27 febrero, 2026

27 febrero, 2026

Energía pública, negocio privado

EN VOZ ALTA / PERLA RESÉNDEZ
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Lo que hoy revela la Secretaría de Energía de Tamaulipas no es un simple descuido administrativo: es el retrato de una forma de gobernar donde lo público financia y lo privado cosecha.
El parque fotovoltaico del Bicentenario, construido con recursos del Estado y entregado a una empresa particular para su operación, es el ejemplo perfecto de esa lógica perversa.
Desde 2016 el proyecto fue presentado como emblema de modernidad: 10 mil módulos, ahorro millonario, reducción de emisiones y hasta electrolineras. El discurso era impecable.
La realidad, en cambio, es opaca. No hay registros claros de contratos, no existen constancias de ingresos para el Estado y el mantenimiento simplemente no ocurrió. Paneles faltantes, generación mínima y beneficios inciertos. ¿Transición energética o transferencia de recursos?
El argumento de que “algo se ahorró” no resuelve el problema de fondo: si el Gobierno pagó la infraestructura, ¿por qué no controlaba la operación? ¿por qué no existen expedientes completos? La opacidad no es un error técnico; es una decisión política.
El caso del parque eólico demostrativo confirma el patrón. Inversión pública, registro a nombre de privados, falta de mantenimiento y, finalmente, desmontaje. Millones invertidos para terminar en fierros retirados una década después. Lo que debía ser símbolo de innovación terminó como monumento a la improvisación.
La transición energética es demasiado seria para convertirla en escaparate sexenal o en vehículo de negocios disfrazados de sustentabilidad. Si los proyectos verdes nacen sin transparencia, sin controles y sin rendición de cuentas, no son política pública: son simulación.
Hoy la administración actual plantea recuperar el control. Bien. Pero además del rescate técnico, urge una auditoría política y financiera, porque el verdadero daño no es solo energético; es institucional.
Cuando el dinero público no deja rastro y los beneficios no llegan a la población, lo que se erosiona no son los paneles solares, sino la confianza ciudadana. Y esa, a diferencia de la energía, no se puede regenerar con solo cambiar de administración.
perlamarialopez69@gmail.com

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