El miércoles pasado Israel elevó el nivel del conflicto en medio oriente al atacar las instalaciones iranies del principal yacimiento de gas del mundo, cuya explotación comparte con Catar. Irán, como lo había advertido, reaccionó atacando las instalaciones petroleras y gasíferas de Israel y los países cómplices del ataque inicial.
Lo que era un problema de transporte, el paso por el estrecho de Ormuz ahora controlado por Irán, se convirtió en un problema mucho peor. Un problema de interrupción de la producción. Ahora, incluso si se abre el paso por el estrecho, las exportaciones se verán limitadas por la insuficiente producción. La que tardara años en recuperarse incluso en condiciones de paz.
La atención mundial se ha centrado en el aumento del petróleo y no es para menos. Es el insumo energético más visible en los titulares de los medios y en los reportes financieros. Sin embargo, otro insumo menos visible, más silencioso, es potencialmente más determinante para la vida cotidiana y para el futuro de cientos de millones de habitantes del planeta: los fertilizantes. La diferencia es crucial. El petróleo afecta el transporte y la energía; el fertilizante afecta directamente la producción de alimentos. Lo que está en juego no es solo la inflación, sino la seguridad alimentaria de cientos de millones.
El conflicto impacta el abasto y precio del gas natural que es el insumo esencial para la producción de amoniaco, de ahí la urea y los fertilizantes nitrogenados. En cuestión de días, el precio internacional de la urea —el fertilizante nitrogenado más utilizado— ha pasado de niveles inferiores a 425 dólares por tonelada a más de 600 dólares. Cerca del 34 por ciento del comercio marítimo mundial de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción, encarecimiento de seguros, desvío de rutas o retrasos en el transporte impacta no solo el precio, sino la disponibilidad. Y la agricultura requiere disponibilidad oportuna.
El resultado es una tormenta perfecta: fertilizantes más caros, más difíciles de transportar, mercados más tensos y un alto nivel de incertidumbre en cuanto a la duración y escalamiento de la guerra. Incluso un cese al fuego inmediato, que no está a la vista, no permitiría la reanudación inmediata de la producción y las exportaciones.
Algunos gobiernos no están esperando a ver qué ocurre. India y Brasil se apresuran a contratar nuevos proveedores, priorizan la producción interna de fertilizantes y procuran ajustes técnicos para su mejor aprovechamiento. China ha restringido sus exportaciones de fertilizantes para asegurar el abasto interno. La Unión Europea subsidia a los productores de fertilizantes para mantener las plantas operando a pesar del mayor costo energético. Estos y otros países están reaccionando con rapidez.
México es particularmente sensible al riesgo que se ha generado a nivel global. El documento oficial del Programa de Fertilizantes 2026 señala que 59 por ciento de los hogares de México no tienen acceso a una alimentación adecuada en cantidad y calidad, lo que ya es un mal punto de partida.
México importa entre 60% y 70% de los fertilizantes que utiliza, y en el caso de la urea, que es particularmente importante en la producción de maíz y trigo, la dependencia de las importaciones llega a 70%–80%. El documento mencionado señala que la mayoría de los productores identifica el alto costo de los insumos como su principal problema, y que el fertilizante puede representar entre 30% y 50% del costo de producción en cultivos básicos.
Para México la cadena de producción es evidente: gas- fertilizante – maíz – tortilla – alimentación de la mayoría. Si el precio del fertilizante sube los productores tienden a reducir su uso, o incluso podrían no sembrar. Si a esto se suma energía y transporte encarecidos el impacto puede ser notable.
Un aumento en el precio de la tortilla podría empujar a cientos de miles de hogares a la inseguridad alimentaria y agravar la situación del casi 60 por ciento que no accede a alimentos en calidad y cantidad suficiente.
El jueves la presidenta Sheinbaum dijo que no se esperaba que el precio del fertilizante se disparara en 60 por ciento. Ella lo tiene presente pero en general los medios y el público no parecen darse cuenta. Lo esencial es definir una estrategia de prevención del riesgo de aplicación inmediata.
Lo primero es asegurar el suministro. No se trata de comprar barato; hay que comprar ahora. El riesgo es que el precio suba y que más adelante no llegue de manera oportuna. Hay que construir una reserva operativa para el próximo y los siguientes ciclos agrícolas. En el mediano plazo se debe impulsar la producción interna.
Hay que administrar su distribución, evitar la especulación y establecer como prioridad la producción de maíz, frijol y arroz para consumo humano directo. Se requiere crédito a la producción y la compra de insumos. Es necesario promover el mejor aprovechamiento técnico posible, reduciendo los desperdicios que llegan al mar para fertilizar la producción de sargazo.
Si se suma todo, la propuesta es fuerte; tiene que serlo. Hay que nacionalizar, de la mano con las organizaciones de productores, campesinos y comerciales, la estrategia de producción de granos básicos para consumo humano. Requerimos un estado fuerte, con recursos suficientes para enfrentar situaciones emergentes de alto riesgo, que actúe como aliado de los productores. No todo es TMEC y producción transnacional de exportación, no todo incremento de la producción puede venir de la inversión externa. Hay que recuperar, en mejores condiciones, las capacidades de operación institucional que tenían instituciones como CONASUPO; el Programa de Abasto Rural, FERTIMEX, Bodegas Rurales y demás. Los productores las recuerdan como parte de los viejos tiempos en los que el país crecía, el campo prosperaba y la población contaba con seguridad alimentaria. Esto no nos lo ha dado la libertad de mercado en manos externas.
Requerimos un estado fuerte, no austero y pobre, que vaya de la mano con organizaciones de productores también fuertes.
El petróleo seguirá acaparando titulares. Pero el fertilizante, aunque menos visible, está en todo; en el maíz, trigo, arroz, carne, en la mesa de todos. El riesgo para México no es de una crisis espectacular, sino el de una erosión silenciosa: mas hogares con dificultades para alimentarse, más niños con carencias tempranas que dificultan su buen desarrollo, menor calidad nutricional.
Por eso es relevante que el tema haya sido mencionado al más alto nivel. Reconocer el problema es el primer paso. El segundo es actuar antes de que se vuelva visible para todos. Porque cuando el fertilizante aparezca en el debate público podría ser tarde.




