Cuatro meses antes de que oficialmente deje el poder (de facto ya lo ha transferido a AMLO) Enrique Peña Nieto ya puede ser catalogado como el peor de los presidentes de la era moderna mexicana, su sexenio será recordado por las peores notas en los temas torales para una nación en vías de desarrollo: finanzas y seguridad.
Así es mis queridos boes, el priista, tal vez el más joven que haya gobernado a este país, heredará a Andrés Manuel López Obrador, uno de los más viejos que lo gobernará (65 años) una nación sumida en la peor crisis de inseguridad, pero también le va a dejar la deuda más abultada de que se tenga registro.
El reporte de muertos y el de la deuda pública llegaron casi juntos, mientras el país parece en campaña por las discusiones generadas tras los nombres del equipo que acompañará a López Obrador, los temas importantes del sexenio que se pasan a las segundas planas, aunque marcarán a la gestión que inicia el 1 de diciembre.
Y es que si bien los muertos de Enrique Peña Nieto y su sexenio fallido son sólo de él, el primer muerto de diciembre ya irá a la cuenta de AMLO, por lo que es importante la inercia, el clima de violencia que le deje EPN.
En ese sentido en el equipo del tabasqueño debe haber preocupación y ocupación, porque el saldo del priista va a salpicar, al menos el inicio, a la primera administración de la izquierda mexicana.
Porque Peña Nieto y sus desatinos en materia de inseguridad no se anduvo con medias tintas a la hora de fallar, ha roto todos los récords en la materia: más muertos que Vicente Fox, más muertos que Felipe Calderón y eso que todavía faltan los que se le acumulen en agosto, septiembre, octubre y noviembre, meses en los que cobrará todavía como presidente.
Las cifras no mienten, en números cerrados Vicente Fox acumuló en su sexenio 74 mil 586 muertos, mientras que el segundo panista en el poder, Calderón, lo superó al contabilizar 102 mil 859 asesinatos.
El último priista en Los Pinos tiene el nada honroso primer lugar con 107 mil muertos, sólo contando hasta mayo de este 2018; es decir sin sumar los de junio y julio y los cuarto meses restantes de la administración que encabeza.
Con Peña se padeció el año más violento desde que se lleva registro de muertos y el mes más mortífero; es decir es el campeón, socio predilecto de la muerte y beneficiario involuntario de velatorios, florerías y panteones.
Su incapacidad para detener la ola de criminalidad que afecta al país, es solo comparable con la que no tuvo para administrar bien los recursos de todos nosotros.
El sexenio peñista también pasará a la historia por ser el más despilfarrador, porque no se le puede llamar de otra forma a quien gasta más de lo que tiene y se endeuda y empeña el futuro de toda una nación por años.
Otra vez las comparaciones: cuando Ernesto Zedillo dejó el mando, la deuda que heredó a Vicente Fox era de apenas 837 billones de pesos, misma que el primer panista en la presidencia elevó a 2 mil 62 billones.
Luego vino Felipe Calderón y el endeudamiento público creció hasta los 5 mil 362 billones de pesos.
Hoy la cifra estimada de la deuda que ya existe en el aún no terminado sexenio de Peña Nieto rebasa ya los 10 mil billones de pesos y contando.
¿Quieren más pistas los ‘líderes’ tricolores nacionales de porque sufrieron la peor de las derrotas hace un mes?.
El caso es que hoy, López Obrador y su equipo de seguridad y Hacienda; es decir Alfonso Durazo y Carlos Urzúa tienen ya que estar previendo el enorme paquete que les dejará Peña Nieto, porque mientras en lo de inseguridad se encontrarán con ‘la víbora chillando’, en las finanzas tendrán una deuda que significa más del 40 por cierto del Producto Interno Bruto.
En pocas palabras, más ‘mamucas’ la silla presidencial en la que se sentará El Peje estará empapada de sangre y la billetera bien caciqueada.
Insisto en que el tema debe ya tener ocupados y muy preciosos a los hombres de AMLO, porque las principies promesas de campaña del tabasqueño pasan por las consecuencias de las peores notas de AMLO.
Pacificar al país, con la inercia negativa que les dejará EPN tardará meses, años, para ello se requerirá además de estrategia mucho dinero para implementarla, porque quitarle sicarios al narco implica cientos de miles de empleos, becas, créditos y lana podría ser lo menos que haya en el sexenio que viene.
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