Por Arturo Rosas H. | El Muro S.A.
La seguridad en Tamaulipas avanza entre resultados operativos, retos estructurales y una percepción ciudadana exigente, que obliga a medir hechos concretos frente al miedo cotidiano.
El reciente desmantelamiento de 370 cámaras clandestinas exhibe cómo el crimen buscó vigilar territorios, pero también confirma una reacción institucional directa y sostenida, constante comprobable.
Retirar vigilancia ilegal no es menor: rompe ventajas tácticas criminales, limpia el espacio público y envía un mensaje de control estatal efectivo visible continuo verificable.
Paralelamente, el anuncio de incrementar veinte por ciento la Guardia Estatal apunta a músculo operativo, presupuesto creciente y mayor capacidad de presencia territorial sostenida real.
El reclutamiento fuera del estado revela interés laboral, pero muestra carencias históricas: ser policía aún compite contra riesgo, estigma y expectativas salariales bajas persistentes estructurales.
Más elementos ayudan, pero no bastan; profesionalización, investigación y fiscalías eficaces son claves para romper ciclos de impunidad que erosionan confianza social ciudadana constante profunda.
Aquí aparece la encuesta de la empresa Emotegia: crimen organizado, extorsión y robo siguen siendo miedos centrales, condicionando evaluación ciudadana más allá de discursos oficiales triunfalistas recurrentes.
El dato incómodo es claro: policías estatales cargan menor confianza que fuerzas federales, señal de desempeño desigual y comunicación institucional insuficiente persistente cotidiana crítica pública.
En Tamaulipas, la percepción baja exige paciencia y consistencia; los resultados tardan en sentirse, aunque los indicadores comiencen a moverse lentamente, socialmente, territorialmente sostenidos y verificables.
La estrategia federal de reforzar policías y fiscalías acompaña el esfuerzo local, pero demanda coordinación real para que los casos lleguen a sentencia firme y pronta.
Desmantelar cámaras, reclutar policías y modernizar tecnología suma, pero la ciudadanía juzga la seguridad cuando no disminuyen extorsiones y robos en su colonia.
La percepción no cambia con boletines; cambia con calles tranquilas, tiempos de respuesta cortos y sanciones visibles a quienes delinquen efectivamente sin excepciones sistemáticas creíbles.
Y sí, Tamaulipas avanza entre claroscuros: hay estrategia y recursos, pero el reto mayor es convertir esfuerzo institucional en tranquilidad cotidiana y duradera.
En eso están enfocados tanto el Secretario de Seguridad Pública Carlos Arturo Pancardo y el titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública Willy Zúñiga quienes van en una ruta clara y leal con el gobernador Américo Villarreal Anaya.
Si en el 2026, las acciones contra la delincuencia continúan como lo ha hecho hasta hoy el Secretario de Seguridad y si se mantiene un trabajo de estabilidad y estratégico desde el Secretariado, el gobierno en Tamaulipas tendrá una efectividad real para seguir reduciendo los índices de inseguridad.




