En el segundo semestre de este año comenzará formalmente el muy complejo proceso electoral 2026-2027.
Muy relevante para Tamaulipas porque se renovará el Congreso del Estado, los 43 ayuntamientos, y las ocho diputaciones federales.
Es decir, otra vez, habrá decenas de cargos en juego en una elección que además, a nivel nacional, servirá para disputar 17 gubernaturas.
De ese tamaño es la cita.
Todo esto ocurre en el contexto de una -todavía- clara hegemonía política de los partidos que defienden la llamada Cuarta Transformación.
Si se observa solo el termómetro electoral y los antecedentes inmediatos, Morena y aliados no deberían tener mayores problemas para pasar esta prueba sin daños graves.
En el caso de Tamaulipas, por ejemplo, el partido en el poder podría permitirse incluso una votación inferior a la de los últimos comicios, y aún así, obtendría resultados aceptables de cara al 2028.
Pese a eso, en los cuarteles de Morena -al menos en el escritorio de los operadores más sensatos- saben que no pueden confiarse y que hay focos naranjas, casi rojos, en algunas regiones del estado.
El gran talón de Aquiles de la 4T está en el territorio; hay autoridades municipales cuyo desempeño pone en riesgo el éxito y el nivel de influencia que han alcanzado los programas sociales.
Ya ni siquiera se trata de que los presidentes municipales comprendan y acompañen la visión política de la presidenta Claudia Sheinbaum y del gobernador Américo Villarreal, acaso eso sea mucho pedirles.
Sería suficiente, en todo caso, que cumplan con la tarea que se les encomendó: administrar de manera correcta los servicios públicos y ofrecer soluciones a una ciudadanía que ve con esperanza el rumbo que toma el país, pero padece todos los días la incompetencia de la autoridad inmediata.
Es verdad, la debacle de la oposición hace pensar que a Morena todavía le alcanzará con la inercia de un proyecto nacional que, hoy por hoy, conserva respaldo social.
Pero también es cierto que las elecciones no se ganan solo con encuestas favorables, se ganan o se pierden en la calle, en la colonia, en el trámite que no se resuelve, en la luminaria que no se cambia, en el bache que se vuelve símbolo del abandono.
Ahí es donde la narrativa de transformación corre el riesgo de desdibujarse.
Sobre todo, en aquellos rincones del estado donde otros partidos tenían sus bastiones y los votantes le dieron una oportunidad a la 4T en la última elección. Ahí, la decepción ciudadana puede pesar mucho.
Eso lo saben bien los estrategas morenistas.




