Por. Antonio H. Mandujano
TAMAULIPAS, MÉXICO.- Después de casi un año de respiro, la sequía extrema volvió a marcar el territorio tamaulipeco.
El rojo regresó al mapa y con él la advertencia silenciosa de un fenómeno que, aunque parecía superado, hoy vuelve a instalarse en el norte del estado como una señal inequívoca del deterioro hídrico que arrastra la región.
En base al Monitor de Sequía en México de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), con corte al 15 de enero de 2026, el panorama estatal muestra que el 29.5 por ciento del territorio de Tamaulipas ya presenta algún grado de sequía, mientras que el 70.5 por ciento permanece, por ahora, sin afectación.
El desglose por niveles revela con mayor claridad la magnitud del problema:
• 13.5 por ciento del estado se encuentra anormalmente seco (D0), condición previa a la sequía formal.
• 11.5 por ciento registra sequía moderada (D1), con impactos iniciales en la humedad del suelo y actividades agrícolas.
• 2.6 por ciento presenta sequía severa (D2), donde ya se observan afectaciones más persistentes.
• 1.9 por ciento del territorio tamaulipeco ha escalado a sequía extrema (D3), nivel que no se había reportado desde abril de 2025.
Esta condición crítica se localiza principalmente en municipios del norte de Tamaulipas, donde los déficits de precipitación acumulados en el noreste del país favorecieron el rápido deterioro.
Entre las zonas con presencia de sequía severa y extrema se identifican áreas de Nuevo Laredo, Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo, Díaz Ordaz y Reynosa, así como sectores rurales de Río Bravo y Valle Hermoso, municipios altamente dependientes del agua para actividades agrícolas y ganaderas.
El informe de Conagua advierte que la escasez de lluvias en el noreste propició el incremento de áreas con sequía de moderada a extrema (D1 a D3), un fenómeno que, de no revertirse en las próximas semanas, podría extenderse hacia más regiones del estado.
Aunque la mayor parte de Tamaulipas aún se mantiene sin sequía, el regreso del nivel D3 marca un punto de inflexión.
La sequía extrema ha vuelto, y con ella la preocupación por el abasto de agua, la producción del campo y la estabilidad ambiental en el norte del estado.




