A una semana de los comicios, alzas en la magna, premium y el diésel
Proceso electoral luce cruento por incompetencia de cuerpos policiales
Según estadísticas, el 91 por ciento de las preferencias es para el Peje
Elección de senadores luce pareja, pero hay riesgos del fracaso priista
Contra lo que se diga, Almaraz Smer asoma favorito, para ser reelecto
La liberación del precio de los combustibles iniciada el 18 de febrero que nos antecede, supuestamente estaría regulada por la ley de la oferta y la demanda. Es decir, mientras más se vendieran, su importe por litro sería menor, según ofreció el Gobierno Federal como justificante al gasolinazo concretado el 1 de enero de 2017.
Pero todo ha sido una vil mentira, porque desde entonces, e incluso en el transcurso de la semana que hoy concluye, en varias entidades del país se han registrado incrementos
paulatinos, hasta colocar a la magna en más de 19 pesos por medida y a la premium en casi 21.
Eso provocó que en la víspera, bajo el pretexto de que nuevamente se elevó el Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS), aquí en Tamaulipas los concesionarios igual impusieran tarifas más lesivas al consumidor (centavos +/- que en otras latitudes).
Y lo peor del caso es que también habrá alza de precios en bebidas azucaradas, energizantes, cerveza, tabaco y otros productos, que están, como los hidrocarburos, regidos por ése gravamen.
Si usted recuerda, el 1 de enero del 2017 –producto de las reformas hacendaria y energética de Enrique Peña Nieto–, la verde aumentó 14.2 %, la roja 20.2 y el diésel 16.5, con relación a los importes de noviembre de 2016 que, ya para entonces, habían registrado al menos ¡cinco alzas! desde que el señor de Los Pinos se instaló en el poder.
Al iniciarse su régimen el litro de magna costaba 10.72 pesos; 11.28 la premium y 10.81 el diésel.
En términos reales, casi se vendían en la mitad de lo que ahora.
Lo mismo que toda la gama de artículos contemplados como de lujo en la reforma hacendaria, aunque, eso, amerita comentario aparte, pese a estar ligados por la tasa impositiva en comento.
De cualquier forma hay que considerar todo lo que conlleva imponer nuevos precios a los combustibles. Y si bien es cierto que la sociedad no requiere de gaseosas, líquidos con cafeína o cebada, ni cigarrillos, en su quehacer cotidiano, el tema de las gasolinas y el diésel se cuece aparte.
Por esto:
a) Una familia, aquí en Tamaulipas, donde el transporte público luce deficiente, requiere por lo menos un vehículo propio para su traslado, del hogar a sus centros de trabajo,
o viceversa;
b) También para llevar y recoger a los jóvenes y niños de la escuela o los centros donde practican sus habilidades deportivas, extraescolares y otras disciplinas (culturales, aprendizaje de idiomas, etcétera).
c) En caso de no poseer un automotor propio, debe pagar por viajar en taxis, microbuses o camiones en pésimas condiciones, que por cierto cobran tarifas perniciosas.
Y en cualquiera de los casos, les afecta en su economía el aumento a los combustibles.
Más cuando el salario ha perdido todo poder adquisitivo, aunque los panegiristas del señor de Los Pinos digan lo contrario.
En fin, no le extrañe si antes de los comicios se incrementa otra vez el precio de la magna, premium y diésel.
¿O será días más tarde cuando se haga el anuncio?
Lo digo porque al menos José Antonio Meade Kuribreña (PRI) como Ricardo Anaya Cortés (a) ‘El Cerillo’, se vieron involucrados con el brutal gasolinazo. Uno como secretario de Hacienda y Crédito Público y el otro como senador de la República.
De eso hay constancia plena.
Y aunque ambos no lo crean, el pueblo sí tiene memoria.
De ahí que no le extrañe si a los dos les cobran la afrenta en urnas.
Justa sanguinaria
La ola de violencia electoral registra hasta hoy 47 candidatos ultimados, sin que ningún caso haya sido resuelto por las autoridades judiciales del orden común. Ni del fuero federal, aun cuando por la atracción del delito, al utilizarse armas de fuego, en la mayoría de los crímenes, corresponda a esa instancia investigarlos.
Los cruentos sucesos han acontecido en 13 de las 32 entidades del país, iniciando en la víspera del arranque formal del proceso (septiembre ocho de 2017), sin que las corporaciones policiales atinen cómo detener esa bestialidad.
En un porcentaje mayor, los abatidos buscaban las alcaldías de sus comunidades y en menor proporción, otros cargos edilicios; diputaciones locales, curules federales (dos) y, uno, escaño senatorial.
