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Tardes para olvidar

/ 12 de junio, 2019 / Max Ávila

* El columnista es autor de las novelas: “Erase un periodista” y “Rinconada, la historia prohibida del maestro Ricardo” y Premio Nacional de Periodismo 2016
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Este lunes el recuerdo de la matanza estudiantil del diez de junio del 71 fue diferente. Sea que ya no se dio en el marco de gobiernos represores y autoritarios, como sucedió a través de tantos años.
Y con la ventaja de que los archivos respectivos, serán abiertos y hasta es probable que nuevas investigaciones arrojen responsabilidades por las que algunos tendrán que pagar, según lo expresado por Alejandro Encinas, el brazo operador de esta clase de asuntos en la secretaría de Gobernación.
No olvidéis que en aquella ocasión los estudiantes decidieron regresar a las calles, después de los tristes hechos del 2 de octubre del 68 en Tlatelolco, además para celebrar la reciente liberación de algunos de sus dirigentes.
Sin embargo el presidente Echeverría suponía que querían poner a prueba a su gobierno, por lo que decidió “dar un escarmiento”, utilizando a grupos paramilitares conocidos como “halcones”, bajo el mando directo del siniestro Fernando Gutiérrez Barrios.
En este sentido LEA hizo a un lado al regente Alfonso Martínez Domínguez, quien opinaba dejar que la manifestación fluyera libremente, solo cuidando no hubiera provocaciones que pudieran originar violencia.
En una entrevista realizada por Heberto Castillo y publicada en Proceso el 7 de noviembre del 2002, Martínez Domínguez confiesa que fue Echeverría quien ordenó, tanto la represión de Tlatelolco como la del diez de junio realizada en san Cosme, por el rumbo de la Nacional de Maestros.
Esta última que finalmente produjo la renuncia del Regente.
En tal entrevista Martínez Domínguez señala que la tarde del diez de junio fue convocado a Los Pinos, para participar en una reunión sobre el problema del agua en la capital del país.
Ahí fue testigo de los constantes informes y las órdenes que por teléfono impartía LEA, respecto de la manifestación de san Cosme. Tales como las siguientes:
“¿Heridos?…llévenlos al campo militar número uno”.
“¿Muertos?…quémenlos y que nadie tome fotografías”.
Transcurridos los hechos, Echeverría pidió a Martínez Domínguez organizar un acto masivo de apoyo al gobierno, mismo que se llevó a cabo con éxito el día quince del mencionado mes.
La tarde de ese día, cuenta AMD, “fui llamado a los Pinos. El presidente me recibió con afecto y felicitó. Nos sentamos cerca uno del otro, tan cerca que percibí su aliento en mi rostro.
Me clavó su mirada de serpiente en los ojos y tomándome de la quijada me dijo:
“Alfonso vaya usted a su hogar. Reúna a su esposa y a sus hijos y dígales que va a servir al presidente de la república.
Dígales que ha renunciado al cargo de Jefe del departamento del DF.
Servirá usted así al presidente y al amigo…ya habrá tiempo para implementar su regreso al ejercicio público”.
Lo anterior es apenas un capítulo de la guerra sucia implementada por gobiernos autoritarios y de la que seguramente, sabremos mucho más…eso deseamos.

QUE LO BUENO APENAS INICIA
El escándalo Odebrecht que incluye la compra de una planta “chatarra” de fertilizantes (por la que se pagaron 500 millones de dólares cuando aparecía evaluada al diez por ciento), y donde ya sabéis, aparece como actor principal, por ahora, el ex director de PEMEX Emilio Lozoya, promete más sorpresas.
De acuerdo con declaraciones mediáticas, su defensor Javier Coello Trejo, en unos días dará a conocer un documento donde establece, ¿cómo?, ¿por qué?, y de parte de quién, se realizó dicha operación.
En algunos noticieros de este martes, el abogado insistió en dibujar la figura de Peña Nieto, precisando la costumbre de que en nuestro país “nada se mueve” si no es por orden presidencial.
Algo similar lo había señalado a fines de mayo, sin embargo pareciera que el escrito prometido abundará sobre la intervención de personajes que tuvieron que ver en el presunto ilícito.
En aquella ocasión aseguró: “si buscan la verdad, la van a encontrar”.
Algunos de tales personajes a saber, además de Peña Nieto, son: Luis Videgaray, Ildefonso Guajardo y Pedro Joaquín Coldwell. Ex secretarios respectivamente, de Hacienda, Economía y Energía.
Esta amenaza podría indicar que sus ex jefes dejaron solo al ex director de la paraestatal, lo cual es entendible considerando que tras la promesa de AMLO en cuanto a que “no se perseguirá a nadie”, se esconde la intención en contrario, según las primeras evidencias.
De manera que los mencionados serían obligados a aclarar su relación con el caso y su derivación, seguramente, hacia otros cuyos eslabones podrían integrar interminable cadena de corrupción.
Por lo pronto, Emilio Lozoya está amparado, pero ello no lo absuelve de comparecer ante la justicia y debió haberlo hecho, sin embargo alega que no existen las condiciones ni las garantías legales para hacerlo.
Sea que el miedo a ser detenido no está alejado de sus culpas.
Sin embargo, la interrogante persiste sobre el valor del actual régimen para llegar “hasta las últimas consecuencias”. ¿Se atreverá?.
La respuesta debe ser afirmativa, no solo por qué es deber moral como eje de la Cuarta Transformación, sino porque las condiciones internacionales lo exigen, además de la presión popular que va en el sentido de aplicar castigos severos a los culpables de la crisis que afecta a la república.
Y qué mejor momento para ir sobre los corruptos, cuando menos de los anteriores dos gobiernos, donde sin duda habrá mucha tela de donde cortar.
Apueste entonces a que pronto sabremos de auténtica lluvia de amparos, y de conocidos abogados frotándose las manos por defender a clientes enriquecidos “explicablemente” por medio del saqueo y fabulosos negocios al amparo de la administración pública.
¿Perderá Peña Nieto esa sonrisa de galán seductor al estilo Mauricio Garcés?…¿acallará Rosario Robles sus jactancias salpicadas de impunidad?, ¿explotará la pasiva personalidad de Pedro Joaquín Coldwell?, ¿se arrancará los escasos cabellos Luis Videgaray?, ¿saltarán los espejuelos de Gerardo Ruiz Esparza?.
Ya veremos.
Y hasta la próxima.