El Consejo Nacional de Morena, el partido que gobierna desde la Presidencia de la República, la mayoría de la cámara de diputados y senadores, y que ha ganado las gubernaturas de 23 estados, ha decidido seleccionar su candidato a Presidente mediante la realización de una encuesta.
El método elegido por los dirigentes de ese partido deja fuera las formas tradicionales de selección, como son las convenciones de delegados o las asambleas nacionales, las consultas directas a las bases o las encuestas exclusivas para miembros del partido en cuestión.
En este caso morena le va a preguntar directamente a los ciudadanos del país quien debe ser el candidato a Presidente y este hecho descoloca por completo a sus adversarios, sus críticos y también a algunos informadores y analistas políticos.
Ante la complejidad de desmenuzar la efectividad de la encuesta a la población abierta y las razones por las que elegirán de esa forma a su candidato, la mayoría prefiere pensar que es una simulación y que será el Presidente López Obrador quien elija al candidato mediante el conocido y tradicional dedazo.
Sin embargo, para que esta hipótesis fuera posible se requeriría que Claudia, Marcelo, Ricardo, y Adán estuvieran de acuerdo en protagonizar ese engaño nacional lo cuál se ve verdaderamente difícil, porque según las reglas aprobadas y firmadas por todos, cada uno de ellos nombrará a un representante suyo ante un Comité de Encuestas y propondrá 2 casas encuestadoras de su conocimiento y confianza.
Ese órgano interno colegiado establecerá la metodología, las preguntas y todos los detalles de la operación y vigilará su cumplimiento, desde la aplicación de los cuestionarios, hasta el procesamiento de las respuestas y la obtención del resultado final, que se dará a conocer públicamente.
Visto así como está planteado, no parece haber la forma o el momento en que se hará valer la voluntad de uno solo por encima de la de todos. No se vislumbra como ni cuando, en ese proceso tan vigilado por sus actores, la voluntad digital de uno sólo sustituirá al deseo legítimo de los aspirantes de ganar un sitio en la historia de México por sus propios méritos.
Si esa decisión se tomara de la manera prevista por ese nuevo partido, sería la segunda vez que tendrían un candidato seleccionado mediante un método acordado por su dirigencia, la primera vez fue cuando una Asamblea Nacional eligió candidato a Andrés Manuel López Obrador. Si así fuera habríamos llegado al fin de la era del dedazo.
Razón de ser
Esta columna se llama Trópico de Cancer porque mi lugar de origen, Ciudad Victoria, Tamaulipas, esta 40 kilómetros al norte de esta línea imaginaria que une al norte y al sur de México. Desde esta torre de vigilancia, como diría Bob Dylan, los mexicanos del noreste vemos y vivimos el acontecer nacional, el de America y el del mundo también.
Fui criado en la Ciudad de México, estudié la prepa en Matamoros y la Licenciatura en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Victoria. Por razones familiares, de sangre y de suelo, soy de Victoria, la ciudad que se despliega desde la ladera de la Sierra Madre hacia el norte y por la ribera del San Marcos hacia el oriente, ubicada en la confluencia del bosque tropical, el semidesierto y la gran llanura del norte, en el Trópico de Cáncer, en el extremo noreste de México.
He trabajado en el servicio público en gobiernos municipales, estatales y federal durante 47 años. Me gustan la familia, los amigos, la música, los libros, las películas, la buena cocina, el fútbol y la política.
De eso y otros temas me gusta hablar y escribir, con la visión de los que vivimos en el noreste del país, para ir más allá de los análisis apocalípticos de intelectuales y profetas que siguen creyendo que saliendo de la Ciudad de México todo es Cuautitlán o cuálquier pueblo “horrible” como dijo un ex Canciller.
Por último lo más importante, le agradezco profundamente a Pedro Alfonso este espacio que generosamente me brinda.




