16 enero, 2026

16 enero, 2026

Trump y la sucesión en Tamaulipas

Hora de cierre/Pedro Alfonso García Rodríguez

El discurso de Donald Trump sube de tono y de temperatura conforme avanza su gobierno. Lo que parecía una simulación de política exterior rígida terminó convirtiéndose en una realidad que hoy mantiene en shock a la comunidad internacional.

La captura —o entrega— de Nicolás Maduro fue la muestra más clara de que las cosas van en serio y de que todos deben alinearse a las exigencias de los Estados Unidos de Donald Trump.

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha enfrentado una de las crisis más severas en la relación bilateral entre ambos países, una tensión que no se observaba desde la expropiación petrolera. Las autoridades estadounidenses, al igual que en el caso de Maduro, parecen requerir apenas una llamada para intervenir en territorio nacional.

Pero el discurso, de por sí preocupante y con potencial para alterar de fondo la vida pública del país, es solo la punta del iceberg.

La influencia estadounidense, tal como se ha manifestado en las dos últimas elecciones a la gubernatura de Tamaulipas, se mantiene vigente y más fuerte que nunca.

En la década de los 2010, de la mano de la explosión de la inseguridad en todo el territorio estatal, inició una cacería furtiva contra algunos de los cuadros políticos más importantes e influyentes: los exgobernadores Eugenio Hernández Flores y Tomás Yarrington Ruvalcaba.

Aunque el gobierno de Felipe Calderón abonó en gran medida a su fragmentación y eventual desmoronamiento político, fue el llamado de las autoridades estadounidenses a rendir cuentas ante la justicia el factor que terminó por pulverizarlos.

Extensas listas de alertas migratorias, carpetazos provenientes de la Secretaría General de Gobierno del estado, requerimientos de la entonces Procuraduría General de la República —hoy FGR— y la fuga de cuadros políticos completos dejaron al priismo, hasta entonces omnipotente, al margen del gobierno calderonista. Esto, a su vez, alimentó la oportunidad —y el oportunismo— del cabecismo para arrebatar los espacios de poder.

Las delegaciones federales canalizaron presupuestos para la compra de voluntades y operadores políticos, sumándose a las fracturas provocadas tanto por la persecución judicial como por las diferencias del entonces gobernador Egidio Torre Cantú con la cúpula nacional y con buena parte de los operadores priistas locales.

Un sombrío Baltazar Hinojosa no logró posicionar su candidatura, y el resto es historia.

En el segundo round de la política tamaulipeca, ya durante el gobierno de Cabeza de Vaca, el fantasma del intervencionismo volvió a aparecer con los señalamientos por tráfico de combustible dirigidos a la cúpula morenista.

Los esfuerzos cabecistas y su evidente relación —al menos— con la élite texana no fueron suficientes para derrumbar el liderazgo del expresidente Andrés Manuel López Obrador ni su respaldo total al doctor Américo Villarreal Anaya.

Nuevamente, el resto es historia.

Hoy, el gobernador concentra un poder sin precedentes en la historia contemporánea del estado, además de mantener una buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, nada está escrito. Aunque todos los factores parecen alinearse para que el proceso de sucesión se desarrolle sin contratiempos, el aumento de la influencia estadounidense en el país impactaría de manera directa a Tamaulipas por su condición de estado fronterizo.

Y si bien las amenazas de intervención militar son constantes y no pueden descartarse del todo, el escenario político y judicial resulta más factible, como ya ha ocurrido en el pasado.

Desde las cortes estadounidenses o desde el Departamento de Seguridad Nacional podría asestarse un nuevo golpe —y contundente— contra figuras o grupos políticos que hoy participan como protagonistas u operadores en la sucesión tamaulipeca.

Probablemente, quienes cuenten con las mejores credenciales ante las autoridades estadounidenses serán quienes logren posicionarse con mayor fuerza en la carrera sucesoria.

Y si en el imaginario de la élite tamaulipeca las elecciones se decidían, al final, por los titulares del Ejecutivo estatal y federal, ahora —desde Homeland Security o directamente desde el gobierno de Trump— entra un tercero en discordia.

Esto podría provocar un giro radical en el sentido de la elección y poner en riesgo la estabilidad política recientemente alcanzada en el estado.

La moneda, en cualquier momento, puede lanzarse al aire…

@pedroalfonso88

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