8 febrero, 2026

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Archivos Epstein; entrada a un campo minado

Faljoritmo/Jorge Faljo

Las revelaciones del caso Epstein han generado un enorme escándalo que cimbra a gran parte de las elites de los Estados Unidos y de otros países. A fin de enero el departamento de justicia de los Estados Unidos reveló más de tres millones de documentos, incluidos más de dos mil videos y 180 mil fotos, todos relativos a la investigación sobre el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

Esta entrega fue incompleta y retrasada; la ley dictada por el congreso norteamericano y firmada por Trump establecía que debía entregar el total de los documentos, unos seis millones, el pasado 19 de diciembre. Esta entrega, hasta ahora parcial es el resultado de una intensa presión social y política sobre un gobierno que obstaculizó lo más que pudo revelar el contenido de tales archivos.

Antecedentes. En la década de los 90s, del siglo pasado, a partir de un origen modesto, Epstein se consolida como administrador de grandes capitales privados y se relaciona con figuras influyentes de la política, el empresariado y los medios En 2005 inicia la investigación policiaca sobre denuncias de abuso sexual de menores y en 2008 se declara culpable de delitos menores y cumple 13 meses en prisión.
Entre 2009 y 2017 diversas víctimas, las más notables eran niñas desde los 13 años que ahora son adultas, hicieron denuncias que fueron en general ignoradas. En 2018 investigaciones periodísticas revelaron irregularidades en el acuerdo judicial del 2008: trato privilegiado a Epstein, e inmunidad a otros personajes involucrados. A partir de entonces la presión publica que exige la revelación de los expedientes judiciales se incrementó notablemente. En agosto de 2019 Epstein muere en prisión en espera de ser juzgado, oficialmente se declara que fue un suicidio, mientras algunos señalan circunstancias sospechosas.

La revelación, hasta ahora parcial de los archivos del caso, fue el resultado de una constante y creciente presión popular que unió en un objetivo común a amplios sectores de la opinión pública con tres criticas confluyentes.

En primer lugar la indignación moral ante las acusaciones de pederastia que, si bien es generalizada, destaca la de los cristianos evangélicos que son esenciales en el apoyo a Trump. Se suman a las criticas los que exigen un sistema judicial eficiente y que trate con la igualdad debida a todos ante la ley. Finalmente están aquellos que interpretan el caso como evidencia de una red de poder oculta, conspirativa, que agrupa a las elites políticas, financieras, y mediáticas asociadas para controlar al país en su beneficio y en contra del interés popular.

Los millones de documentos revelan un trabajo minucioso, exhaustivo, durante años, para recopilar fotos y videos; todo tipo de comunicaciones; registro de contactos, de visitas, de viajes en aviones y yates privados, de visitas a la isla de Epstein. Al parecer nada se borraba y muchos son evidencias de actividades sexuales criminales, con menores, además de otras actividades ilegales y escandalosas. Son documentos generados de manera subrepticia, con cámaras ocultas por ejemplo, y archivos personales que crean la sospecha de que su objetivo fue comprometer, amenazar y chantajear.

Jeffrey Epstein no fue un mero individuo carismático, que actuaba en solitario. Fue el eje de convergencia de una operación organizada, prácticamente industrial en el sentido de una cadena de producción de evidencias comprometedoras. Es muy probable que haya contado con múltiples apoyos financieros, de capacidades de vigilancia, hasta de archivo. Toda una operación de “inteligencia”, es decir espionaje.

El modo de operación de Epstein fue entrar en contacto con las elites del mundo occidental y atraer a altos personajes a lugares donde podían dar rienda suelta a sus instintos más bajos. En particular a una de las Islas Vírgenes, que en este caso no les queda el nombre, llamada Little Saint James.

Acudieron como moscas a la miel seguramente con la idea equivocada que estarían en un entorno de máxima discreción que garantizaba su impunidad. Demasiado tarde se dieron cuenta que ocurrió todo lo contrario, fueron filmados, fotografiados; registradas sus entradas y salidas, archivadas sus comunicaciones.

En los registros realizados por Epstein se menciona a grandes empresarios de la talla de Elon Musk, Bill Gates, y Richard Branson, dueños de fortunas de miles de millones de dólares. A personajes de la realeza europea; a gente destacada en los medios como el cineasta Woody Allen. A dirigentes políticos como Donald Trump; su secretario de comercio Lutnick; el expresidente Bill Clinton; y lideres de otros países, actuales y del pasado; así como a destacados intelectuales y centenares de personajes destacados de todo el mundo.

Los archivos mencionan a miles de personas, muchas por actividades circunstanciales menores. Es decir que ser nombrado en tales expedientes no es prueba de un acto delictivo. Sin embargo las evidencias apuntan a la posible comisión masiva de delitos sexuales y de otros tipos por docenas o centenares de personajes de importancia económica y social.

El caso es que lo que se ha revelado responde ampliamente a las peores expectativas de los que sospechaban la existencia de una red de tráfico sexual de adultos y abuso sexual de menores; también de los que alegan que la ley trata de manera privilegiada a los poderosos al grado de intentar encubrir sus peores comportamientos y, finalmente se ajusta a las ideas de un entramado de relaciones elitistas que establece relaciones y acuerdos por debajo de la mesa que defraudan a la mayoría, es decir una conspiración de las elites.

Habría una vertiente adicional a explorar; la posibilidad de que Jeffrey Epstein haya sido operador de otro país que haya empleado su capacidad para amenazar en detrimento del interés nacional de los Estados Unidos. En otras palabras era posiblemente un espía y agente político que empleaba las más sucias artimañas en favor de dos posibles amos. Unos dicen que Rusia, otros que Israel. Algunos que los dos.

La revelación de millones de documentos y la espera de que salgan otros varios millones que posiblemente contengan incluso peores alegatos, es el fruto de la presión social, pero no un episodio final de una historia que supera a la más compleja ficción. Se ha destapado una gran olla de gusanos que no hará sino exacerbar la presión popular y política para investigar a fondo a docenas de milmillonarios, dirigentes políticos y similares. Aquí hay que partir de la presunción de inocencia; nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Pero la avalancha de evidencias asociada a nombres de pudientes y poderosos, más el empuje ciudadano, obligará a las autoridades judiciales a investigar y posiblemente muy a su pesar, a acusar y enjuiciar a señores de gran poder.

Es previsible un próximo gran enfrentamiento mediático, político y legal entre ciudadanía y elites que será como recorrer un peligroso campo minado.

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