Una joven que trabaja en una agencia de coches fue atropellada por una camioneta en la avenida Alfonso Reyes, al sur del municipio de Monterrey. Según testigos, la joven identificada como Ana ‘N’, de 30 años de edad, intentaba cruzar la avenida cuando fue embestida.
Fuentes extraoficiales hablan de que estaba sufriendo depresión posparto, una enfermedad real a la que no se le da la importancia que requiere. Muchos casos ni siquiera son diagnosticados, mucho menos atendidos.
En México, las cifras varían, pero se estima que entre el 6.6 % y el 24.6 % de las mujeres experimentan depresión posparto. Y la depresión posparto no solo es un estado de ánimo: al final es el cuerpo y las hormonas de una mujer que caen abruptamente después de dar a luz.
La privación del sueño y la sobrecarga del cuidado en soledad son factores que hacen que las mujeres lleguen a padecerla. La presión de la maternidad, en un 76 por ciento a nivel mundial, cae totalmente en la mujer, así como el trabajo no remunerado, el cuidado de otros y las labores del hogar.
En promedio, una mujer trabaja de 35 a 40 horas semanales en labores del hogar; el hombre, de 10 a 15. Según el INEGI, en hogares con niñas y niños pequeños, la madre suele ser la cuidadora principal en la mayoría de los casos.
La depresión posparto no se supera con optimismo forzado, sino con acciones concretas: tamizaje emocional en consultas posparto y pediátricas, acceso a psicoterapia perinatal y detección médica oportuna.
En el entorno cercano, implica corresponsabilidad real en los cuidados, descanso garantizado y redes de apoyo activas.
No necesita consejos, necesita apoyo. A nivel público y cultural, se requieren licencias efectivas, atención mental materna y dejar de romantizar el sacrificio para permitir que las mujeres pidan ayuda sin culpa.
Cuidar la salud mental materna no es un lujo ni un tema privado: es salud pública.
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