18 enero, 2026

18 enero, 2026

La extorsión se sufre, pero no se denuncia

Es el delito con mayor subregistro en México. En Tamaulipas la tasa denunciada está por debajo de la media nacional, pero más del 95 % de los casos no se reporta por miedo o desconfianza

Staff
Expreso-La Razón

La extorsión es el delito que mejor refleja la distancia entre las cifras oficiales y la vida cotidiana, en los informes aparece controlada y contenida, pero en la calle se manifiesta de forma persistente,  y extendida, especialmente en comercios y servicios donde el miedo pesa más que la denuncia.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2024 se iniciaron en México poco más de diez mil carpetas de investigación por extorsión, una tasa nacional de entre 7.5 y 8 casos por cada cien mil habitantes, sin variaciones significativas respecto a años previos.

En Tamaulipas la tasa oficial fue menor, con entre 4.5 y 5 extorsiones denunciadas por cada cien mil habitantes, lo que coloca al estado por debajo de la media nacional, una lectura que sugiere contención estadística, pero que cambia cuando se analiza la victimización real.

La Encuesta Nacional de Victimización del INEGI documenta que la extorsión es el delito con mayor cifra negra del país, más del 95 por ciento de los casos no se denuncia, tanto a nivel nacional como en Tamaulipas, lo que implica que la gran mayoría de los hechos queda fuera del registro oficial.

El principal motivo para no denunciar es el miedo a represalias, seguido por la desconfianza en la autoridad y la percepción de que el proceso no genera resultados, en la extorsión telefónica además influye la idea de que si no hubo pago el daño no se concretó.

A nivel nacional domina la extorsión telefónica y digital, llamadas que simulan secuestros, mensajes con amenazas genéricas y solicitudes de depósitos inmediatos, es un delito de bajo costo operativo y alto impacto psicológico que no requiere presencia física ni control territorial.

En Tamaulipas este patrón se replica, comerciantes, transportistas y profesionistas coinciden en que la mayoría de los intentos llegan por teléfono o mensajería, la extorsión directa existe pero es menos visible y suele manejarse fuera de los canales institucionales.

Las historias que no aparecen en las estadísticas ayudan a entender el fenómeno, en Ciudad Victoria un pequeño comerciante recibió durante semanas llamadas nocturnas exigiendo cuota, nunca denunció, cambió de número, redujo horarios y asumió el costo económico del silencio.

En Reynosa un taller mecánico fue blanco de mensajes con fotografías del local obtenidas de redes sociales y amenazas genéricas, el propietario tampoco denunció, optó por ignorar los mensajes y reforzar medidas internas, el delito no quedó registrado pero el temor condicionó su operación.

De acuerdo con datos de la ENVIPE, la extorsión afecta de manera desproporcionada a pequeños y medianos negocios, donde la capacidad de absorción del riesgo es menor y cualquier interrupción de ingresos tiene efectos inmediatos sobre la viabilidad económica.

Comparada con otros delitos patrimoniales, la extorsión tiene una particularidad, no requiere violencia visible ni contacto físico, basta un teléfono y la certeza de que la mayoría de las víctimas no acudirá a la autoridad, por eso el delito persiste aun cuando las cifras oficiales se estabilizan.

El impacto económico de la extorsión es difícil de medir precisamente por su subregistro, pérdida de ingresos, cierres temporales, reducción de horarios y gastos adicionales en seguridad forman parte de un daño que no se refleja en las estadísticas criminales.

A nivel nacional, las entidades con mayor actividad económica concentran las tasas más altas de denuncias, Tamaulipas aparece con cifras menores, pero con una cifra negra similar o incluso superior, la diferencia no está en la ausencia del delito sino en la decisión de no denunciar.

La paradoja es clara, menos denuncias no significan menos extorsión sino menor confianza en el sistema de justicia, mientras la cifra negra supere el 95 por ciento, el delito seguirá siendo invisible en los reportes y omnipresente en la conversación privada.

En Tamaulipas la extorsión no se mide solo en carpetas de investigación, sino en decisiones cotidianas, no contestar llamadas, cambiar números, cerrar temprano y optar por el silencio, es un delito que no siempre cobra dinero, pero siempre cobra miedo.

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