27 enero, 2026

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Violencia cambió la vida de los niños

Los más jóvenes han visto trastocado su desarrollo emocional y hasta físico; un estudio de la CNDH recoge los testimonios de infantes que tuvieron que enfrentar el lado más oscuro de la delincuencia

El contexto de riesgo y violencia que marcó durante varios años a varias ciudades del estado, ha trastocado la vida de niños, niñas y adolescentes en el estado.

Según el estudio “Niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen organizado en México”, realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Universidad Nacional Autónoma de México y Coordinación de Humanidades, esta situación se refleja en otras entidades en el país en mayor o menor medida.

Y es que México figura entre los países más violentos del mundo por la violencia generalizada causada por diversos actores armados y prácticas como extorsión, reclutamiento forzoso y la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes.

Save the Children, “Construyendo una vida mejor con la niñez”, en un estudio, establece que la tasa de 4.9 homicidios por cada 100,000 habitantes de entre 0 y 19 años sitúa a México como un país donde la posibilidad de que un niño, niña o adolescente sea asesinado es mu- cho mayor que en países con conflicto armado tales como Palestina o Siria.

En el caso de Tamaulipas y muy especialmente en ciudades de la frontera, el fenómeno migrante, potencia la vulnerabilidad que los infantes viven, pues muchos de ellos, llegan sin permisos legales de estancia y peor aún, viajan sin acompañamiento de un adulto.

Desde que salen de sus países de origen, están a merced de bandas delictivas, pero también de autoridades sin escrúpulos, que aprovechan esa vulnerabilidad para co- meter abusos y atrocidades.

En Tamaulipas, la masacre de San Fernando en 2010, destapó el nivel de violencia que desde años antes, ya se conocía pero que se hablaba a puertas cerradas, cambiando la vida de todos, especialmente de niños, niñas y adolescentes.

Así lo relata Luisa, una joven que vivió en Reynosa su niñez y adolescencia y que ofrece una aproximación a la crisis humanitaria que se vive en esta ciudad de Tamaulipas.

La joven nacida en 1992, recuerda que su infancia, aunque transcurrió en una colonia con carencia de servicios básicos, vivió feliz, rodeada de su familia, relató en entrevista para el trabajo realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Hu- manos, la Uni- versidad Nacional Autónoma de México y Coordinación de Humanidades.

Como todos los niños rebeldes, señala que eso le costó por parte de su padre, quien imponía las reglas de su casa, algunos ““cinturonazos” y “chanclazos”, lo que influyó en el carácter que ahora tengo”.

Esa sería la única violencia esporádica (cuando se portaba mal) que conoció en esa etapa de su vida, regularmente recibía amor y comprensión de sus padres y hermanos, recordando algunos episodios de bullying en la secundaria, que sorteó con fortaleza.

En los primeros años del 2000, recuerda la evolución de las situaciones de peligro, pues en su secundaria había presencia de personas externas a la comunidad escolar y de pandillas.

“En este tiempo presenció una evolución en “[…] las maldades que hacían, que primero eran rayar pa- redes con aerosoles, y más tarde se fueron convirtiendo en “halcones” que van avisando la llegada de policía o federales”.

Pero es en 2009, cuando explota la violencia en esa ciudad fronteriza, bloqueos, balaceras, enfrentamientos, vehículos quemados, la psicosis y el miedo, comenzaron a ser parte del día a día.

En México, al menos 6 de ca- da 10 mujeres mexicanas ha enfrentado un incidente de violencia, el 41.3 por ciento de las mujeres ha sido víctima de violencia sexual y, en su forma más extrema, nueve mujeres son asesinadas al día, los feminicidios entre 0 y 17 años aumentaron en un 60 por ciento en los últimos cuatro años.

El país presenta la mayor tasa de asaltos, el segundo lugar en la tasa de homicidios y el último lugar del índice para una vida mejor dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Dos de los episodios que Luisa recuerda más fuertes de su época universitaria viviendo en Reynosa, ante la normalización de los enfrentamientos y bloqueos, una de sus mejores amigas, que vivía en una ranchería camino a Miguel Alemán, dejó de ir a la escuela, des- pués se enteró que se habían lleva- do a toda la familia por cuestiones de su papá, nadie regresó, excepto una de las hermanas que tenía un bebé.

En el 2012, uno de sus primos que trabajaba como paramédico, fue “levantado” por delincuentes y su coche incendiado con él dentro, el evento cimbró a toda la familia, llenándolos de coraje, dolor, miedo, todo al mismo tiempo.

Un cálculo acerca del costo de la violencia en México arrojó un valor de 2.12 billones de pesos en 2015, el equivalente a 13 por ciento del PIB.

Tamaulipas es el estado con más puentes internacionales del país, la presencia de cárteles en este estado se remonta a varias décadas atrás, condiciones que la han convertido históricamente en una región no sólo de migración, sino de tráfico de drogas, combustible, personas y armas.


Entre los años 2000 y 2012, la tasa de muerte por homicidio en personas menores de 0 a 17 años en el estado aumentó un 600 por ciento; del 2009 a 2014, salieron del estado, 150 mil personas, el 27.3 por ciento lo hizo como con- secuencia del alto índice de criminalidad.
La historia de Luisa, quien ya como adulta, tuvo la oportunidad de emigrar de Reynosa, convertir- se en paramédico y vivir una vida lejos de las situaciones de riesgo y violencia que vivió, expone el estudio “Niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen organizado en México”, también pone de manifiesto la carencia de activación de medidas de protección de las autoridades en entornos, que debieran ser seguros.

En otros casos e historias, es diferente, pues forman parte de familias en que la violencia, el uso de drogas e incluso la prostitución de alguno de sus miembros, se “nor- maliza”.

“Aparentemente, la resiliencia frente a la violencia cotidiana de ni- ñas, niños y adolescentes se asume como un problema privado con el que cada persona y su familia, de- ben lidiar”.

El homicidio, el secuestro, la ex- torsión y el robo con violencia crecieron al grado de colocar al territorio de Tamaulipas como el área geográfica de mayor riesgo en el país en 2015-2016, de acuerdo con un estudio del DIF Tamaulipas.

Los homicidios por presunta rivalidad delincuencial en Tamaulipas representan la gran mayoría de las muertes por homicidio, pues entre diciembre de 2006 y diciembre de 2010 se atribuyeron el 85 por ciento de estos delitos al crimen organizado y Tamaulipas se posicionó en el segundo lugar con la mayor proporción de violencia.

Así nace el Modelo de Intervención en Asistencia Social “Nuestros Niños, Nuestro Futuro”, que hoy atiende a 3 mil 234 beneficiario en edades desde los 10 meses a los 23 años que han quedado huérfanos a causa de delitos de alto impacto en 37 de los 43 municipios de Tamau- lipas.

Entre los apoyos que se les brin- dan, se encuentran el pago de inscripciones, compra de uniformes y útiles escolares, reincorporación a la escuela, pago de lentes, atención psicológica, servicio de salud, asesoría jurídica, manutención, entre otros.

Por PERLA RESÉNDEZ

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