27 mayo, 2026

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Aquí es Tokio en la plaza del 15

CRÓNICAS DE LA CALLE/ RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA
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En el entorno ocurre una Interminable periferia. La ciudad se desplaza de un vistazo atrás de las cortinas, de la fotografía y de las líneas, después de lo cual más allá es silencio.

Cada esquina es una encrucijada. Desde el principio se intenta establecer conexiones con los objetos que se han puesto frente a los ojos.

Un gran bulevar corre a un costado del río y es más fuerte el recuerdo caudaloso que el presente. Son días ordinarios aquí y en Tokio.

Los jóvenes se toman fotos selfies en grupos en la plaza del 15. Todo acontecimiento esta circunscrito y sin embargo la galería de imágenes cambia por el aire lloviznando.

Formados en columna el desfile de coches se detiene frente a un semáforo. En noviembre en Japón las hojas de los arces adquieren su color dominante por la avenida que llaman “libre 17”.

Por el sendero avanza el tiempo de adelante. Las personas son sustituidas por otras personas que llevan menos prisa.

Es tiempo de quedarse para siempre, pero la historia es larga, la retahíla cruza por las cebras. Un hombre sacude la cabeza mascando chicle.

Aquí me pienso y hay un hueco, un descarte de memoria, un as de comienzo. Aquí comienzo también la fábula, el viaje tornasol de la imaginación y acepto que a veces ir viendo es no ir viendo este noviembre.

Las casas repasan la cultura, ahí vive la ciudad atrás de las colinas y de las montañas, éstas son sus letras en la bocina de una pluma.

Los ciudadanos escriben un argumento sobre la libreta que guardan en el bolsillo, desconectan las hipérboles y se colocan los audífonos indescifrables y enigmáticos.

La siguiente cuadra es también un escrito de circunstancias. En la calle diversas citas se han fijado y alguien espera viendo la vidriera de una mueblería. Miles de historias más desarticulan la naturaleza de cómo debería ser el mundo.

Una investigación al interior descubriría las viejas canciones, la patita de conejo mientras dormíamos. La golondrina que creímos ver sigue ahí en el árbol.

Alguien como Borges leerá lo que ahora escribo y no sabrá que me dirijo a él. A lo largo de esta avenida que suele ser la vida, uno se enamora.

Mientras se desliza la belleza en bicicleta, como cayó el verano- como caen las hojas del otoñocaen palabras. En esta esquina se junta La Habana con Berlín, pero es Tokio y es aquí.

Yo no soy tampoco ningún desertor alemán. Soy de aquí y estoy en esta banca de la plaza del 15 Hidalgo.

A las tres de la tarde alguien tiene que entrar y así sucede puntualmente. Hay un sitio donde una persona se sienta.

Una persona llama por su nombre a otra y esa otra responde. Los diálogos cotidianos como una orquesta son siempre así.

Del deslumbramiento del día anterior queda cierto resplandor leyendo la hora. Aquí no termina esta historia, no hemos firmado todavía.

En efecto quedan obras por representar, autores y protagonistas que aún no arriban. Tras bambalinas se mueve inquieto el tramoyista.

Se escucha la voz de un joven hasta entonces no visto por nadie, pregunta por una calle. Una muchacha lo escucha según la norma del comportamiento de un teclado en el piano y canta de rama en rama. En pocas palabras le responde que ignora si tal calle está antes o pasando el puente.

La metamorfosis llega luego de la hora de la comida. A la hora de salida las calles son un tumulto de variables y son frecuentadas por famosos poetas. ¿Le gusta a usted todo esto ?, pregunta la joven al joven fuereño que buscaba esta ciudad.

“Toca a vosotros ver con sus ojos este jardín” , responde el joven en perfecto español.

HASTA PRONTO

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