El 28 de febrero Trump e Israel atacaron a Irán en plenas negociaciones; igual que lo hicieron el año pasado. Envalentonado por varias pequeñas victorias, ataques de pega y corre, Trump se propuso, junto con Israel, otro conflicto chiquito del que saldría victorioso en cuatro días, justo cuando los israelitas tendrían una victoria bíblica que celebrar.
Previó al ataque hubo una intensa campaña propagandística contra el gobierno de Irán mediante la red StarLink (de Elon Musk) y numerosos infiltrados consiguieron provocar manifestaciones y desmanes muy violentos. Trump convocó al pueblo iraní a derrumbar a su gobierno y dijo que atacaría para defender a los manifestantes. Pero la aparente rebelión se apagó cuando el gobierno de Irán logró bloquear la red StarLink.
Anteriormente Trump había declarado que sus decisiones no tienen más limite que su propia moral; es decir nada. Así que no tuvo empacho en iniciar una guerra contraria al derecho internacional y a la Constitución de los Estados Unidos. Repitió el numerito de negociar mientras acumulaba grandes fuerzas militares que se traducían en exigencias crecientes. Irán aceptó lo que parecía la exigencia central, la garantía total de que nunca desarrollaría una bomba nuclear. Un compromiso muy aceptable dado que el Ayatola Jamenei había decretado que era pecado que Irán tuviera bombas nucleares o químicas.
Tan confiados estaban en su impresionante poderío militar que, Witkoff, su amigo milmillonario y enviado personal declaró que Trump se sorprendió de que Irán no capitulara ante la amenaza que representaban dos portaviones, una gran flota naval y un gran arsenal acumulado en las bases militares norteamericanas de la región.
Pero Irán no se dejó impresionar y puso limites inflexibles a las negociaciones en marcha. Aceptó deshacerse de su uranio y de los equipos que podrían ser empleados para fabricar una bomba atómica; aceptó inspecciones rigurosas. Pero se negó a entregar sus misiles y quedar indefenso.
El ataque del 28 de febrero fue exitoso, mataron a una cuarentena de los más importantes dirigentes militares, políticos y al líder religioso del país, que además es líder de 190 millones de musulmanes chiitas dentro y fuera de Irán.
En una de sus agresiones un misil norteamericano, ahora se sabe con certeza, asesinó a unas 165 niñas, a sus maestras y a un número indeterminado de rescatistas. El ataque fue de doble golpe, un segundo misil llegó a exactamente el mismo sitio 40 minutos después cuando se habían reunido numerosas personas intentando ayudar a las niñas y maestras heridas.
En Estados Unidos 46 congresistas demócratas dirigieron una carta al secretario de guerra Hegseth diciendo que Estados Unidos e Israel deben cumplir con la ley norteamericana y el derecho internacional y evitar el daño a la población civil. Piden una investigación rápida, hacer públicos los resultados y exigir responsabilidades.
Trump había dicho que haría ataques selectivos esperando que su contraparte también fuera selectiva. Es decir una pelea arreglada que tras un intercambio de golpes equivalentes permitiera un rápido cese al fuego en medio de la insurrección del pueblo iraní.
Sin embargo el gobierno de Irán ya había advertido que esta vez no entraría al juego interminable de ser atacado para rápidamente aceptar un cese al fuego que tras unos meses no sería respetado. Tras décadas de ataques y periodos intermitentes de cese al fuego en esta ocasión Irán hizo lo que advirtió; respondió con toda su capacidad militar, dispuesto a absorber un enorme sacrificio pero decidido a jugarse el todo por el todo.
Irán está siendo devastado de manera horripilante; sus hospitales, escuelas y sitios culturales con miles de años de historia son arrasados. A diferencia de Israel que oculta sus heridas Irán las exhibe para que todo el mundo sea testigo. Pero eso no le impide atacar y destruir las bases militares norteamericanas, mantener a raya a la flota naval y escalar el conflicto.
Trump anunció que la guerra terminará muy pronto; exigió la rendición incondicional de Irán y participar en la elección del nuevo líder supremo religioso. Dice que ya bombardeó y destruyó todo lo que quería destruir y ha intentado entrar en dialogo con los iranies por intermediación de Italia y Rusia; es evidente que quiere retirarse.
Pero Irán rehúsa nuevas negociaciones y dice que sus represalias continuarán. Para responder preparó numerosas instalaciones subterráneas dispersas en todo su territorio y una estructura de mando altamente descentralizada. Al parecer Estados Unidos e Israel agotarán sus defensas antimisiles antes de que Irán agote sus misiles de nueva generación que también le causan graves daños a Israel.
Trump perdió el control y ahora la guerra terminará hasta que Irán lo decida. Y a pesar de que esta siendo destruido mantiene su capacidad de ataque y ha conseguido mantener cerrado el estrecho de Ormuz por donde necesitan pasar el petróleo, gas, fertilizantes, aluminio y otros productos de la región que son indispensables para el buen funcionamiento de la economía mundial.
El gobierno civil de Irán exige garantías de que nunca más volverá a ser atacado; el fin de las sanciones que ahorcan su economía, libertad para desarrollar el uso pacífico de la energía nuclear y una compensación por los daños causados. Algo que sin duda el gobierno de Trump no aceptará.
Hay que añadir que el nuevo supremo líder religioso pide otra cosa; le mataron a su padre, esposa, al parecer un hijo, a su hermana y otros familiares; asesinaron niñas de 7 a 12 años de edad, a un equipo de voleibol femenil y el país esta semidestruido. Lo que pide es venganza y el será quien decida hasta qué punto será suficiente. La perspectiva es una guerra prolongada con enormes costos en vidas humanas y destrucción para todas las partes de la región.
Mientras más tiempo pasa mayores serán las consecuencias indeseables para Trump: aliados que se sienten traicionados, el pueblo norteamericano cada vez más enojado, países árabes que ahora se dan cuenta que las bases militares son para defender a Israel pero para ellos representan inseguridad y graves daños. Es dudoso que acepten reconstruirlas.
El aumento del precio del petróleo y gas golpean la economía de Europa. La destrucción de instalaciones petroleras y gasíferas harán que la recuperación de la producción tarde meses, tal vez años, a pesar de que el estrecho de Ormuz sea reabierto. La reducción en aproximadamente 20 por ciento de la oferta global de fertilizantes se traducirá en un mayor precio que impactará el precio de los alimentos en todo el mundo.
Salir del atolladero no será fácil; Trump está entrampado en el lodazal que el mismo creó.




