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Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM.- La carretera intercostera, identificada en documentos oficiales como Corredor del Golfo Norte, es el proyecto carretero de mayor alcance planteado para Tamaulipas en las últimas décadas y es un proyecto que permitirá la integración funcional de una red continua de carreteras federales existentes, ampliadas y modernizadas, que conecta el sur, el centro y la frontera del estado bajo una lógica logística y productiva de largo plazo.
El proyecto forma parte del Plan Nacional de Infraestructura Carretera 2025–2030 de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes y ha sido confirmado por el Gobierno de Tamaulipas como uno de los ejes estratégicos para reordenar el territorio estatal, fortalecer la competitividad regional y aprovechar la posición geográfica del estado dentro del comercio exterior mexicano.
El recorrido oficial del Corredor del Golfo Norte inicia en la zona conurbada de Tampico y Altamira, donde se concentra la infraestructura portuaria, industrial y energética del sur de Tamaulipas. Desde este punto, el corredor se enlaza con la red carretera federal existente y avanza hacia el interior del estado mediante tramos que conectan con Estación Manuel y Zaragoza, regiones que históricamente habían funcionado como nodos secundarios dentro del sistema carretero.
A partir del centro del estado, el corredor continúa su trazo hacia el norte mediante la modernización de carreteras ya existentes, hasta alcanzar los principales nodos fronterizos de Reynosa y Matamoros. Con ello se configura un eje continuo de movilidad de sur a norte que evita regresos al centro del país y reduce la dependencia de corredores saturados que tradicionalmente concentraban el flujo de mercancías. De acuerdo con información oficial, la longitud total del Corredor del Golfo Norte es de aproximadamente 503 kilómetros.
De esta cifra, cerca de 494 kilómetros corresponden a trabajos de ampliación, rehabilitación y modernización de tramos existentes, mientras que alrededor de 9 kilómetros son de nueva construcción, principalmente bajo especificaciones de cuatro carriles y diseño para tránsito pesado de largo recorrido. La inversión estimada para el desarrollo del corredor asciende a alrededor de 40 mil millones de pesos, bajo un esquema de recursos federales y estatales. Estos recursos se destinan a ampliación de carriles, fortalecimiento estructural de la carpeta asfáltica, modernización de entronques estratégicos, construcción de libramientos urbanos y adecuaciones para mejorar la seguridad vial.
El objetivo central del Corredor del Golfo Norte no es turístico ni de conectividad local, sino logístico y productivo. Su diseño responde a la necesidad de mover carga industrial, agroalimentaria y energética desde los puertos del Golfo de México hacia la frontera norte, y viceversa, en un contexto donde Tamaulipas concentra una parte relevante del comercio terrestre entre México y Estados Unidos.
De acuerdo con estimaciones técnicas de la autoridad federal, el corredor permitirá reducir los tiempos de traslado entre el sur y el norte del estado hasta en un 30 por ciento, además de disminuir costos logísticos asociados al consumo de combustible, mantenimiento vehicular y tiempos muertos derivados de la congestión urbana.
El proyecto incorpora también una lógica de seguridad vial y ordenamiento territorial. Al desviar el tránsito pesado de zonas metropolitanas y centros urbanos, se busca reducir accidentes, saturación vial y deterioro de vialidades locales, particularmente en áreas industriales, portuarias y aduaneras con alto flujo diario de transporte de carga. En términos económicos, la expectativa oficial es que el Corredor del Golfo Norte tenga un impacto acumulado de entre 1.5 y 2.2 por ciento en el Producto Interno Bruto estatal en el mediano plazo, al fortalecer cadenas de suministro, elevar la competitividad de parques industriales existentes y generar condiciones más favorables para la atracción de nuevas inversiones.
El mapa logístico del corredor, difundido por la SICT, muestra una decisión estructural de largo alcance. Tamaulipas deja de operar como un territorio de paso fragmentado y se consolida como un puente logístico entre el Golfo de México y la frontera norte, con un eje carretero continuo que articula puertos, zonas productivas, carreteras federales y cruces internacionales.
La carretera intercostera no sustituye a la vía costera histórica ni a los ejes tradicionales del estado, sino que los articula bajo una lógica de sistema. Se trata de una corrección a décadas de fragmentación territorial que limitaron el aprovechamiento económico de la posición estratégica de Tamaulipas dentro del mapa nacional.
Para el estado, el Corredor del Golfo Norte representa infraestructura como política económica se llevará a cabo para ordenar flujos productivos, reducir asimetrías regionales y reposicionar a Tamaulipas como uno de los principales nodos logísticos del país.




