6 febrero, 2026

6 febrero, 2026

La vergüenza debe cambiar de bando

EN VISTO / DORA DE LA CRUZ

El abuso sexual, es el delito del silencio, porque no existe una estructura institucional, ni el personal debidamente capacitado en fiscalías; la primera ventanilla a donde acude la víctima, para que se atienda de forma profesional a quienes sufren esta terrible agresión, que deja secuelas emocionales para toda la vida, resulta inoperante, porque aparte, es un peregrinar por instancias y lo que viene después de la denuncia, no es la protección, es el cuestionamiento, la duda y el foco se desvía, minimizando a la víctima.

Esta es la historia de algunas víctimas de violencia sexual, a quienes se les investiga más a ellas que al agresor; el caso más reciente de las dos doctoras que fueron agredidas sexualmente en un hospital de la capital del estado, es un ejemplo claro de la impunidad de los delitos sexuales; fue a ellas a quienes incluso se les removió del trabajo, a otro hospital, no para protegerlas, sino revíctimizadas con el acoso que enfrentaban por haber denunciado; incluso en los pasillos de su centro de trabajo se armaron historias para desacreditarlas.

Esta semana, se volvió a poner sobre la mesa el tema de la violencia sexual con el lanzamiento de una nueva campaña nacional, desde la Secretaría de las Mujeres, en la que además de incluir acciones legislativas, como la homologación en del tipo penal de abuso sexual en todo el país, de 3 a 7 años de prisión, campañas de denuncias y capacitaciones a las fiscalías; parecería que se abre una hoja de ruta para que se atienda esta violencia, que ocurre con mucha más frecuencia de la que reflejan las cifras oficiales de las 32 fiscalías generales de justicia estatal del país.

La iniciativa se ha presentado precisamente en las 32 entidades federativas, que estarán aprobándolas este mismo año, sin embargo, el reto va más allá de la tipificación penal. La violencia sexual no solo se combate con leyes homologadas; hacen falta instituciones que no revictimicen, con fiscalías que no interroguen desde el prejuicio, que no “archiven” los expedientes y que la
sociedad que deje de preguntar “¿por qué estaba ahí?” y empiece a preguntar “¿quién la violentó?”

La campaña llega en un momento en el que denunciar violencia sexual, sigue siendo un acto de resistencia. Los ejemplos sobran: fiscalías donde todavía, hay personal que cuestionan cómo iba vestida la víctima, a qué hora salió, si bebió, si “se expuso”. La carga de la prueba, en los hechos, continúa recayendo sobre las mujeres.

Cualquier campaña, protocolo o reforma legal, corre el riesgo de quedarse en el discurso si no existe un cambio real. De poco sirven las acciones institucionales y las leyes cuando no se traducen en investigaciones serias, sanciones efectivas y un trato digno para las víctimas.

Hace más de 25 años, el abuso sexual ya era considerado delito; los mismos en que la impunidad y el silencio es la coincidencia en las víctimas, quienes denuncian abuso sexual y cargan con la vergüenza que debería estar del lado de los agresores.

Debemos exigir que todos los medios de comunicación, sociedad y autoridades, dejemos de avergonzar a las víctimas y traslademos esa vergüenza a los agresores y porqué no, también a las autoridades, por no cumplir con las víctimas .

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