25 enero, 2026

25 enero, 2026

Economía de dos carriles y estar en el que no avanza

FALJORITMO/JORGE FALJO

La economía de México transcurre en dos carriles. Uno se celebra en los titulares, en los discursos oficiales y en las estadísticas de comercio exterior. El otro se vive en el mercado, en la calle, en el empleo cotidiano y en el bolsillo. Son paralelos pero uno avanza y el otro retrocede. Y ese es, precisamente, la esencia del problema de México.

México es hoy una potencia exportadora. Tiene un superávit histórico con Estados Unidos, es pieza central de las cadenas productivas de América del Norte. Pero al mismo tiempo, la economía que sostiene el consumo interno —la que genera la mayor parte del empleo y el ingreso de la población— avanza con dificultad, o retrocede. Es evidente la contradicción.

A lo largo de 2025 la bolsa de valores batió récords de ganancias históricos, el peso se fortaleció, el dólar es más barato y la exportación de manufacturas aumentó. De acuerdo a estos datos no hay una crisis abierta. Sería algo más sutil, una economía que funciona pero que no despega, no genera suficientes empleos formales y no consigue fortalecer el mercado interno.

En 2025 el Producto Interno Bruto creció algo menos de 0.4 por ciento y las previsiones más optimistas, que siempre lo son a principios de cada año, prevén un crecimiento de 1.5 por ciento para el 2026. Así se acumularían 7 años de crecimiento raquítico.
Si se mira la evolución de la actividad económica con un lente amplio —como permite el Indicador Mensual de la Actividad Industrial y de servicios del INEGI— aparecen dos historias distintas.

Por un lado, los sectores ligados a la exportación manufacturera muestran un comportamiento relativamente sólido en el largo plazo. No espectacular, pero sí consistente. Son actividades integradas a cadenas globales, altamente tecnificadas, concentradas geográficamente y orientadas casi por completo al mercado externo. Por ejemplo la fabricación de computadoras y equipo periférico creció en casi 82 por ciento.

En siete años el conjunto de la producción de manufacturas se elevó en tan solo 1.5 por ciento debido al retroceso de los sectores que dependen del consumo interno. Por ejemplo, en los 7 años mencionados la fabricación de prendas de vestir cayó en 26.8 por ciento y la de calzado en casi 20 por ciento.

La manufactura nos revela la velocidad dual, un México que avanza exportando y otro estancado. Desde la perspectiva socioeconómica la situación es un desastre, la parte que avanza, tecnológicamente más avanzada, genera poco empleo. En los sectores en retroceso las empresas que se pierden, asociadas a tecnologías rezagadas, eran las mayores generadoras de empleo. Las que sobreviven lo hacen en buena medida mediante una mayor explotación laboral. México es uno de los países en los que mayor número de horas se trabaja al año y en enero de 2026 el salario mínimo se recuperó al equivalente al 72 por ciento del salario mínimo real de 1977. Es decir que los que ganan un salario mínimo ganan 28 por ciento menos de lo que ganaba hace 49 años.

En este contexto cual es la idea dominante de la estrategia de crecimiento para México. El Plan México plantea la atracción de capitales externos mediante incentivos fiscales, como elemento central de una nueva estrategia que incluiría la relocalización de inversiones para que tengan una mejor distribución territorial y su enlace a cadenas de suministro internas.

Sin embargo el año pico del entusiasmo por el nearshoring fue 2023 y aunque el inicio efectivo de proyectos alcanzó un máximo en 2025 los anuncios de nuevos proyectos de inversión se encuentran en declive y a la espera tanto de mayor claridad en las condiciones internas y en las externas. Las declaraciones de Trump de que el T-MEC es irrelevante y que lo que quiere es que la manufactura exitosa de México se traslade a Estados Unidos crean una fuerte incertidumbre y reducen el dinamismo del sector globalizado.

Aun así el problema mayor desde la perspectiva social y mayoritaria no es tanto la pérdida de dinamismo globalizador sino el franco retroceso de la producción asociada al mercado interno. Lo ideal sería que los dos carriles de la economía mexicana crecieran, pero la realidad es que los logros del sector globalizado operan en contra del sector convencional orientado al mercado interno.
La presunción de solidez y estabilidad financiera gubernamental y nacional, la ausencia de una reforma hacendaria que incremente a, digamos el promedio de los países de la OCDE; el enfoque en atraer capitales mediante incentivos fiscales y las altas tasas de interés que fija Banxico, crean un espejismo económico atractivo a capitales financieros volátiles que abaratan el dólar y, por ende las importaciones.

Mano de obra barata y con exceso de horas de trabajo han sido el pilar básico de la competitividad internacional del país y, también, aunque se menciona menos, de la supervivencia de empresas convencionales que enfrentan importaciones masivas abaratadas por el peso caro.
Pensemos en opciones a partir de un ejemplo. El 15 de enero se anunció que Pilgrim’s invertirá 1 mil 300 millones de dólares para producir pollo en México creando plantas procesadoras e incubadoras distribuidas en todo el territorio nacional. El anunció se hizo con la señora Presidenta Sheimbaum y el secretario de economía Ebrard al lado de los ejecutivos de la empresa, dando a entender que es un logro de la política pública.

Con optimismo se plantea que la inversión de Pilgrim’s reducirá importaciones. Sin embargo garantizar que la nueva producción substituya importaciones requeriría establecer controles y/o aranceles a las importaciones; lo que es muy dudoso. Sin ellos es muy posible que lo que ocurra es que una producción tecnológicamente más avanzada substituya producción interna y amenaza seriamente a las empresas ya establecidas. Este ha sido un efecto típico de la modernización importada. Si se decidiera controlar las importaciones tal vez no sería necesaria esa inversión externa; no sería difícil elevar la producción interna con inversiones nacionales en condiciones de protección.

Producir pollo y huevo no es un asunto complicado. Requerir inversión externa para ello es triste. En los últimos 50 años se destruyeron decenas de miles de micro unidades de producción de pollo y huevo. Una estrategia alternativa que llevara la demanda generada por las transferencias sociales hacia las tiendas Diconsa – Bienestar (multiplicando las actuales) que a su vez compraran huevo y pollo local, reactivaría la producción previa y generaría más empleo neto que el que ofrece la inversión externa.
Extendida a otros productos esta estrategia podría reactivar recursos inutilizados en otros sectores del consumo mayoritario de manufacturas vestido y calzado por ejemplo, y de la producción agrícola.

Urge repensar una estrategia de globalización que pueda operar en las nuevas condiciones geopolíticas que debe enfrentar el país y que se sustente en el fortalecimiento de la producción interna orientada al consumo mayoritario y no en su destrucción.

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