18 enero, 2026

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La era del conocimiento

¿El conocimiento en México se genera, se consume, se exporta o se patenta? Lo que es un hecho es que es uno de los países que menos recursos destina a la investigación científica

MÉXICO.- Los conocimientos hoy en día no sólo se generan y se consumen: se aplican, se patentan, se exportan, se importan y ocurre que, el 10% de la población mundial genera y controla el 90% del conocimiento que disponemos, Juan Ramón de la Fuente.

Haciendo un análisis de las palabras vertidas por el Ex Rector de la Universidad Autónoma de México, nos preguntamos si en nuestro país el conocimiento se ¿genera, consume, exporta, se patenta?

Según los datos más recientes emitidos por la UNESCO, en México se destina el 0.4 % del Gasto en Investigación Científica y Desarrollo Experimental (GIDE) respecto al Producto Interno Bruto del país, comparado con el 4.81 destinado por Corea y el 3.37 de Suiza.

En México ¿el conocimiento realmente se exporta?… a este respecto el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) estima que de 1990 al 2015 más de 1.2 millones de profesionistas emigraron a otros países en busca de mejores oportunidades de empleo. Por su parte la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, destaca que en 2019, sólo el 5% de las patentes, fueron otorgadas a mexicanos y el 95% para extranjeros.

Si educar es formar seres humanos libres, sensibles, autónomos, críticos y creativos, comprometidos con la comunidad a la que pertenecen. Si es cierto que la educación es el principal ingrediente del capital social y tiene un creciente valor en el mercado, si la calidad y los conocimientos sólidamente adquiridos, son una herramienta indispensable para el desarrollo. ¿Qué estamos haciendo en México para impulsarla?

¿Cómo se produce, cómo se fomenta el conocimiento al servicio del hombre, en un país que de acuerdo a datos aportados por la OECD, el 80% de la población de entre 25 y 64 años de edad, NO cuentan con estudios Universitarios?

¿Cómo ingresar al mercado laboral de este mundo globalizado, donde la competitividad no sólo gravita en torno a la inversión de capital, sino a la mano de obra creativa y productiva, que otorga una educación de calidad?

La Dra. Aurora Contreras Garza, con formación en Psiquiatría, y subespecialidades en Paidopsiquiatría y Psiquiatría Legal y Forense, subraya el ejemplo de Noruega como el país más desarrollado del planeta, que en las últimas décadas ha invertido importantes recursos en la formación y transformación del sistema educativo.

El nuevo Índice de Desarrollo Humano (IDH), presentado en 2017 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ubicó a este país nórdico en el primer lugar, con un puntaje de 0.949 por arriba de Australia (0.939), Suiza (0.939), Alemania (0.926) y Dinamarca (0.925).

Este estudio mide el desarrollo como parte de una combinación de la capacidad económica PIB (Producto Interno Bruto), con otros indicadores: salud de la población (esperanza de vida) y educación (años de estudio esperados). ¿Pero que sucede con los estándares de percepción de bienestar?

La Organización Nacional de las Unidas sumó al ranking de felicidad, dos indicadores objetivos (PIB per cápita y esperanza de vida), más cuatro subjetivos: 1. Apoyo social recibido; 2. Libertad para elegir sobre la propia vida; 3. Percepciones de corrupción y 4. Generosidad que hay en la sociedad.

En el reporte 2017, la ONU encontró que Noruega encabeza la lista del mundo, por arriba de Dinamarca, Islandia, Suiza, Finlandia como el país más feliz, asociado a cómo las personas ven el contexto social en el que viven, cómo se preocupan unos por otros, y cómo se conectan entre sí. Esta satisfacción colectiva, explica la Dra. Contreras se ha venido reflejando a través de los años gracias, no sólo al desarrollo económico y el bienestar físico de sus habitantes, sino al reconocimiento social que cada uno de ellos mantiene dentro del tejido social.

“Es ahí donde el Gobierno de Noruega ha diseñado estrategias, para construir un modelo de educación, diseñado no sólo para producir profesionistas de nivel ingeniería o licenciatura, sino dignificando las carreras técnicas en todas y cada una de las áreas; a estos últimos el Gobierno les concede incentivos económicos y sociales” puntualiza la especialista.

En el apartado Competencia correcta y suficiente del Plan a largo plazo para la investigación y la educación superior 2015-2024, el Gobierno de Noruega destaca:
“Se necesita un vínculo estrecho entre las instituciones educativas, los institutos de investigación, la comunidad empresarial y el sector público”. El gobierno ha establecido tres objetivos generales para el plan a largo plazo de investigación y educación superior: 1. Fortalecimiento de la competitividad y la capacidad de innovación; 2. Resolver los principales desafíos sociales; 3. Desarrollar entornos profesionales de excelente calidad.

Para el Dr. Juan Ramón de la Fuentes Ramírez, ex Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México existen cuatro tipos de Universidades: las que transmiten conocimientos, las que enseñan al alumno a buscar información, las que forjan “individuos generadores conocimiento” y las universidades que inspiran en sus egresados un verdadero “compromiso social” convirtiéndolos en “agentes de cambio”.

A este respecto Miguel de Unamuno, señaló acerca del conocimiento: “no es posible vencer sin convencer… y el convencimiento más profundo, solo puede provenir del proceso formativo que tiene lugar y se recibe en una escuela, en una facultad, en un laboratorio científico, en un claustro académico”.

Ante ambas afirmaciones, habría que preguntarnos ¿A quién hay que convencer en México, para que este tipo de proyectos educativos, cristalice?

Por Judás Mirafuentes

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