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Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM.- El campo tamaulipeco atraviesa una de las etapas más complejas de las últimas décadas. Sequías prolongadas, volatilidad de precios agrícolas, deterioro de los sistemas de riego, inseguridad rural y la reducción de apoyos institucionales han colocado a miles de productores en un escenario de incertidumbre.
Tamaulipas continúa siendo una potencia agrícola nacional. El Censo Agropecuario 2022 del INEGI registró 82 mil 559 unidades de producción agropecuaria en el estado, que trabajan más de 2.16 millones de hectáreas agrícolas, una de las superficies productivas más grandes del noreste del país.
El sector agropecuario representa cerca de 4.5 % del Producto Interno Bruto estatal, pero su impacto territorial es mucho mayor. En decenas de municipios rurales la agricultura y la ganadería siguen siendo la principal fuente de ingresos.
La agricultura tamaulipeca se sostiene principalmente en la producción de granos. Entre ellos, el sorgo ocupa el lugar central. Desde hace más de tres décadas el estado es el principal productor nacional de este cultivo estratégico para la industria pecuaria.
En varios ciclos agrícolas de la última década Tamaulipas aportó entre 40 y 49 % de todo el sorgo producido en México, con volúmenes que han superado los dos millones de toneladas anuales.
El auge del cultivo alcanzó uno de sus puntos más altos en 2014, cuando México registró una producción récord de 8.4 millones de toneladas de sorgo. De ese total, 3.4 millones de toneladas se produjeron en Tamaulipas, consolidando al estado como el núcleo productor del país.
La producción se concentra principalmente en los municipios de San Fernando, Río Bravo, Valle Hermoso, Matamoros, Méndez y Burgos, donde se ubican algunos de los sistemas agrícolas mecanizados más grandes de México.
Sin embargo, esa especialización productiva también generó una dependencia peligrosa. El precio del sorgo está ligado al mercado internacional de granos y a las importaciones provenientes de Estados Unidos.
Cuando los precios internacionales caen, el impacto se traslada directamente al productor tamaulipeco. En los últimos ciclos agrícolas, organizaciones campesinas han denunciado que el precio pagado por tonelada se ubica por debajo de los costos reales de producción.
El problema se agrava por el aumento de los insumos agrícolas. Fertilizantes, semillas, refacciones para maquinaria y diésel agrícola han registrado incrementos constantes desde 2020.
Estudios técnicos del sector agrícola señalan que más del 60 % del valor de la producción del sorgo se destina al pago de insumos y costos operativos, lo que deja márgenes de ganancia muy reducidos para los productores.
La presión del mercado ha provocado protestas en diversas regiones del estado. En varios ciclos agrícolas recientes productores del norte de Tamaulipas han bloqueado carreteras federales para exigir apoyos a la comercialización del grano.
Mientras el mercado presiona a la baja los precios, el clima reduce la producción. En el ciclo agrícola 2024-2025, estimaciones del sector agrícola ubican la producción de sorgo del estado en alrededor de 1.4 millones de toneladas, muy por debajo de los niveles alcanzados hace una década.
La principal causa de esta reducción es la sequía. Durante los últimos años el noreste del país ha enfrentado uno de los periodos más secos de las últimas décadas.
Los niveles de almacenamiento en presas estratégicas del estado han registrado caídas importantes. Entre ellas destacan la presa Falcón, la Marte R. Gómez y la Vicente Guerrero, fundamentales para los distritos de riego del norte y centro de Tamaulipas.
Cuando el agua escasea, la superficie sembrada se reduce. Miles de hectáreas quedan sin sembrar o dependen exclusivamente de las lluvias del temporal, lo que vuelve impredecibles los resultados de cada ciclo agrícola.
A la escasez de agua se suma el deterioro de la infraestructura hidráulica. Muchos canales de riego fueron construidos hace más de medio siglo y presentan filtraciones o pérdidas de agua por falta de mantenimiento.
La tecnificación del riego avanza lentamente. Sistemas como el riego por goteo o por aspersión siguen siendo inaccesibles para muchos pequeños productores por su alto costo de instalación.
El impacto de la sequía también alcanza a la ganadería. Tamaulipas es uno de los principales exportadores de becerros en pie hacia Estados Unidos, actividad que genera ingresos importantes para miles de productores.
Antes de la crisis climática reciente, el estado exportaba entre 120 mil y 150 mil becerros al año hacia el mercado estadounidense. Pero la reducción de pastizales naturales ha elevado los costos de producción.
Cuando el pasto desaparece por la falta de lluvias, los ganaderos deben comprar alimento suplementario para sostener el hato. En periodos de sequía prolongada muchos productores se ven obligados a vender parte de su ganado.
Otro problema estructural del campo tamaulipeco es el envejecimiento de su población productiva. En muchas comunidades rurales la edad promedio de los agricultores supera los 55 años.
La migración de jóvenes hacia ciudades o hacia Estados Unidos ha reducido el relevo generacional en las actividades agrícolas. El resultado es un campo con menor capacidad de innovación tecnológica.
Durante décadas los efectos de los ciclos de mercado o de los fenómenos climáticos fueron parcialmente amortiguados por programas públicos de apoyo al campo.
Instrumentos como Procampo, Proagro y los apoyos a la comercialización funcionaban como mecanismos de estabilización para miles de productores.
En los últimos años estos programas desaparecieron o se redujeron significativamente, dejando a muchos agricultores sin subsidios que ayudaban a sostener la producción.
La desaparición de la Financiera Rural también limitó el acceso al crédito para pequeños y medianos productores que necesitaban invertir en maquinaria o modernizar sistemas de riego.
A estas presiones económicas y climáticas se suma un problema que rara vez aparece en los informes oficiales: la inseguridad rural.
En diversas regiones agrícolas del norte y del altiplano tamaulipeco productores han denunciado robos de maquinaria agrícola, abigeato y extorsiones relacionadas con el transporte de granos.
Mover cosechas por carreteras rurales se ha convertido en un riesgo adicional que encarece los costos logísticos del sector.
A pesar de todos estos problemas, el campo sigue siendo uno de los pilares económicos de Tamaulipas. Además del sorgo destacan cultivos como maíz, algodón, soya, cítricos y hortalizas.
Especialistas coinciden en que el futuro del sector dependerá de tres factores fundamentales: la modernización del riego, la diversificación de cultivos y el desarrollo de agroindustria local.
Entre sequías persistentes, mercados inestables, infraestructura deteriorada y políticas agrícolas en transición, el campo tamaulipeco enfrenta una de las pruebas más difíciles de su historia reciente.
Miles de productores continúan sembrando en condiciones cada vez más adversas. Su resistencia mantiene en pie uno de los sectores productivos más antiguos del estado.




