El Informe de Banxico correspondiente al primer trimestre de 2026 prevé un crecimiento del Producto Interno Bruto de 1.6 por ciento para el año. Este sería superior al 0.6 por ciento de crecimiento de 2025. Da la casualidad de que en el último trimestre de 2025 la economía creció al 1.6 por ciento anualizado y podría pensarse que Banxico espera con cierto optimismo que el dinamismo alcanzado al fin de 2025 se mantenga durante 2026.
Las cifras para el año pasado y el actual tienen una diferencia de calidad importante. El 0.6 por ciento del 2025 se refiere a lo ya ocurrido y es por ello más bien firme. La del 1.6 para el 2026 es una previsión con mayor nivel de incertidumbre y que tiende, como de costumbre al optimismo.
Nada que celebrar. El secretario de Hacienda Edgar Amador Zamora declaró que para 2025 había ominosos pronósticos, aunque no los oficiales y al final hubo un crecimiento modesto, por debajo de lo que necesitamos y queremos. Destacó no obstante, la capacidad del sector industrial mexicano para posicionarse como mejor comprador y vendedor a los Estados Unidos. Señaló la importancia de impulsar proyectos y señaló que por cada dólar que se exporta alrededor de 51 centavos se producen en el país y, si esta cifra se logra aumentar en 10 centavos de dólar se podría incrementar el PIB en alrededor de 1.5 puntos porcentuales de manera permanente.
La propuesta de Amador implica reducir los 49 centavos de insumos importados a 39 centavos por dólar exportado; se trata de substituir alrededor del 20 por ciento de los elementos que participan en la elaboración de los productos que exportamos.
Mucho se celebra el nivel récord alcanzado de Inversión Extranjera Directa. Sin embargo el grueso de esa IED es reinversión de las ganancias obtenidas en México para la ampliación o mejora de plantas ya existentes. La inversión requerida para substituir el 20 por ciento de los insumos debe considerar que estos insumos son los de mayor complejidad tecnológica y requerirían altos niveles de nuevas inversiones asociadas a nuevas plantas y procesos productivos. En 2025 el volumen de nuevas inversiones fue de 7.4 mil millones de dólares (mmd), bastante más alto que los 3.2 mmd de 2024 pero mucho menos que los 17 mmd de 2022, los 13.8 mmd de 2021 o los 12.8 mmd de 2019. Es decir que el efecto nearshoring es mucho menor a lo que se esperaba en el último par de años.
Es dudoso que ocurra un nivel de nueva inversión que aporte lo suficiente para el nivel de substitución que plantea el secretario Amador. A la mente vienen dos anuncios de inversión celebrados al nivel de foto con la presidenta Sheinbaum; la inversión de 1 mil 300 millones de dólares anunciados por Pilgrims para producir pollo y huevo y la de 6 mil millones de dólares para mejorar las instalaciones de Coca Cola. No las critico, pero no son el tipo de inversión que substituya insumos para la exportación, como no lo son la compra de Iberdrola, la de Walt Mart o la de banco BBVA.
Banxico no comparte el optimismo de Hacienda. Según el Informe mencionado la inversión permanecerá débil al menos hasta el segundo semestre de 2026 dada la incertidumbre en la relación comercial con los Estados Unidos, y la revisión del T-MEC. Para Banxico lo esperado es consolidar una red manufacturera entre México y Estados Unidos más resiliente. Este último es un término que se refiere más a capacidad de resistencia ante la adversidad, en particular un entorno internacional volátil.
En algo concuerdan Hacienda y Banxico, ambos cifran la expectativa de crecimiento, más bien mediocre que dinámico, en la relación con los Estados Unidos. La prioridad es incrementar el componente nacional de las exportaciones o, simplemente que el sector globalizado de la industria resista.
Todo apunta a la continuidad de un desempeño económico gris en el que una buena noticia es que la pobreza laboral disminuyó a un 32.3 por ciento de los trabajadores, lo que provocó, y esto es una cita textual, “que más trabajadores cuenten con ingresos suficientes para alimentar a todos los integrantes de su hogar”. Solo que la tercera parte de los trabajadores todavía no tienen el ingreso suficiente para adquirir la canasta alimentaria y se apoyan, los que pueden, en remesas y programas sociales. Otra buena noticia es que el salario mínimo ya es equivalente al 72 por ciento del de 1977.
Una mala es que en este enero se perdieron 705 mil empleos, en su mayoría formales y equivalentes al 66 por ciento de todos los empleos creados en 2025. Vista desde la perspectiva del empleo y bienestar de los mexicanos, una manufactura exportadora resiliente no tiene mucho que ofrecer; incluso lograr un 20 por ciento de substitución de insumos industriales importados no resolvería el problema del empleo, los bajos salarios y la informalidad, es decir sobrevivir como sea.
Hay que pensar desde otra perspectiva; distinta a la de la globalización que va en declive. Es vital recuperar capacidades internas asociadas al consumo mayoritario. De acuerdo con el INEGI del 2018 al fin de 2025 el volumen físico de la fabricación de prendas de vestir se redujo en 36.2 por ciento; el de productos de cuero y piel (digamos zapatos) cayó en 35.5 por ciento; la industria de la madera en 26.6 por ciento; productos metálicos en 10 por ciento y muebles y colchones en 4.8 por ciento.
Son ejemplo de sectores de la producción donde existen posibilidades de reactivación con instalaciones, equipos y saberes ya existentes. Reactivarlos no necesita inversión extranjera ni tampoco mucha de la nacional; requiere sobre todo el factor esencial de toda producción: que haya demanda.
Si se les acerca demanda la mera recuperación de lo que ya existía hace siete años, implica altos crecimientos de la producción, del empleo y de los ingresos de muchos más trabajadores de los que podrían ser contratados con nueva inversión externa.
Son sectores a los que no se les da importancia, pero que constituyen la verdadera salida posible ante el estancamiento empobrecedor que vive el país. Acercarles demanda requiere una o más de las siguientes medidas: un comercio externo administrado y/o una moneda competitiva y/o un nuevo enfoque en el manejo de las transferencias sociales. Son medidas que no entran en conflicto con el sector exportador, pero si obligan a un cambio de prioridades.
Hay que hacerlo antes de que sea demasiado tarde.




