29 enero, 2026

29 enero, 2026

Lo que tengo para dejarte

EL FARO/FRANCISCO DE ASÍS

Mijo, siéntese un momento; no tengo oro para dejarte, pero sí la vida que he aprendido. Te pido que me escuches en silencio, porque si hablar es plata, escuchar es oro, y el que no oye consejo no llega a viejo; porque aprender a escuchar es aprender a vivir. La vida no avisa. Hoy estamos, mañana quién sabe.

Aprende a leer los tiempos. Cada cosa a su tiempo, porque el tiempo es oro y enseña al que no tiene maestro. A veces la vida aprieta justo para enseñarnos a elegir. No te sorprendas si descubres que al nopal solo se le arriman cuando tiene tunas; así es el mundo, cambiante y convenenciero. Habrá quien se acerque solo cuando haga falta y quien desaparezca cuando ya no sirvas. No te amargues por eso. Tú haz el bien sin mirar a quién, que al final uno es lo que hace cuando nadie está mirando; las palabras se las lleva el viento, pero los actos no.

No quieras abarcarlo todo. El que mucho abarca, poco aprieta, y en ese afán se pierde lo importante. La prisa suele disfrazarse de ambición, y la ambición de necesidad. Aprende a soltar, porque no todo lo que brilla es oro, y más de una vez lo que parece oportunidad resulta carga. Escucha a los viejos: más sabe el diablo por viejo que por diablo; no porque sea diablo, sino porque ha vivido. Echando a perder se aprende, y nadie aprende en cabeza ajena. El que no oye consejo no llega a viejo, pero aun así, más vale tarde que nunca.

Habrá errores, y algunos dolerán más de la cuenta. El golpe avisa, aunque no siempre enseña de inmediato. A veces uno cree que va por buen camino y resulta que, por andar de prisa, se pierde el rumbo. Vendrán días de vergüenza, de culpa y de silencios incómodos. No pasa nada. Tropezar no es caer, y el que se cae y se levanta, avanza. Lo importante es no quedarse tirado. Por eso, cuando te caigas, levántate: tropezar no es malo, encariñarse con la piedra sí. Acuérdate, no hay mal que por bien no venga.

Trabaja. No por ambición, sino por dignidad. El pan bien ganado sabe mejor, y el trabajo honra al hombre, aunque nadie lo aplauda y aunque no siempre alcance. A Dios rogando y con el mazo dando: pide, sí, pero cumple. Paso a paso se anda lejos, y aunque el cansancio pese, recuerda que el que persevera alcanza. El que algo quiere, algo le cuesta, y lo que cuesta deja marca y carácter.

Pero no todo es esfuerzo. Aprende también a descansar, porque no todo en la vida es trabajo. Hay momentos que valen más que el dinero, y nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Aprende a agradecer mientras esté, porque el tiempo no perdona, y mañana será otro día, pero no el mismo.

No camines solo. Nadie vive sin otros. El cariño sostiene cuando el ánimo flaquea, y carácter mata carita. Nadie da lo que no tiene, así que cuida el corazón para poder dar. Amor con amor se paga, y quien bien quiere, bien espera. A veces el amor duele, pero más vale amar y perder que no haber amado, porque lo humano es lo que queda cuando todo lo demás se cae.

Habrá días en que nada salga como esperas. Al mal tiempo, buena cara; no por ingenuidad, sino por carácter. Después de la tormenta viene la calma, aunque a veces tarde en llegar. Si la pérdida toca la puerta, entiende que lo que no mata fortalece, y que a veces perder es ganar. Cada quien carga su cruz, pero no todas pesan igual ni se cargan igual.

Con el tiempo, uno aprende a agradecer. No hay mal que por bien no venga, aunque a veces cueste verlo. Echando a perder se aprende, y la experiencia es madre de la ciencia. Cada tropiezo deja algo, porque nadie aprende en cabeza ajena y lo vivido siempre enseña.

Aprende también a mirar atrás sin rencor. Lo pasado, pasado, y a lo hecho, pecho. No todo salió como se esperaba, pero no hay mal que dure cien años ni pena que no se transforme. Todo pasa, incluso lo que parecía eterno.

Y cuando llegue el momento de dejar algo, que no sea ruido. Las palabras se las lleva el viento, pero las obras quedan. El ejemplo arrastra, y el que siembra, cosecha, aunque no siempre vea el fruto. Quien obra bien, bien acaba, y eso también es una forma de quedarse.

Porque al final, uno no hereda cosas, hereda maneras. Lo que se aprende se comparte, y lo que se vive se transmite. Así, sin darse cuenta, uno deja huella, y el bien que se hace no se pierde, solo cambia de manos.

No olvides que nada es para siempre. Nadie se lleva nada, y no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. De esta no se salva nadie, y justo por eso importa cómo se vive. Las obras quedan, el ejemplo no muere y uno vive mientras es recordado.

Así que camina derecho. La palabra honesta poco cuesta y mucho vale, aunque a veces no se nota. Elige bien. Somos lo que damos, y cuando llegue la hora —porque llega—, que puedas decir, en paz, que vivir valió la pena; porque lo vivido enseñó, lo amado sostuvo y lo dado quedó.

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