Por. Max Ávila
Es conocido y comprobado que la fuerza del gobierno morenista radica en el pueblo. Sea en las mayorías, es decir en aquellos(as) que un día dijeron ¡basta!, empujando las ruedas de la historia hacia mejor destino. Eso duele a la minoría rapaz que durante décadas se dedicó a robar el patrimonio de todos sin impedimento alguno, hasta que apareció AMLO y la generación liberadora que ahora escribe el mejor capítulo de la 4T.
Impotente la oposición observa el poder que se consolida a pesar de las presiones sobre todo internacionales, en especial las gringas. No hay marcha atrás en ideales, principios, valores y compromisos ratificados con hechos mostrados en cada “mañanera”, práctica informativa ésta, donde caben incluso las provocaciones de “reporteros” que bajo consigna acuden a dejar constancia de su abyección al neoliberalismo.
El régimen dirigido por Doña Claudia es popular, insisto, en tanto la oligarquía conservadora lame sus heridas después de su actitud contraria al interés nacional durante 36 años de saqueo y traición. Sin embargo, conserva medios de comunicación y voceros que sin éxito hacen lo posible por enmendar la plana, como si ello fuera fácil en un escenario donde la conciencia colectiva observa cambio radical
Una publicación reciente critica que casi la totalidad de la clase trabajadora apoye al gobierno. Se explica porque los explotados de siempre ahora respiran aires de dignidad, progreso y avance en todos los sentidos lo que por supuesto se traduce en mejor calidad de vida. Para empezar el salario mínimo ha tenido incremento no imaginado en tiempos del PRIAN. En el 2018 era de 88 pesos, ahora alcanza 315 pesos. Agreguemos la semana de 40 horas, conquista que significa disponer de mayor tiempo para recreación, cultura, deporte o preparación académica, dentro de las posibilidades de superación personal y familiar.
Los ladrones del pasado no aceptan la transformación, de ahí el rechazo a que los núcleos obreros más importantes sean parte de Morena. No entienden o se hacen pendejos mejor dicho (disculpad la palabreja), que los objetivos oficiales estén encausados hacia el bienestar en todos los aspectos.
Ocioso será señalar la serie de beneficios de siete años a la fecha. Son tantos y tan variados que abarcan todo el universo ciudadano. Habrá fallas y de vez en cuando uno que otro “prietito en el arroz”, pero de que la intención tiene que ver con la justicia social, eso-que-ni-que.
Respecto de las organizaciones de trabajadores usted dirá que todavía padecen líderes de añejos cacicazgos que son verdadera vergüenza para el movimiento sindical. Tiene razón porque algunos “se pasan de rosca” como Francisco Hernández Juárez con 50 años encabezando a los telefonistas; el ferrocarrilero Víctor Flores Morales con 31 años y el minero Napoleón Gómez Sada con 24 años en la misma situación, éste último con el agregado de que su padre le heredó el cargo. Estamos de acuerdo en que la reelección continua de las dirigencias sindicales es mal que debiera erradicarse por salud de la república y sobre todo por respeto a la búsqueda institucional de nuevas fórmulas democráticas.
De manera que la administración morenista dignifica la existencia de la clase trabajadora si fuera lo contrario, la Señora Presidenta no tuviera de su lado al Congreso del Trabajo, a la CTM, la CROC, FSTSE, al SNTE y al resto de las agrupaciones más representativas. En cuanto a los conservadores tenga la seguridad que, dadas las circunstancias, de nada les valdrán las habladas y apoyos de Trump a favor de la derecha de América Latina. No tienen con qué responder por la sencilla razón de que PRI y PAN están liquidados. Y ni modo que sea invento.
SUCEDE QUE
¿Nuevo PAN en Tamaulipas?…Responderá la raza: ”Pos cuál si ahí siguen las trampas de siempre”…¿A poco “el truko” quiere ser candidato a gobernador otra vez?. ¡No manches!.
Y hasta la próxima.




