CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- El último día del año no solo se despide con fuegos artificiales y brindis. En el Mercado Argüelles, el cierre de diciembre se vive entre aromas de hierbas, veladoras encendidas y creencias que pasan de generación en generación.
Ahí, en sus hierberías y locales esotéricos, se concentran los rituales de Año Nuevo que buscan atraer amor, salud, dinero y protección para el 2026.
Desde temprana hora, los pasillos se llenan de personas que cargan sahumerios, sprays benditos, velas de colores y amuletos. No se trata de superstición aislada, sino de una tradición urbana profundamente arraigada en la cultura popular tamaulipeca, donde la fe se mezcla con la esperanza de empezar limpio el nuevo ciclo.
Entre los rituales más solicitados se encuentra la limpieza energética del hogar. Ruda, albahaca y romero encabezan la lista de hierbas más vendidas, utilizadas para sahumar casas y negocios.
También es común colocar un vaso con agua en la entrada del domicilio, con la creencia de que absorberá las malas vibras acumuladas durante el año. Al finalizar el día, el agua se desecha fuera de casa como símbolo de cierre.
Los amuletos no faltan. El Cuerno de la Abundancia vuelve a colocarse en salas y comedores, relleno de semillas, granos y monedas. La tradición indica que debe abrirse antes de la medianoche y compartirse su contenido, mientras se pronuncian palabras de prosperidad para el hogar.
Para muchos comerciantes, este ritual representa un deseo colectivo de estabilidad económica.
Otro de los objetos más buscados son los borreguitos de la suerte, adornados con cascabeles, semillas y monedas. La creencia marca que deben colocarse en la entrada principal y que su efecto se potencia si llegan como obsequio.
En el mercado, no son pocos los clientes que compran uno extra “para regalar y que no se rompa la cadena de la abundancia”. Las velas de colores dominan los mostradores. Blancas para la paz, verdes para la salud, rojas para el amor y amarillas para el dinero.
A ellas se suman los sahumerios dedicados a distintas devociones, desde la Divina Providencia hasta figuras populares como Pancho Villa o la Santa Muerte, reflejo de la diversidad de creencias que conviven en el mercado.
Al filo de la medianoche, los rituales se trasladan al hogar. Las doce uvas, los deseos escritos y quemados, las maletas que recorren la cuadra para atraer viajes y nuevas oportunidades. Nada se deja al azar cuando se trata de iniciar el año con el pie derecho.
El color de la ropa interior también forma parte del ritual urbano. Rojo para el amor, amarillo para el dinero y verde para la renovación. Carmen M., encargada de la hierbería “La Monalisa”, lo resume así: “El rojo siempre es el más vendido, pero ya hay quien combina colores. La gente quiere cubrir todo: amor, salud y dinero”.
El primer abrazo del año, el brindis y el agradecimiento completan el ciclo. En el Mercado Argüelles, más que productos, se venden símbolos de esperanza. Cada bolsa, cada vela y cada amuleto cargan el deseo colectivo de que el 2025 llegue con mejores días.
Entre tradición, fe y barrio, el Mercado Argüelles se mantiene como el epicentro donde la magia urbana encuentra su lugar para despedir un año y recibir otro con luz.
Por Raúl López García
Expreso – La Razón




