29 marzo, 2026

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Organillero capitalino lleva tradición centenaria a Tampico en Semana Santa

Entrevistado en el exterior de la Catedral de Tampico este domingo, explicó que su labor forma parte de una tradición itinerante que lo lleva a recorrer distintas regiones del país
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Por Cynthia Gallardo
Expreso-La Razón

Desde la capital del país; Gabriel Rivera, organillero acompañado de “Lupe”, un mono de peluche con playera de México, arribó a Tampico para ofrecer su música durante esta temporada vacacional de Semana Santa.

Entrevistado en el exterior de la Catedral de Tampico este domingo, explicó que su labor forma parte de una tradición itinerante que lo lleva a recorrer distintas regiones del país.

“Más de 100 años, es la pregunta… Nos conocemos pero no sabemos la cantidad exacta de cuántos organilleros hay… es como parte de mis rutas de trabajo, yo voy buscando pueblo tras pueblo. Las fiestas patronales, las ferias”

El organillero indicó que desconoce cuánto tiempo permanecerá en el sur de Tamaulipas, ya que su permanencia depende del flujo de visitantes y de las oportunidades de trabajo que encuentre en cada sitio.

Respecto al gusto del público, señaló que varía según la edad, aunque las melodías tradicionales siguen siendo las más solicitadas.

“Depende. Por ejemplo, a los niños les gusta como la novedad, los adultos mayores nos piden todas las canciones que ellos añoran; normalmente traemos música del centro del país… «Amorcito corazón», «100 años», «Viva mi desgracia»”

Los organillos, instrumentos característicos de este oficio, llegaron a México provenientes de Alemania durante el Porfiriato, alrededor de 1884, y se popularizaron tras la Revolución Mexicana.

Cada uno puede pesar hasta 60 kilogramos y funciona mediante cilindros de madera con púas o tarjetas perforadas que reproducen melodías populares.

Actualmente, muchos de estos instrumentos son centenarios y ya no se fabrican, lo que obliga a los organilleros a darles mantenimiento por cuenta propia para preservar su funcionamiento.

La Unión de Organilleros de México, fundada en 1967, se encarga de proteger este oficio y mantener viva una tradición que aún resuena en espacios públicos y destinos turísticos del país.

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