Con el más alto índice de criminalidad aparece Guerrero; enseguida Michoacán, Puebla, Oaxaca, Estado de México y Jalisco; Guanajuato no se queda atrás, superando a Chihuahua,
Colima y Coahuila (en cifras); y con un ultimado (por entidad), asoman San Luis Potosí, Quintana Roo y Sinaloa.
Sin embargo, no es la estadística lo que más mancha este proceso, sino el hecho de que los crímenes se han cometido con toda impunidad, en una disputa de grupos delictivos para determinar, antes de la jornada comicial, quiénes estorbaban a sus proyectos, según opinan expertos en asuntos relacionados con el tema.
El coordinador del Programa de Seguridad Nacional y Democracia, de la Universidad Iberoamericana, Erubiel Tirado, considera que una de las hipótesis que rodea a los homicidios de los políticos, “es la búsqueda de posiciones de poder por parte de la delincuencia organizada al través de la corrupción, la coacción e intimidación de autoridades”.
Y remarca: “Éste esquema comenzó a ser notorio a partir de 2007 y pese a los intentos de ponerle freno a esta situación todo se ha quedado en las mesas de diálogo. Y lo que se haya hecho, si se hizo, fue poco, o no sirvió”.
Como ese investigador universitario, coinciden otros analistas. Pero sus observaciones no las ha atendido el Gobierno Federal, así que el riesgo que conlleva aspirar a una posición pública, se mantiene latente.
Ojalá y pare esa ola criminal.
Y que los próximos siete días que restan al proceso, no asome más violencia, porque la sociedad ya está cansada de tanta sangre.
¿Quién lo para?
La percepción ciudadana, a una semana de la jornada comicial, en poco ha variado con relación a la contienda presidencial, aun cuando:
1) Ricardo Anaya Cortés alias ‘El Cerillo’ mediante un spot televisivo y a través de las redes sociales, trate de hacerse ‘la víctima’ del sistema político;
2) Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón (a) ‘El Bronco’, insista en su agresión carretonera para descalificar al mentado ‘Peje’ y proponer, para enfrentar la corrupción e inseguridad, sandeces que sólo tienen lugar en su cabeza; y
3) José Antonio Meade Kuribreña, llame al ejército priista a impedir, arengando a la población, a votar por él, sin considerar que es la propia estructura del tricolor la que rehúsa seguir solapando viejos vicios por el profundo daño que los improvisados han ocasionado al partido.
Como fuere, los tres le echarán de aquí al cierre de sus campañas, que por ley con concluyen el miércoles próximo, toda la carne al asador, aun cuando las encuestas como siempre (incluidas las más recientes) le dan amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador.
¿Quién lo para?, es la pregunta que se hace el conglomerado.
Senado, un galimatías
En términos estatales aquí en Tamaulipas el tricolor ha mordido polvo en las tres últimas contiendas presidenciales (le recuerdo), y perdido, en los dos procesos sexenales más recientes, los escaños senatoriales (bajo el principio de mayoría relativa), aunque logró instalarse en la Cámara alta con un representante (en cada legislatura) de primera minoría.
Difícilmente en esta contienda lograría ganar las dos posiciones con todo y que Luis Alejandro Guevara Cobos siga realizando una campaña intensa –merced a su sensibilidad política y experiencia–, puesto que en la fórmula aparece en primer lugar Yahleel Abdala Carmona, quien poco ha hecho en materia de proselitismo ¿por saber que perdiendo
ganaría? en el hipotético escenario de ser derrotados.
Sin embargo, las fórmulas albiceleste y de Morena, donde aparecen Ismael García Cabeza de Vaca y Américo Villarreal Anaya, en la primera posición, lucen fuertes y hasta eso, favoritas, sobre sus pares del tricolor y por mucho encima de otros rivales ocasionales cuyos nombres quedan el olvido.
Eso mismo me lleva a considerar que la justa, ya en las urnas, sería de pronóstico reservado.
Situación distinta
El panorama político-electoral que hasta hoy se observa en toda la geografía tamaulipeca, hace suponer que las contiendas municipales ya no serán entre panistas y priistas, porque en el escenario aparece una marca que arrastra votos, merced al descontento ciudadano, que, desde mi muy particular punto de vista, es harto justificable.
Sin embargo, todos los candidatos obligados están a reconstruir su estrategia de proselitismo, pues del posicionamiento que logren en los días subsecuentes mucho dependerá, también, la inercia del voto.
