Estados Unidos e Israel atacaron a Irán en un contexto confuso de exigencias, circunstancias, objetivos y naturaleza del ataque. Atacaron en plenas negociaciones donde escalaban sus exigencias demostrando que la intención era acumular fuerzas militares mientras se daba la impresión de que había posibilidades de evitar el conflicto. Según Pete Hegseth, el secretario de guerra, Estados Unidos atacó en seguimiento a Israel. Poco después la vocera de la Casa Blanca aclaró que Trump “sintió” que Irán atacaría y decidió adelantarse.
El objetivo inicial declarado era que Irán se comprometiera a nunca desarrollar una bomba atómica. Pero asesinaron al Ayatola que durante décadas impidió, por decreto religioso, que su país desarrollara bombas nucleares. Ahora el objetivo es la rendición incondicional de Irán, el cambio de gobierno y Trump dice que el decidirá cual será el nuevo líder supremo de Irán.
La agresión inicial contra Irán tenía por objetivo decapitar a su cúpula religiosa, política y militar y tuvo éxito. Incluso más allá de la intención de Trump que declaró que murieron la primera y segunda ola de reemplazos entre los que estaban aquellos con los que tenía la intención de llegar a un acuerdo tipo Venezuela; es decir que entre ellos surgiera la Delcy que substituyó a Maduro. Pero ahora Trump tiene que tratar con desconocidos.
Antes del ataque Witkoff, el amigo sionista de Trump que opera como su gran negociador personal, dijo que estaban sorprendidos de que Irán no hubiera capitulado ante el gran despliegue de la armada norteamericana. La idea era que se repetiría lo sucedido en la guerra de los 12 días de junio pasado; golpear y salir declarando victoria.
Pero mientras en Estados Unidos se discute si esto es una mera operación militar o una guerra en forma, iniciada en contra de la constitución del país, el hecho es que se ha entrado en un conflicto de larga duración.
La muerte Ayatola indigna a 190 millones de musulmanes chiitas y posiblemente a muchos de los mil 800 millones de musulmanes sunitas, ambas corrientes distribuidas en numerosos países. Lo peor posiblemente haya sido la muerte de 185 niñas de una escuela secundaria y 20 muchachas jugadoras de voleibol en un gimnasio. Se inicio así un ataque a la población civil en el estilo israelita empleado en Gaza: arrasar hospitales, escuelas, edificios con la idea de que la población se volvería en contra de su gobierno. Pero no ha ocurrido en Gaza y nada indica que vaya a ocurrir en Irán.
Israel dice que matará a cualquier nueva dirigencia religiosa y política que surja. Mientras que Trump parece realmente pensar en gobernar a distancia el país, Israel se inclina por la destrucción irreversible y el desmembramiento. Cerca del 60 por ciento de la población de Irán es persa; el otro 40 por ciento son minorías étnicas, kurdos, baluchis, azeries, turcomanos concentradas en regiones periféricas. Israel promueve su independencia.
El poderío militar conjunto de Estados Unidos e Israel es muy superior; tienen dominio aéreo y la destrucción que hace en las principales ciudades de Irán es atroz. Pero Irán dispersó en todo su gran territorio montañoso de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, numerosas drones y misiles en túneles y descentralizó las decisiones de sus mandos militares. Así que a pesar de todo es capaz de responder lanzando drones y misiles contra las bases militares de los Estados Unidos, las propiedades de la familia Trump e incluso los hoteles a los que fueron evacuados los soldados de las bases. Y claro está también contra Israel.
No se sabe que tanta es la destrucción dentro de Israel; su censura es fuerte. No obstante algunas fotos y videos se filtran al exterior y parece que sus daños podrían ser cuantiosos.
A favor de Irán operan varios factores. Para Irán la definición de victoria es meramente sobrevivir. Para Estados Unidos es controlar su gobierno; mientras que para Israel se trata de reducir a polvo a Irán y a todo su entorno. Para ello al parecer recurre a ataques de falsa bandera como en el caso de la base británica en Chipre, el ataque a Azerbaiyán y varios otros que Irán afirma que no fueron suyos.
Es posible Irán que logre sobrevivir. Desde una perspectiva económica el costo es enorme para Estados Unidos, algunos congresistas calculan que se han gastado 6 mil millones de dólares en la primera semana de guerra.
Estados Unidos e Israel necesitan una victoria rápida; a pesar de su gran acumulación de armas los antimisiles se pueden agotar en pocas semanas y ya dejan pasar muchos de los drones. Irán está de momento lanzando sus drones y misiles más viejos y baratos. Detener un dron de 50 mil dólares requiere antimisiles que cuestan millones de dólares. E Irán sostiene que todavía le quedan los misiles más modernos y poderosos que empleará cuando las defensas de los demás estén ya muy bajas. Es decir que le apuesta a una guerra prolongada en la que su población ya sufre mucho pero aguanta; mientras que los israelitas y la rica población de las monarquías petroleras no están acostumbradas al sufrimiento.
El objetivo de fondo, el no declarado abiertamente, parece ser el intento norteamericano de controlar los recursos petroleros del medio oriente. No bastan los de Venezuela. Con ese control dominaría las decisiones políticas de Japón, Corea del Sur, India, Pakistán, Filipinas y cercaría a China.
Irán es una barrera defensiva de Rusia y China y destruirlo acaba con el surgimiento de los países BRICS que amenazan al dominio hegemónico norteamericano. El surgimiento de un mundo multipolar no es aceptable para Washington. Si este es el juego de fondo la guerra será de largo plazo porque Irán es indispensable tanto para Estados Unidos como para Rusia y China. Y las consecuencias serán muy graves para todo el mundo.
Hay destrucción directa en todos los países que rodean el golfo pérsico. La elevación en marcha de los energéticos y fertilizantes empieza a golpear a la población europea y norteamericana y será negativa para la producción de alimentos en todas partes.
Pero la apuesta y los riesgos son gigantescos. Si la guerra escala y se prolonga las consecuencias financieras pueden ser desastrosas. Durante décadas las petro monarquías se enriquecieron en exceso e invirtieron sus riquezas en valores financieros en Estados Unidos. Si dejan de tener ingresos van a tener que empezar a retirar inversiones financieras para mantener un estándar de consumo en el que prácticamente todo es importado. Un pánico financiero podría tener consecuencias como las de la Gran Depresión del 2008 en que millones perdieron sus empleos y casas en Estados Unidos y en todo el mundo.
Pero el extremo del desastre posible es que Israel decida atacar con bombas nucleares. Aplicaría su pregonada opción Sansón, aquel que según la biblia destruyó las columnas del templo y se enterró a si mismo con todos los demás.
Aunque a la mayoría nos resulte incomprensible, coma para muchos esta es efectivamente una guerra de religiones y hay fanáticos infiltrados en las estructuras políticas y militares de Israel y Estados Unidos que favorecen la llegada del Armagedón, la batalla final entre el bien y el mal, tras la cual se establecerá el reino de dios en la tierra y los buenos serán llevados al cielo. Es tiempo de locuras.




