18 enero, 2026

18 enero, 2026

Un río de luz innecesario 

Una serie de eventos accidentales tuvo como consecuencia una brillante ironía nocturna 

JORGE ZAMORA 
EXPRESO – LA RAZÓN 

CIUDAD VICTORIA, TAM.- Rechinido de llantas, el rugido de un vehículo acelerado y un golpe metálico con cristales rompiéndose en mil pedazos. Olor a balatas, a neumáticos derretidos y aceite consumiéndose en las entrañas de un motor de combustión interna. Un evento fortuito, una anomalía común …un accidente vial.

Así principia más no comienza está historia, dónde un aparatoso choque automovilístico tuvo, entre sus dos docenas de consecuencias, el desplome de un semáforo que terminó así sus días de servicio público.

Quiso la diosa fortuna, que, desafortunadamente, el cruce del Eje Vial Lázaro Cárdenas y Alejandro Prieto quedase sin aparato electromecánico regulador del tráfico automotor desde hace años ya.

Este concurrido asterisco de asfalto que irriga coches, camionetas, motos, bicis y uno que otro burro ignorante en el arte de conducir, perdió su sinfonía valseada de tres luciérnagas verde, ámbar y rojo.
De inmediato surgieron voces semi infartadas y comentarios leperos en redes sociales, indignados por la tardanza al reponer el popote de metal color amarillo que sostiene el triplete de focos que rigen el tránsito.
¡Qué lo pongan ya! exigían unos, mientras otros alegremente pisaban el acelerador a fondo, complacidos por no tener que esperar la luz colorada al circular por ese punto.

Hubo algunos que incluso practicaron el viejo ritual de sumir láminas entre crujir de fierros con otro fulano que llevaba igual prisa.
Pero llegó un día que la ausencia de semáforo dejó de ser una desventaja y el cruce empezó a funcionar sin necesidad de regulación oficial.

Incluso en las horas pico, incluso en las horas calmas, las manos al volante aprendieron a lidiar con el flujo vehicular, el ferrocarril atravesado, las inundaciones del Eje Vial y de las patrullas desmadrugadas que suelen acechar por estos oscuros lares al primer incauto que se le duerma el gallo.

Y así, el paraje urbano aderezado con pavimento, vías férreas, matorrales y gravilla, se volvió escenario de una coreografía caaasi perfecta, al grado que ya muy pocos se acordaban que alguna vez, ahí, hubo un semáforo.
Irónicamente, el Caminante fue testigo de que, en el estira y afloja de ver quien cruza primero, muchos automovilistas volvieron a practicar el admirable y cortés gesto de ceder el paso a otro conductor, 
Sin embargo, “vivimos tiempos modernos y avasalladores” como alguna vez escribió el maestro Alejandro Rosales Lugo, y en algún escritorio de alguna dependencia gubernamental, un plumazo concibió que nuevamente se instalara un semáforo en este trasijado rincón de la capital cueruda.

¡Albricias, albricias! ¡Por fin solución! celebró más de uno al enterarse y pasados los meses, se empezó a ver movimiento por ahí, boletines por allá, dos que tres changos que se subieron al tren del mame y publicaron foto en el ‘feis’ …una auténtica kermesse para festejar la reinstalación del aparato.
Pues sí, una mañana (o más bien por la tardecita) el árbol de fierro empezó a guiñar sus ojotes amarillos las 24 horas del día.
Así estuvo durante semanas, como queriendo advertir “¡Ya regresé cabrones! ¡Pilas todo mundo!
¡Y el gran día llegó! el rojo, el ámbar y el verde volvieron a iluminar el crucero. Más, la vida citadina es misteriosa y no siempre sigue reglas hechas por la humanidad (o lo que queda de ella) y de un solo tajo, la realidad golpeó la mesa y se carcajeó de las expectativas.

Resulta que el cochino semáforo, en vez de regular o eficientar el tráfico, ¡genera un reverendo y desquiciante embotellamiento mañana tarde y noche!
Laaargas filas de autos de hasta 200 metros se forman en ambos sentidos del Eje Vial, empeorando, incluso anulando la movilidad de cientos de victorenses, que a diario circulan por esta zona.
¡Y cuando cae el sol la cosa se pone peor! Un impresionante río de luces led amarillas y rojas se forma asemejando una serie de foquitos navideños; coches intentando ganar el paso o bajando al camellón de tierra y grava para adelantarse lo más posible, motos entre carriles y peatones jugándose el pellejo para cruzar ante la estampida de carrocerías hartas de esperar para atravesar la vía …y si llega a registrarse un choque, el paraje se convierte en una anárquico pandemónium.
“Ni las hormigas se la complican tanto para avanzar todas al mismo tiempo” dice don Alejandro, un vecino del sector Adelitas que a diario se enfrenta a este remolino de cafres.
Y así fue como el azahar y la modernidad volvieron a reinstalar en este cruce los rechinidos de llantas, el olor a balatas, a neumáticos derretidos y aceite quemado, ¡ah, pero eso sí! ¡Con semáforo nuevecito! Demasiada pata de perro por esta semana.

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