Basta echarle un vistazo a las encuestas levantadas ex profeso para confirmar que al frente aparece una oposición robustecida –con y sin que medie el espectro del abstencionismo–, pero en casa (obvio es que me refiero a las sedes partidistas) igual pudieran estar incubándose el enemigo.
Me explico más a fondo: la estructura tricolor, aparte de los grupos de interés locales en cada uno de los 43 municipios –divididos también en nueve distritos electorales federales–, refiere maravillas de sus candidatos a alcaldes, diputados federales y senadores, a grado tal que los catalogan de ser políticos sencillos, afables, atentos, respetuosos y hasta respetables, cuya popularidad, según se dice, se la han ganado a pulso.
También hablan de su cotidiana relación con la sociedad, su trabajo y humildad, pero los candidatos dan la impresión de estar secuestrados por quienes tratan de manipular sus tiempos, imponerles actividades, hacerlos copartícipes de fobias ajenas y ser, esos emisarios del pasado, los protagonistas de esta película.
En su acometida, los plagiarios prácticamente los mantienen encerrados en una burbuja de cristal y no permiten que nadie se les acerque –nadie ajeno a ellos, eso está muy claro–, pues tal vez teman que alguien les hable con la verdad y les diga que no es alejándose del pueblo como obtendrán el voto de sus conciudadanos, pese a que la maquinaria priista estatal de antemano les haya hecho el trabajo.
Elección en Victoria
En los tres últimos procesos para renovar al Ayuntamiento de Victoria, la participación ciudadana rebasó el 50 por ciento de la lista nominal. Pero en un estricto análisis del comportamiento cívico, la cifra es vergonzosa, pues refleja apatía poblacional para designar a sus autoridades públicas más cercanas.
Como fuere, estimo que la tendencia se repetirá en esta justa donde aparecen inscritos 245 mil 77 electores.
Hace un par de años, Óscar de Jesús Almaraz Smer salió triunfante en la contienda con apenas 4 mil 189 votos más que Arturo Soto Alemán (PAN), mientras el tricolor fue tácitamente apabullado como respuesta al anodino ejercicio gubernamental de Egidio Torre Cantú.
En 2016, como ahora, también Óscar midió fuerzas con Xicoténcatl González Uresti (entonces candidato independiente), quien por el mismo descontento ciudadano obtuvo 28 mil 110 votos –21 mil 451 menos que el priista, al alcanzar éste 49 mil 561–, y con otros cinco: Sandra del Carmen Casar a quien mejor se le conoce como ‘Shira’ (PRD), Silvestre Dimas Sánchez (PT), Mónica Dávila Gómez (MC), Yuriria Iturbe Vázquez (Morena) y Alberto Ortiz Sandoval (PES).
Actualmente se disputan la alcaldía de Victoria seis candidatos.
Pero de esa media docena, sólo Óscar ha hecho campaña territorial en forma y a fondo, sin esperar que el día de los comicios una fuerza del más allá lo ilumine, como estoy convencido que le apuestan Xicoténcatl (PAN), Eduardo Abraham Gattas Báez (Morena), Mario Romel Arizpe Martínez (PVEM), Nayma Karina Balquiarena Pérez y Héctor David Ruiz Tamayo (ambos independientes).
Al través de las redes sociales, el automentado médico del pueblo y su séquito, han difundido la versión de que sumando los votos del 2016, emitidos contra el PRI en aquél entonces, basta y sobra para aniquilar al abanderado tricolor, con más de 100 mil sufragios.
Sin embargo, esas cifras alegres no coinciden con la realidad.
Y menos cuando ‘El jinete’ adolece de cultura política para entender que las circunstancias y los tiempos son diferentes. Es decir, que él dejó de ser una novedad y que su chaqueteo partidista está latente y pesaría en su contra mucho el día de los comicios.
Como sea, hay un proyecto para hacerlo ganar. Pero encaminado a cederle la posición a su suplente, Miguel Ángel Manzur Pedraza, quien es arropado por la Coparmex de Victoria –que preside Luis Torre Aliyán, el candidato a la segunda sindicatura municipal en la planilla de Xico (es hijo de Egidio Torre Gómez)–, por ‘disposición’ de su guía ideológico Jorge Pensado Robles, quien, por cierto, es suegro de Luis y uno de los empresarios que más se han beneficiado en los últimos años con concesiones gubernamentales.
En concreto, hay todo un plan encaminado a que Xico gane y luego, obviamente, ‘enfermarlo’.
Él, seguramente, lo sabe.
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