IRÁN.- Esta semana, en Irán, mujeres murieron por protestar, no por portar armas ni por llamar a la violencia, sino por quitarse el velo, por caminar sin él, por desafiar una norma que el Estado impone desde hace más de cuatro décadas, la represión volvió a escalar y fue letal.
No es un episodio aislado ni un exceso momentáneo, es la continuidad de un ciclo de violencia que se reactivó tras la muerte de Mahsa Amini y que hoy se expresa con operativos más agresivos, detenciones masivas y uso de fuerza real contra civiles.
Las mujeres iraníes se unen a las protestas de su país a través de un trend en el que aparecen sin velo, fumando y quemando una foto de Jamenei.
LIBERTAD ✊🏻💯 pic.twitter.com/hiOWZoH3Y2
— Ines del alma mía (@InesBetancur1) January 11, 2026
Quitar el velo dejó de ser un gesto simbólico, hoy es un acto político que puede terminar en prisión o en muerte, las imágenes de mujeres perseguidas o abatidas no hablan de religión, hablan de control, de un Estado que responde con balas a la exigencia de decidir sobre el propio cuerpo.
Lo que ocurre no es solo una protesta que se disipa, es una advertencia sobre el poder cuando se siente desafiado, cuando la libertad femenina resulta intolerable, la violencia deja de ser excepción y se convierte en política pública.
Ojos sobre Irán, las mujeres están más cerca que nunca de tumbar la revolución islámica
Lo lograrán? 🐶 pic.twitter.com/23QZ8Dk81x
— Memes Universidad Nacional (@nacional_memes) January 11, 2026
En ese contexto, el silencio internacional también pesa, las condenas tibias y los llamados sin consecuencias normalizan la brutalidad, mujer, vida, libertad, no es una consigna, es una urgencia.
Por. Staff




