13 abril, 2026

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CATALEJOS / MIGUEL DOMINGUEZ FLORES

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La cuera y el Estado

POR: MIGUEL DOMÍNGUEZ FLORES

La defensa de la identidad cultural de una comunidad requiere que el Estado intervenga con herramientas precisas cuando existe riesgo de apropiación, dilución o despojo. Ese es el argumento de fondo detrás de figuras como la Indicación Geográfica: la tradición, cuando no está protegida, es vulnerable. Y su vulnerabilidad no es abstracta: se traduce en pérdida de ingresos para los artesanos que la sostienen, en competencia desleal de productos que usan el nombre sin cumplir los estándares, y en el debilitamiento gradual del vínculo entre un territorio y lo que produce.
El Estado mexicano tiene una deuda histórica en esta materia. México es uno de los países con mayor diversidad de expresiones culturales con potencial de protección geográfica, y sin embargo el número de indicaciones geográficas registradas sigue siendo modesto frente a naciones con tradiciones artesanales menos ricas pero con mayor capacidad institucional para blindarlas.
La Cuera Tamaulipeca tiene ahora un respaldo jurídico que, hasta hace unos días, no tenía. La declaratoria de Indicación Geográfica emitida por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial convierte a esta prenda en un bien protegido: solo puede producirse bajo los estándares que define su propia comunidad artesanal, su nombre no puede apropiarse libremente y el valor económico que genera queda anclado al territorio donde nació.
Es la primera protección de este tipo otorgada a un producto originario de Tamaulipas. El dato no es menor.
Las indicaciones geográficas son instrumentos de propiedad industrial con consecuencias concretas. El Champagne, el Tequila, el Parmigiano-Reggiano y el Mezcal son ejemplos de productos cuya identidad territorial fue convertida en activo económico mediante mecanismos similares. La protección no es un reconocimiento simbólico: es una barrera legal contra la imitación, una plataforma de acceso a mercados especializados y una garantía de que quien produce auténticamente no compite en desventaja frente a quien replica sin restricción.
En el caso de la cuera, el instrumento llega tarde —la prenda lleva siglos identificando a Tamaulipas— pero llega. Y su importancia trasciende el objeto en sí.
La cuera tamaulipeca no es un caso aislado. Es un recordatorio de que existen en el estado —y en el país— otras expresiones, otros productos, otras tradiciones que esperan el mismo reconocimiento.

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