CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- La Navidad y el Día de Reyes sí llegaron para Selene. No fue a través de luces, grandes árboles o regalos costosos, sino gracias a la solidaridad de padrinos y personas de buen corazón que decidieron no mirar hacia otro lado y tender la mano a una niña que pidió salud antes que juguetes.
Tras la difusión de su historia y de la carta que escribió a Santa Claus —una carta que conmovió por su sencillez y honestidad—, la respuesta no tardó en llegar. Fueron tres donaciones directas que marcaron una gran diferencia: medicamentos indispensables para su tratamiento, una tablet que le ayudará en la escuela y en sus terapias, y unos patines que provocaron una de las sonrisas más grandes que Selene ha tenido en mucho tiempo.
“Gracias a Dios estuvimos bien de salud. Sí hubo gente que se nos acercó, hubo donaciones y también apoyo económico”, comparte su mamá, Heidi Gómez García, con la voz entrecortada por la emoción. Aunque unos zapatitos no llegaron, eso pasó a segundo plano. “No importa, ella estuvo muy contenta”, dice, dejando claro que lo más valioso fue sentirse acompañadas.
Selene, de 11 años, vive con enfermedades genéticas y degenerativas que no tienen cura, pero sí un tratamiento constante y costoso. Aun así, nunca pidió lujos. En su carta habló de sus medicinas, de la escuela, de sus consultas y de su rehabilitación. Y fue precisamente esa forma de ver la vida la que tocó corazones.
“Le doy las gracias a cada una de esas personas que nos apoyaron y también a usted. Que Dios los bendiga y les multiplique lo que dieron para mi pequeña”, expresa Heidi, agradecida no solo por lo material, sino por la empatía y el cariño recibidos.
Hoy, Selene confirma que los milagros existen cuando hay solidaridad. Que a veces no se necesita un trineo ni renos para que la Navidad y los Reyes lleguen, sino personas dispuestas a compartir un poco de lo que tienen. Porque cuando la ayuda nace del corazón, también sana, acompaña y da esperanza.
Por. Raúl López García




