31 enero, 2026

31 enero, 2026

El Tren del Golfo y la apuesta por Tamaulipas

A BARLOVENTO / TOMÁS BRIONES

El fin de semana, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la inauguración de la sede de la Agencia Nacional de Aduanas (ANA), un proyecto anunciado desde el inicio del gobierno del compañero Andrés Manuel López Obrador y que apenas ahora se concluye.

Siete años después del anuncio de la descentralización de las principales dependencias federales, la apertura de la ANA representa un impulso importante para Tamaulipas, al convertirse en asiento de la estructura administrativa y operativa del sistema aduanero del país.

En particular, para Nuevo Laredo y para la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas, tener en su territorio el centro neurálgico del sistema aduanero nacional es un reconocimiento a la importancia que tiene la ciudad como la principal puerta del comercio exterior de Latinoamérica.

Claro, también es un reto, porque ahora el personal administrativo y operativo deberá responder a las altas expectativas puestas en su desempeño, en una ciudad que, además, enfrenta una de las problemáticas más complejas en materia de seguridad. Una realidad que todos reconocen en lo privado, pero que pocos se atreven a aceptar en público.

El antecedente del escándalo del huachicol fiscal a través de aduanas terrestres y marítimas, así como la operación de puertos como los de Tampico y Altamira, colocan aún más en el centro de la atención y bajo escrutinio público el funcionamiento de estas instalaciones, que ahora serán controladas desde Nuevo Laredo.

El tema parece aislado de otro que también se colocó recientemente en la conversación pública: el inicio de los trabajos del llamado Tren del Golfo, en el tramo Saltillo–Nuevo Laredo, cuya ruta comienza en la capital del país, pasa por Querétaro y San Luis Potosí, y continúa hacia el norte por Coahuila y Nuevo León, hasta llegar a Tamaulipas.

Es evidente que el nombre es lo de menos, pues el ferrocarril no tocará un solo punto colindante con el Golfo de México. Sin embargo, en materia de comunicación política, todo se vale cuando se trata de vender la viabilidad de proyectos de infraestructura de gran escala.

Lo verdaderamente importante, más allá de cómo quieran bautizar a este ferrocarril, es que tendrá un impacto favorable en la economía de los estados por donde cruzará, generando dinamismo y crecimiento que pueden traducirse en bienestar social.

Para Tamaulipas, en especial, el Tren del Golfo es una noticia extraordinaria, porque confirma su importancia como centro logístico y como potencia en comercio exterior.

Esto se refleja en sus puertos de altura —Tampico y Altamira—, así como en el nuevo e incipiente Puerto del Norte, en Matamoros; en sus aduanas marítimas y, por supuesto, en la de Nuevo Laredo, la de mayor movimiento y peso económico en el subcontinente.

El Tren del Golfo forma parte de los grandes proyectos de infraestructura que, junto con los Polos de Desarrollo y el Plan México, integran los esfuerzos del gobierno de la presidenta Sheinbaum para darle un fuerte impulso a la economía nacional, algo que hoy se necesita con urgencia.

La necesidad de dinamizar la economía de regiones previamente identificadas como zonas estratégicas, con ventajas competitivas en determinados rubros, es evidente frente a los retos que representan la incertidumbre internacional y la desaceleración económica global, cuyos efectos ya comienzan a sentirse en el país.

La nueva ruta comercial que irá aparejada con el Tren del Golfo representa también una ventaja adicional para Tamaulipas, un estado que cuenta con una posición geográfica privilegiada y con una diversidad de actividades productivas que lo colocan como una entidad relevante en el escenario nacional.

La obra permitirá articular mejor las operaciones de los polos industriales del centro, el Bajío y el noreste del país con el sur de Texas, al que Tamaulipas tiene acceso estratégico a través de Nuevo Laredo.

Es cierto que la construcción de los ramales, así como la adquisición de vagones y locomotoras, implican una fuerte inversión para el gobierno federal.

Sin embargo, su justificación se explica con claridad por el beneficio que tendrá en el largo plazo, como factor para detonar el desarrollo de los sectores industrial, comercial y logístico en diversas regiones del país.

Para el estado, como lo ha señalado el gobernador Américo Villarreal Anaya, el Tren del Golfo será una pieza indispensable cuando se hable de Tamaulipas como un territorio con ventajas competitivas y con posibilidades reales de seguir generando mayores niveles de desarrollo económico y bienestar para millones de habitantes.

Con este proyecto, la entidad complementa su oferta de servicios para inversionistas nacionales y extranjeros, y se consolida como la más atractiva de toda la frontera con Estados Unidos para el establecimiento de empresas interesadas en aprovechar la nueva dinámica de la relación comercial entre ambos países.

En este contexto, hablar de desarrollo y de expectativas de crecimiento en México implica, necesariamente, referirse a Tamaulipas como una entidad privilegiada, donde proyectos como el Tren del Golfo refrendan la relación de respaldo de la Federación a un gobierno que ha avanzado en la transformación de las bases para mejorar el bienestar de su gente.

ESCOTILLA

La diputada local plurinominal panista Rosario González anda muy activa en algunas colonias del puerto.

A diferencia del año pasado, la legisladora ahora sí recorre sectores de la ciudad para presentarse con los ciudadanos, especialmente con los simpatizantes panistas que ni siquiera sabían que era integrante del Congreso.

Dicen quienes la han escuchado que es evidente su interés por buscar una posición pública el próximo año, y que por eso, desde ahora, anda tocando puertas y dejándose ver.

abarloventotam@gmail.com

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