Por Carlos López Arriaga
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Cd. Victoria, Tam.- Cambiar para no cambiar, cambiar para seguir iguales. O acaso peores, pues con un mundo en constante movimiento, estancarse equivale a retroceder.
El Comité Directivo Estatal del PAN se dispone a renovar sus dirigentes de manera algo cansina, tardía, pues el titular LUIS RENÉ CANTÚ GALVÁN concluyó su mandato desde octubre pasado y el parto viene con retraso.
Peor aún, todo indica que quedará entre los mismos. No han aprendido la lección. Cualquiera diría que tras la desastrosa administración de PANCHO CABEZA y la derrota de 2022, la institución albiazul requería una urgente y profunda tarea de revisión.
En principio, (1) de autocrítica, reconociendo lo que hicieron mal como partido y desde el poder, incluyendo esa campaña gubernamental que no parece haber seleccionado al candidato idóneo, con un CÉSAR VERÁSTEGUI con más mañas que proyecto.
Y además una tarea (2) de renovación, que en Tamaulipas tendría que ver con la palabra reconstrucción, si consideramos el daño que la pandilla cabezona le infligió a los cuadros regionales del partido, a los que ninguneó y marginó a lo largo del sexenio.
Para luego rematar con un proceso interno amañado desde el otoño de 2021, al impedir el concurso de los diversos grupos geográficos en la selección de la candidatura gubernamental, imponiendo al TRUKO VERÁSTEGUI por dedazo.
LOS MISMOS
El resultado fue una campaña desangelada, con un candidato sin discurso digno de ser recordado. Hombre que retrataba bien a distancia, con su estampa de campirano montado a caballo, pero perdía luego fuerza y credibilidad al tomar el micrófono.
Voz pequeña, narrativa pobre, ausencia de propuestas que marcaran la diferencia con el mandatario saliente y una variopinta alianza de panistas y priístas, enemigos históricos con serias dificultades para empujar en la misma dirección, al compartir candidato y simular la defensa de un mismo plan de vuelo.
Proyecto, por cierto, inexistente, salvo la ambición compartida entre VERÁSTEGUI y PANCHO CABEZA, de recuperar el control del presupuesto estatal.
Cualquiera diría que el fracaso de 2022 debía motivar una profunda reflexión, autocrítica, detección de errores en el partido y fallas en el gobierno. Propósitos claros de enmienda, corrección, relanzamiento del partido, incorporación de cuadros jóvenes y apertura a distintos grupos geográficos.
Nada de eso vemos ahora en la ambición desnuda que exhibe el TRUKO y su compañera de ruta, la aspirante a secretaria general GLORIA GARZA JIMÉNEZ, en su voluntad de empoderarse nuevamente y seguir medrando de ese voto duro (que sin duda todavía tienen en cantidad respetable) pero carente de conducción y coherencia necesarias.
CACICAZGO TEXANO
La dirigencia de CANTÚ GALVÁN vive, en efecto, horas extras. A paso de tortuga asoma la convocatoria para la renovación del comité estatal. Se discute el método, se escuchan voces sinceras como la del colega MANGLIO MURILLO en bien de la democracia interna y el voto directo.
El procedimiento tarda en arrancar y también en avanzar, cada paso es un estira y afloja, a sabiendas de que la citada convocatoria debe publicarse con un mínimo de 60 días antes de la elección.
Entre los emisarios del viejo régimen cabezón se busca abreviar el método y recurrir a un económico dedazo, abierto o disfrazado. Pero las bases exigen, por dignidad, el libre juego de planillas, aspiraciones, campañas, cómputo y todo lo demás, con la respectiva verificación por parte de la Comisión Estatal de Procesos Internos.
Parece lógico que dicha experiencia tendrá una importancia crucial para fortalecer la democracia interna con miras a las competencias electorales de la megaelección intermedia federal de 2027, la renovación del congreso local, los 43 ayuntamientos.
Pero sucede que el verdadero jefe del partido sigue operando desde su mansión campirana en el Valle de Texas. Con texto, voz o videollamada, el cacique sigue metiendo mano negra, tirando línea, marcando derroteros, pintando raya, trazando ruta, como si el membrete fuera franquicia suya.
Abajo, desde las bases, los militantes sinceros piden democracia, voto directo, libre concurrencia de aspirantes, confrontación de proyectos, pluralidad. Arriba es distinto. Déjense de cuentos (dice la voz de ultratumba) no se hagan bolas, va el TRUKO o, en su defecto FRANCISCO JAVIER GARZA DE COSS, que para el caso es lo mismo.
PERDIENDO TODO
Olvidan acaso la máxima aquella de un intelectual brillante como fue el periodista yucateco CARLOS CASTILLO PERAZA (presidente del CEN entre 1993 y 1996) cuando advertía sobre el peligro de “ganar el poder y perder el partido” por la ambición excesiva de sus miembros.
Frase premonitoria en el caso de Tamaulipas. En 2016 ganaron el poder imponiendo los intereses de una pandilla sobre el bien común del partido. En 2022, perdieron el poder, además del partido.
Lo que queda es el mismo club de ambiciosos buscando eternizarse en el mando para seguir teniendo mano en el reparto de posiciones, prerrogativas y candidaturas. Nunca por el bien del panismo, siempre a conveniencia de la misma célula tex-mex que ya cumple su segunda década regenteando los negocios del poder.




