El lenguaje agresivamente imperial del presidente Donald Trump al referirse a la herida abierta de la guerra de 1846-1848 que le arrebató a México la mitad de su territorio para agrandar la zona suroeste de EU se convirtió en el principal obstáculo para la renegociación del Tratado de Comercio Libre.
Con un texto oficial de 535 palabras que quedó registradó en los archivos históricos de la Casa Blanca, el presidente Trump redefinió el marco en las relaciones bilaterales que se había sido definido a nivel de comisiones gubernamentales en 1988 con el concepto de “El desafío de la interdependencia” y que había servido para preparar el inicio de las negociaciones para un tratado comercial bilateral –que luego sería entre tres países– con la decisión de los gobiernos del presidente Ronald Reagan y del presidente Miguel de la Madrid Hurtado y su sucesor Carlos Salinas de Gortari de darle la vuelta a la página bélica y olvidarse de la guerra de mediados del siglo XIX que mutiló la mitad del territorio mexicano.
El presidente Trump se vio más en modo de James K. Polk, quien diseñó en 1846 la operación de guerra fabricada contra México para primero engullirse Texas y después tomar el control territorial de Arizona y California y al noroeste a otros estados que pertenecían a México. El breve documento de Trump sobre la guerra de 1846-1848 enterró también el ejemplo liberal de Abraham Lincoln y su respeto a las relaciones internacionales.
Reagan y De la Madrid-Salinas de Gortari habían potenciado el funcionamiento de la Comisión sobre el Futuro de las Relaciones México Estados Unidos en 1986 para marcar un acercamiento que derivaría en la negociación 1990-1993 del Tratado de Comercio Libre entre las dos naciones, y luego Canadá. La Comisión era de carácter oficial, coordinada por la mexicana Rosario Green, quién sería canciller del Gobierno del presidente Zedillo, y por el prestigiado académico Peter H. Smith, autor de importantes estudios sobre la burocracia mexicana, sobre todo Los Laberintos del Poder.
Del lado mexicano estuvieron como comisionados: Héctor Aguilar Camín, Gilberto Borja, Juan José Bremer, Fernando Canales, Ernesto Fernández Hurtado, Carlos Fuentes, Mario Ojeda y Hugo B. Margain, entre otros. Del lado estadounidense participaron el alcalde Henry Cisneros, el presidente del buffet Kissinger asociados, una senadora de Kansas, Robert McNamara como expresidente del Banco Mundial y William Rogers.
El punto más importante de las conclusiones del documento –publicado como libro por el fondo de Cultura económica de México– se encuentra en las páginas 184 y 185: los mexicanos y estadounidenses aceptaron que las relaciones entre los dos países eran producto en “gran parte de malentendidos del público a lo inadecuado de las fuentes de información”, sobre todo la parte que tenía que ver con los rencores de México por la guerra de 1846-1848 y la mutilación ilegal del territorio mexicano.
Los comisionados estadounidenses insistieron y los mexicanos aceptaron que buena parte del resentimiento tenía una explicación histórica como herida abierta: “las percepciones de los mexicanos sobre su socio bilateral se basan en gran medida en fuentes y experiencias que también dan una imagen parcial o unilateral”, una frase demagógica que quiso ocultar la decisión de Washington de quitarle a México por la mala la mitad de su territorio.
Pero los comisionados mexicanos y estadounidenses también avalaron en aras del futuro Tratado que “aunque Estados Unidos recibe un tratamiento equilibrado en el libro de texto gratuito para la primaria que produce y distribuye la Secretaría de Educación Pública, los textos que se utilizan en secundaria son comerciales y frecuentemente contienen errores objetivos e imágenes unidimensionales de Estados Unidos”,
A partir de ahí, la Comisión oficial por parte de México aceptó modificar los libros de texto gratuito para borrar esa mala imagen de que Estados Unidos se había robado el territorio y todo en función de la integración comercial, y (página 153) tuvieron que reconocer que había aspectos nacionalistas de “la conciencia histórica de un pueblo (la guerra de mediados del siglo XIX, la invasión de EU y la heroica defensa de México) a la que deben corresponder todas las acciones de su política exterior y, particularmente sus relaciones bilaterales con su poderoso vecino del norte”.
Sin embargo, la negociación del Tratado por parte ya del presidente Salinas de Gortari abdicó de todo el enfoque histórico sobre la resistencia mexicana al expansionismo imperial de EU y firmó un Tratado que se ajustó más a loa orientaciones de la estrategia de seguridad nacional del embajador John Dimitri Negroponte: “desde una perspectiva de política exterior (de EU), un TCL institucionalidad la aceptación de una orientación estadounidense en las relaciones exteriores de México”.
En el Tratado firmado por Salinas de Gortari se encuentra la subordinación geopolítica y de seguridad nacional de México a los intereses expansionistas de EU. Y Trump viene por la segunda conquista vía el comercio con Tratado de Guadalupe-Hidalgo 2.0.
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