29 enero, 2026

29 enero, 2026

PAN Tamaulipas: el miedo a las urnas

EL MURO S.A./Arturo Rosas H.

La Comisión Permanente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN continúa retrasando la emisión de la convocatoria para renovar la dirigencia estatal en Tamaulipas. El silencio comienza a ser más elocuente que cualquier explicación oficial.

Tal vez la demora no sea deliberada, pero la ausencia de definiciones abre la puerta a suspicacias legítimas. En política, cuando el tiempo se estira sin razón clara, el riesgo es que el proceso se descomponga.

Durante años, las disputas internas del PAN fueron intensas: jaloneos, negociaciones, reacomodos de grupos y pactos finales. Había confrontación, sí, pero también acuerdos. Al final, el partido se ordenaba.

Eso cambió cuando el grupo de los Cabeza de Vaca se apropió del Comité Directivo Estatal, transformándolo en una trinchera de protección personal y no en un espacio para construir oposición política con discurso y proyecto.

Hoy, el PAN en Tamaulipas no actúa como partido, sino como instrumento defensivo. El dirigente estatal, conocido como “El Cachorro”, opera en estado de modorra política y solo se mueve cuando recibe línea directa de Ismael o Francisco García Cabeza de Vaca.

Justamente ahí surge la sospecha central: que Francisco García Cabeza de Vaca esté interviniendo para frenar la convocatoria interna. Hay, al menos, dos razones que sostienen esta hipótesis.

La primera es evidente. Dentro del panismo tamaulipeco crecen voces que buscan sacudirse la lógica de subordinación a un grupo que trata a la militancia como empleados y reparte órdenes, candidaturas y cargos sin consenso.

En el norte, centro y sur del estado se percibe un ánimo distinto: panistas que quieren recuperar la toma de decisiones sin presiones, sin obediencias forzadas y sin el peso de una sola familia.

Ese movimiento, todavía silencioso, empieza a generar una expectativa real: devolver al PAN algo de su esencia democrática, esa que hoy parece extraviada.

Ahí aparece el segundo motivo del bloqueo. El grupo que mantiene secuestrado al partido sabe que tiene pocas posibilidades de ganar si la elección de la dirigencia se abre a la militancia, como históricamente ocurrió.

La verdadera disputa panista siempre se dio en las urnas internas. Así funcionó hasta 2012 y 2015, cuando Acción Nacional presumía —con razón— prácticas democráticas que hoy brillan por su ausencia.

Los Cabeza de Vaca no quieren urnas. Por eso presionan al CEN para que la convocatoria se emita bajo el esquema de voto de consejeros estatales, donde todavía conservan margen de control. Incluso ya se da por hecho que la próxima presidenta del PAN será mujer.

Pero si en los próximos días Ismael y Francisco detectan que ni siquiera así garantizan el triunfo, no sería extraño que escalen la presión para que el CEN declare al PAN Tamaulipas en calidad de delegación.

La desesperación tiene un trasfondo económico. Las prerrogativas electorales siguen siendo una fuente clave de recursos y no están dispuestos a perder ese control.

Sin embargo, el tiempo político de los CDV se agota. Y dentro del propio panismo hay quienes lo saben y pueden actuar.

La defensa de una convocatoria abierta, democrática y con urnas debe activarse en todo Tamaulipas. No solo desde los agraviados, sino desde quienes entienden que sin cambio interno, el PAN seguirá sometido.

O el partido recupera su rumbo ahora, o seguirá atrapado en decisiones impuestas, candidatos designados y una dirigencia que le teme, más que a Morena, a su propia militancia.

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