“Siempre que te pregunto
Que cuándo, cómo y dónde
Tú siempre me respondes
Quizás, quizás, quizás”
-Osvaldo Farrés, 1947-
Las encuestas están de moda, todos hablan de ellas porque los partidos más importantes, Morena, PT y PVEM y por otra parte el PAN-PRI y PRD, las han asumido como el medio más seguro para saber lo que piensan los ciudadanos sobre ellos y, sobre todo, que piensan de los aspirantes a Coordinadores de Comités o Frentes de trabajo partidista, que llegado el momento, se convertiran en precandidatos y candidatos a Presidente de la República. Coinciden todos esos partidos en que hacer encuestas es una forma segura de saber lo que quieren los electores.
Hay quienes dice erróneamente que las encuestas y sus resultados están hechos a modo del que las paga, pero no es así, particularmente en el mundo empresarial y tampoco en el caso de la política. Es un tema difícil de explicar y de entender y está claro que no es divertido, sin embargo vale la pena intentarlo.
Hay que empezar por el principio ¿Que son las encuestas? La respuesta sencilla es, sin tecnicismos ni lenguaje rebuscado, las encuestas son instrumentos de medición de la opinión de la gente sobre algún tema específico. Se utilizan desde hace mucho tiempo para realizar estudios de mercado y ayudar a los inversionistas a tomar decisiones. Por ejemplo, si una empresa va a dedicar millones de pesos o de dólares en fabricar un producto, la encuesta sirve para saber, antes de arriesgar ese capital, si los consumidores estarían interesados en comprarlo. Si la respuesta es positiva los dueños del dinero fabrican el objeto y los consumidores lo compran, y todos contentos. Lo mismo funciona para los que quieren abrir una tienda, un restaurante, o cualquier otro negocio.
Las empresas que hacen encuestas, las encuestadoras, son especializadas y trabajan en ellas matemáticos, actuarios, sociólogos, antropólogos, economistas, politólogos, etc., todos ellos comprometidos en crear los mejores instrumentos para conocer las preferencias, la intención de las personas encuestadas, sus gustos, sus opiniones.
Para que una encuesta sea confiable se requiere que sea representativa, es decir que la muestra que se diseñe refleje de la mejor manera posible el universo que se estudia. Por ejemplo, en el caso del tema político: si se quiere saber qué piensan los 95.5 millones de ciudadanos mayores de 18 años que aparecen en la lista nominal de electores, se diseñará una encuesta de 2 mil cuestionarios, reproduciendo en ella las características de la lista nominal, por ejemplo, si está integrada por 52% de mujeres y 48% hombres, así se deben aplicar las encuestas. Si 75% habita en ciudades y 25% en el campo, en esa proporción se deben hacer las encuestas en territorio, etc. Un diseño con esas características dará representatividad a esa muestra.
El cuestionario contendrá preguntas específicas para obtener la información requerida sobre temas específicos. En el caso de la política, para saber qué tanto conocen los electores a un candidato, que opinión tienen de él o ella, que opinan del partido que lo propone y si votarían por el. Los resultados de los 2 mil cuestionarios de este ejemplo, serían procesados por ese personal profesionalmente capacitado de la encuestadora, para saber qué opinan los ciudadanos sobre cada partido político, a favor o en contra, por cuál de ellos sí votarían y por cuál no, cuál es el candidato o candidata más conocido, el que cuenta con la mayor opinión favorable de los ciudadanos y por el que votaría la mayoría.
Un factor que genera confianza es el prestigio de la encuestadora y su cartera de clientes. Esto quiere decir que la encuestadora realice trabajo constante para empresas importantes mediante estudios de mercado, encuestas de opinión, grupos de enfoque, etc, porque su credibilidad le garantiza trabajo. Las empresas invierten sus recursos con base en los resultados de los estudios de mercado. El número de veces que aciertan los estudios que realizan las encuestadoras les da confianza a los inversionistas y le garantiza más trabajo a las encuestadoras. En otras palabras es importante que las encuestadoras tengan mucho que perder si mienten o fallan en sus análisis.
Por último, hay que recordar que una encuesta no es una elección. En el caso de la política mentir o desviar el resultado de una encuesta para favorecer a un candidato, tendrá el costo de que no reciba el voto de los ciudadanos el día de la elección, porque en la democracia, la última palabra la tienen los ciudadanos con su voto en las urnas.
POR JESÚS COLLADO MARTÍNEZ




