que sus cifras le habrían permitido.
Pero optó por el encumbrado en las encuestas, embadurnado de soberbia y por momentos de intolerancia, intentando mantener lo ya ganado, con las consecuencias que ayer veíamos en la opinión pública que le reclamó su falta de respuestas, su exceso de confianza, su falta de preparación ante el debate y que ya advierte que su tope hacia arriba fue alcanzado y que pronto la cómoda ventaja podría irse comprimiendo.
Porque AMLO tenía todo para presentarse en el debate como el estadista que debe ser el Presidente de un país como México.
Tenía la gran oportunidad de mostrase como ese tipo sereno, que en su discurso habla de amor y paz y que se queja de la falta de transparencia y compromiso de un sistema con las masas.
Era el momento de que viéramos a un López Obrador como el que tendría que ir a los organismos internacionales a debatir en defensa de los mexicanos.
Perdió la oportunidad de regresarle la certeza a los hombres de la Iniciativa Privada que en días pasados habían comenzado a perder la confianza y a tener su llegada al poder.
Porque el ex jefe de gobierno de lo que hoy es la CDMX prefirió hacerse concha, fustigar cualquier crítica y denominarla ataque para luego esconder las respuestas que no sólo los Ake debatían con él esperaban, sino los millones que estábamos tras las pantallas.
Prefirió hacer muecas de desaprobación cada que le señalaban, guardar silencio o contestar con un no, cuando le ofrecían la oportunidad de contestar a las denuncias en su contra.
Prefirió ser el Peje intransigente, que no ve ni oye, el que tiene como máxima que si no estás con él, estás contra él y por lo tanto formas parte de la mafia del poder.
Perdió, porque como lo dice la encuesta que esa misma noche levantó REFORMA, el medio que lo ‘oficializó’ como puntero, el 68 por ciento de los 903 líderes de opinión; en su mayoría empresarios coincidieron que el ganador fue Ricardo Anaya, quien sí se montó en el papel de hombre de Estado que jugará el que gane la elección.
Perdió, porque el 50 por ciento lo escogió a él de entre los cuarto debatientes como el que perdió el encuentro.
Perdió porque sólo el 12 por ciento dijo que tras el debate mejoró su opinión sobre él, pero el 51 por ciento contestó que había empeorado. Mientras que de su más cercano, Anaya, los líderes dijeron en un 71 por ciento que había mejorado la opinión que tenían de él.
Perdió, porque ante la evidente falta de preparación, los líderes consideraron que sus propuestas (en realidad fueron ideas al aire) fueron las peores con un 43 por ciento de menciones.
Perdió, porque ayer el tema en los cafés y en las mesas de análisis el tema fue la falta de respuestas, su falta de preparación, su mal manejo de los tiempos y sobre todo la polémica de sus dos departamentos que por la tarde resultó que si están a su nombre en el Registro Público de la Propiedad y el debía entonces regalárselos a José Antonio Meade del PRI; aunque alegaba que son de sus hijos mayores.
Como dije ayer, no creo que aún haya motivo de alarma en la campaña del Peje, pero estoy convencido de que si usa la misma estrategia en el segundo debate, entonces podría comenzar a fabricar su tercera derrota.
Por ahora habrá que esperar el recuento de los daños oficiales, esos que arrojarán las encuestas serias, que desde ahora supongo que va a desacreditar, quien el lunes se negó a presentarse como el futuro presidente de México y llevó al debate al incipiente dictador en potencia que insiste en no abandonar su cuerpo.
Los polis mejor pagados…
Tamaulipas no quita el dedo del renglón en su cruzada por construir una Policía Estatal a la altura de lo que las condiciones reclaman.
Por eso este gobierno sigue ofrecido el mejor sueldo para una corporación de ese nivel en el país con una percepción mensual de 15 mil 900 pesos, lo que significa un 35 por ciento en promedio más que el resto de las policías de los estados.
Y es que luego de Tamaulipas las entidades con policías mejor pagados son: Guanajuato donde ganan 13 mil 289 pesos, Durango 13,014 y Baja California Sur con 13,000 pesos.
Quienes se interesen por incorporarse a la escuela de capacitación de policías estatales pueden recibir informes en el 01 800 1222336.
Comentarios:
meliton-garcia@hotmail.com
Twitter: @melitong




