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Columnas: INDICADOR POLÍTICO

Al final se impondrá la militarización

/ 09 de julio, 2019 / Carlos Ramírez

 
El modelo original de la Guardia Nacional era el ideal: un cuerpo civil con estructuras militares, pero operativos policiacos para aplicar leyes civiles. La crisis en el trato a los policías federales que tienen años de actividad –con saldos buenos y otros muy malos– está dejando a la Guardia como un cuerpo militar.
La parte más importante de la Guardia en funciones, sin embargo, no radica en su perfil civil o militar, sino en sus limitadas funciones: fuero federal, acotamiento de derechos humanos, no uso de fuego letal, vigilancia de proximidad, inteligencia controlada y experiencia militar utilizable en disciplina y valores y no en capacidad operativa.
Lo que queda por saber se localiza en conocer las intenciones originarias de las autoridades de seguridad: manejar la organización operativa de la Guardia en la conformación de su personal de base con posibilidades de usar a personal policiaco utilizable o llevar las cosas a una crisis de relaciones de derechos laborales para evitar que los policías civiles llegaran a la Guardia.
El problema, de todos modos, se ha complicado porque no se trata de una militarización como la existente en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto: participación operativa y de fuego de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública por la actuación criminal en situaciones de seguridad interior. La respuesta de fuerzas del Estado logró descabezar a los principales cárteles, aunque faltaron las acciones de seguridad para desmantelar las bandas en sus fuerzas operativas, de recursos y de corrupción social y política.
A la Guardia Nacional están llegando policías militares y navales con formación y disciplina castrenses, pero sin experiencia operativa. La labor de estos cuerpos internos es similar a la de los policías civiles: mantener el orden en instalaciones, perseguir militares que hayan cometido delitos o insubordinaciones y sobre todo mantenimiento del respeto a las leyes militares. Los militares operativos están preparados para la guerra contra el enemigo.
Pero existe una diferencia no explicada en todo el proceso de organización de la Guardia: los policías militares y navales no tienen experiencia en trato a delincuentes civiles, no tienen una formación práctica en leyes civiles escurridizas, confusas y estimuladoras del delito y las nuevas leyes de la Guardia han sido más que insistentes en el respeto a los derechos humanos que en combatir a delincuentes. Un policía civil está capacitado para recibir insultos y golpes de ciudadanos y malhechores y usan la fuerza con temor de ser acusados de brutalidad policiaca. Los policías militares y navales sólo cumplen la ley con uso de la fuerza superior a la de los presuntos delincuentes.
En la conformación de la Guardia faltó un modelo de interrelación cívico-militar, si acaso hubo alguna vez intención verdadera de mantener policías civiles en el nuevo cuerpo. Era más rápido que los policías civiles se ajustarán a las nuevas estrictas leyes de funcionamiento de la Guardia con mandos militares, que los militares entendieran la flexibilidad amañada de las leyes civiles que suelen beneficiar al delincuente y están redactadas para ser violadas con impunidad.
Ahora viene la parte más compleja: si en verdad la Guardia será un cuerpo civil con estructuras militares disciplinarias y de valores, entonces debe venir un proceso de contratación de nuevos policías civiles que tendrían que pasar por entrenamientos y capacitaciones estilo castrense para crear una nueva conciencia policiaca. El problema, sin embargo, es que se necesitarían alrededor de ocho a diez años para forjar un nuevo policía civil con ejes militares.
Nadie duda que muchos de los policías civiles estaban ya maleados y no iban a poder pasar los filtros de capacitación militar. Pero la forma en que se inicio el proceso descuidó las relaciones laborales y llevó a la crisis de la semana pasada con la insubordinación de policías, la mayor arte de ellos sin entender lo que estaba en juego. La falta de una estrategia gubernamental escaló la confrontación entre policías y autoridades de seguridad y llevó la crisis a la orilla de decisiones represivas que terminarían por liquidar el nuevo modelo de seguridad pública. La tentación de usar militares para desalojar a los rebeles de instalaciones policiacas hubiera llevado a una represión brutal con altos costos de imagen pública.
Al final, el principal problema radica en la conformación de personal policiaco civil dentro de la Guardia, a partir del hecho de que como cuerpo sólo militar no funcionaría para los planes de combate a la inseguridad. Una Guardia sin personal policiaco civil sería en los hechos un brazo de las fuerzas armadas que, en realidad, éstas no necesitan.
Lo que quedó en el ambiente de seguridad es la pista de que la Guardia pudo haber fallado su concepción original, que el Estado federal sigue necesitando de una policía federal civil –con entrenamiento y valores militares– y que las fuerzas armadas de combate deben seguir apoyando operativos de lucha a los cárteles del crimen organizado.
 
Política para dummies: La política es lograr los objetivos reales, no las ilusiones justificatorias.
 

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