Los bolsillos son lugares comunes, el contenido de ellos también lo es. Unas, manos en otras son un lugar común, un saludo, un abrazo deseado hace mucho tiempo, extrañar es bastante común.
A los lugares comunes todos van o quieren ir ¿y por qué no? Las abejas van a la flor, luego al panal; el maíz va al surco luego al comal. Los borregos van en fila y son contados de uno por uno antes de quedarnos dormidos.
Es un lugar comunes comenzar un relato con el clásico «había una vez» o «érase que se era» . Así como también concluir con un «colorín colorado este cuento se ha acabado» .
Un lugar común de los musulmanes es la mezquita tal como lo es para los católicos el Vaticano. En México es la basílica tal como para los Testigos de Jehová es un lugar común el Salón del Reino.
El lugar común de los enamorados es un sitio oscuro en la vieja plaza del pueblo aun cuando para los más apasionados es un sencillo motel a las afueras de la ciudad, lejos del muno mundial. En cada ciudad habrá una calle quizás, un rincón de la cuadra, un árbol reconocido por ser frecuentado por quienes se agarran a besos y abrazos a cada rato.
Los edificios públicos son un lugar común tal como las escuelas son obligatorias para los chavales. Un lugar común también lo es el mingitorio. Los bebederos son un lugar común a la hora de un recreo, igualmente los chiquillos que se agarran a correr es un lugar común como ponerle Jorge al niño.
Cuentan los ancestros que allí- ese espacio – fue un lugar donde se podía entrar y salir sin darse cuenta, como una puerta. No es un refugio donde podrías cubrirte de la lluvia, o donde el aire entrara por una ventana y saliera por otra, no obstante era un lugar a donde por cierta razón todos acudían.
En este sitio había una fuente muy parecida a la del grillito cantor, según yo y me parece ver que ahí va la hormiga con su paraguas y recogiéndose las enaguas, pues el chorrito la salpicó y sus chapitas las despintó. Por años Cri- Cri, fue el común denominador de los niños.
Se dice que un sitio se volvió un lugar común y por tanto avasallado por los monstruos del olvido. Un lugar así es un día cualquiera, un desconocido por una calle céntrica donde acaban de pasar cien como él. Sin embargo al verle se nota la estela de cosas, al escucharle se destaca el eco de las carcajadas.
Por ahí exactamente un indio aborigen- un chichimeca, como se les dice a todos los indios del norte cuya tribu no ha sido nombrada, pues según fueron nómadas- pasó por ese lugar común sin dejar rastro, para que quien lo perseguía no le oliera.
Durante el verano y en vacaciones las playas son lugares comunes, las papelerías son comunes unos días antes de la entrada a clases. En invierno habrá quien busque lugares para esquiar y en navidad son comunes las luces que encienden y apagan y el pino y los villancicos.
Por cientos de años estuvo desolado lo que hoy es común ver. El terreno sobrevivió a un incendio, le cayó un rayo digamos, quizás le llovió, le hizo un poco de frío y le nació un huizache. Las aves rapaces lo eligieron para construir su nido, luego se fueron, le nació un árbol donde las aves volvieron para volar en círculos. Fue un lugar común para las aves.
El irse para siempre es un lugar común, no así quedarse, eso nunca sucede. Los lugares comunes o se hacen más comunes con el tiempo o por el peso de la modernidad y la decadencia desaparecen. Antes, llevar abrazada a la novia, mientras ella abrazaba la cintura del novio en una caminara por el centro de la ciudad era común. Hoy, no todos, pero llegan al colmo de ir chateando entre ellos en el celular. Es común ver a personas que aparentemente hablan solas por la calle, pero es el móvil a manos libres o quizás sí hablen solas, nadie lo sabe.
HASTA PRONTO
POR RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA