POR NORA MARIANELA GARCIA RODRIGUEZ
Expreso-La Razón
La migración de tamaulipecos hacia Estados Unidos constituye uno de los fenómenos sociales más constantes en la historia del estado; durante más de un siglo miles de habitantes han cruzado la frontera impulsados por la búsqueda de empleo, mejores ingresos y oportunidades que en muchas comunidades de origen simplemente no existían.
Hoy esa migración se ha transformado en una diáspora estimada en medio millón de personas nacidas en Tamaulipas que residen en Estados Unidos, cifra que aumenta cuando se suman hijos y nietos de migrantes ya establecidos en ciudades estadounidenses; el fenómeno no solo refleja un movimiento poblacional, también describe un sistema económico y social que conecta a Tamaulipas con Estados Unidos, con Texas como epicentro de esa relación histórica.
La migración tamaulipeca hacia Estados Unidos tiene raíces que se remontan a las primeras décadas del siglo XX; la cercanía geográfica con Texas facilitó durante años el desplazamiento de trabajadores agrícolas y jornaleros que cruzaban temporalmente en busca de empleo antes de que existiera un marco legal que regulara ese tránsito.
Después de la Revolución Mexicana ese flujo comenzó a consolidarse como una práctica recurrente transmitida de generación en generación dentro de familias de distintas regiones del estado; la migración se intensificó de manera decisiva durante el Programa Bracero, vigente entre 1942 y 1964, mediante el cual cientos de miles de trabajadores mexicanos fueron contratados para labores agrícolas en Estados Unidos.
De esos primeros desplazamientos surgieron las llamadas cadenas migratorias; procesos mediante los cuales los primeros migrantes facilitaron el traslado de familiares y conocidos, formando comunidades con raíces tamaulipecas en diversas ciudades estadounidenses.
México cuenta actualmente con una de las comunidades migrantes más grandes del mundo radicadas en Estados Unidos; de acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas 2024 elaborado por el Consejo Nacional de Población y BBVA Research, alrededor de 12 millones de mexicanos de primera generación residen actualmente en territorio estadounidense.
Si se incluyen a los descendientes de segunda y tercera generación que se identifican como mexicanos, la cifra total supera los 39.9 millones de personas; dentro de ese universo migratorio, Tamaulipas no se encuentra entre los principales estados expulsadores, pero mantiene un flujo constante vinculado a su posición geográfica y a redes migratorias consolidadas.
El Instituto Tamaulipeco para los Migrantes estima en 500 mil las personas nacidas en el estado que residen actualmente en Estados Unidos; si se suman hijos y nietos de esos migrantes, la población de origen tamaulipeco en ese país podría superar las 800 mil personas.
Dentro del estado existe una región que históricamente ha presentado mayores niveles de emigración: el altiplano tamaulipeco; municipios como Tula, Jaumave, Bustamante, Palmillas y Miquihuana han desarrollado durante décadas una cultura migratoria arraigada que atraviesa prácticamente todas las familias de esas comunidades.
En muchas localidades rurales es común encontrar hogares donde uno o varios integrantes trabajan o han trabajado en Estados Unidos; las causas están asociadas a la estructura económica de la zona: escasas oportunidades laborales, limitada actividad industrial, agricultura de baja productividad y ausencia de alternativas de ingreso.
La migración en el altiplano no es un fenómeno coyuntural sino una estrategia de subsistencia transmitida de generación en generación durante más de ocho décadas.
Las ciudades fronterizas de Tamaulipas también participan activamente en el flujo migratorio aunque bajo dinámicas distintas; municipios como Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo concentran los principales puntos de cruce internacional del estado y mantienen redes migratorias hacia Texas.
En estos casos muchos trabajadores buscan empleos en sectores industriales, logísticos o de servicios en Estados Unidos donde los salarios pueden llegar a ser hasta catorce veces superiores para el mismo nivel educativo según el Anuario de Migración y Remesas.
La zona sur del estado también contribuye al flujo migratorio; de acuerdo con el Instituto Tamaulipeco para los Migrantes, Tampico y El Mante son municipios con importantes niveles de emigración hacia Estados Unidos, con destinos que incluyen Texas, Florida, Georgia, Carolina del Norte e Illinois.
El destino predominante de los migrantes tamaulipecos sigue siendo Texas; más del 60 por ciento de quienes viven en Estados Unidos se concentran en ese estado particularmente en ciudades como Houston, Dallas, San Antonio, Austin y McAllen.
Houston destaca como uno de los principales centros de población migrante del noreste mexicano con comunidades tamaulipecas establecidas desde hace décadas.
Cada diciembre cerca de 75 mil tamaulipecos radicados en Estados Unidos regresan al estado para reunirse con sus familias; el resto, alrededor del 85 por ciento, no puede hacerlo debido a su condición migratoria irregular que les impediría volver a ingresar a territorio estadounidense.
La migración tamaulipeca no es homogénea y responde a distintos perfiles laborales; el Anuario de Migración y Remesas señala que el ingreso promedio anual de un migrante mexicano en Estados Unidos era de 25,570 dólares en 2023.
Entre los hombres migrantes cerca del 31 por ciento trabaja en el sector de la construcción, mientras que las mujeres se insertan principalmente en servicios educativos y de salud.
Otra tendencia relevante es el envejecimiento de la comunidad migrante; la edad mediana de los hombres migrantes mexicanos pasó de 30 años en 1995 a 44 años en 2022, lo que refleja que muchos migrantes llevan décadas radicados en Estados Unidos.
Uno de los impactos más visibles de la migración es el envío de remesas; en 2021 Tamaulipas alcanzó su máximo histórico con 1,151.6 millones de dólares recibidos desde Estados Unidos según datos del Banco de México.
Posteriormente comenzó una tendencia descendente; en 2023 el estado recibió 1,100 millones de dólares mientras que en 2024 las remesas sumaron 1,016 millones, una caída cercana al siete por ciento.
Las remesas representan aproximadamente el 11.5 por ciento de lo que los migrantes tamaulipecos producen con su trabajo en Estados Unidos; esto significa que si en 2024 se enviaron poco más de mil millones de dólares, la producción laboral total de tamaulipecos en ese país podría superar los nueve mil millones de dólares anuales.
El impacto local de estas transferencias se refleja en los hogares; se estima que alrededor de 230 mil familias tamaulipecas reciben remesas de manera regular.
La zona sur del estado —Tampico, Ciudad Madero y Altamira— concentra el mayor número de hogares receptores.
Los recursos enviados desde Estados Unidos se destinan principalmente al consumo familiar, construcción o mejora de vivienda, educación de hijos y pequeños negocios familiares; en comunidades rurales del altiplano las remesas constituyen el principal ingreso monetario del hogar.
En el contexto nacional Tamaulipas ocupa actualmente el lugar veinte entre las 32 entidades del país en recepción de remesas según el Banco de México; los estados que encabezan este indicador son Michoacán, Guanajuato y Jalisco donde las remesas representan entre el 10 y el 16 por ciento del Producto Interno Bruto estatal.
A nivel nacional México recibió en 2024 un total de 64,745 millones de dólares en remesas consolidándose como el segundo receptor mundial después de India según el Banco de México.
El inicio del segundo gobierno de Donald Trump introdujo nuevas incertidumbres para las familias migrantes; entre enero y agosto de 2025 las remesas enviadas a Tamaulipas registraron una caída cercana al cuatro por ciento.
Parte de esa contracción se atribuye al temor de los migrantes a desplazarse para trabajar ante operativos y redadas migratorias en distintas ciudades estadounidenses.
Las 230 mil familias receptoras en Tamaulipas viven con la incertidumbre permanente de posibles deportaciones; en 2025 se registraron alrededor de 40 mil deportaciones por la frontera tamaulipeca, cifra inferior a las 50 mil registradas en 2024.
Entre los casos atendidos por el Instituto Tamaulipeco para los Migrantes durante 2025 se documentaron 14 padres tamaulipecos deportados que quedaron separados de sus hijos nacidos en Estados Unidos.
La migración tamaulipeca hacia Estados Unidos es un fenómeno estructural que atraviesa la historia económica y social del estado; durante más de un siglo las redes migratorias se han consolidado, los destinos se han diversificado y las remesas se han convertido en uno de los pilares de la economía familiar.
Las diferencias salariales, la cercanía geográfica y las redes familiares seguirán alimentando ese flujo en los próximos años; para 230 mil hogares tamaulipecos el dinero enviado desde ciudades como Houston, Dallas o San Antonio seguirá siendo una fuente fundamental de ingreso.
Tamaulipas y Texas permanecen vinculados por historia, por geografía y por el trabajo de medio millón de tamaulipecos que cada mes depositan una parte de su salario para sostener hogares a cientos de kilómetros de distancia.




