Por Antonio H. Mandujano
Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM.- En Tamaulipas, el crecimiento de las ciudades ya no solo se mide en colonias nuevas, sino en ejidos que desaparecen, pues la mancha urbana ha avanzado sobre tierras que por décadas fueron agrícolas y ganaderas, cambiando por completo el mapa del estado: donde antes había parcelas, hoy hay fraccionamientos, avenidas y desarrollos campestres que se venden en millones de pesos.
Y el fenómeno ni es menor, ni mucho menos aislado, pues en la última década, al menos 70 ejidos han sido absorbidos por la expansión urbana en a nivel estatal.
La transformación responde al crecimiento poblacional, la actividad industrial (esta última sobre todo en la frontera) y una demanda constante de vivienda y espacios residenciales fuera del centro de las ciudades.
▶️Municipios donde el campo ya es ciudad
El cambio es más evidente en Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo, donde la expansión urbana avanza al ritmo de la industria maquiladora y el comercio.
Ahí, los ejidos han pasado directamente de producir alimentos a convertirse en fraccionamientos habitacionales o zonas comerciales.
Y en el sur, municipios como Altamira también registran este fenómeno, impulsado por el crecimiento portuario e industrial.
Y aunque en menor medida, otras zonas del estado comienzan a replicar el mismo patrón: la ciudad crece hacia afuera y el campo queda en medio.
El resultado es un cambio de fondo en la economía rural, pues los ejidatarios ya no viven de sembrar o criar ganado, sino de vender sus tierras.
Es así, como es que en Tamaulipas la producción agropecuaria pierde terreno frente al negocio inmobiliario.
En este tema, las razones son claras: baja rentabilidad agrícola, sequías, falta de relevo generacional y una oferta atractiva por la tierra, pues , vender una parcela puede representar más ingresos que años de trabajo en el campo.
Lo anterior ha provocado entonces el abandono de unidades productivas, poniendo como ejemplo que, de las más de 82 mil registradas en Tamaulipas, más de 17 mil están inactivas.
Además, la mayoría de los productores supera los 65 años, mientras los jóvenes migran a las ciudades o al extranjero y en ese contexto, la expansión urbana no encuentra resistencia.
▶️Ciudad Victoria: el ejemplo más claro
En Ciudad Victoria, el proceso ya es visible a simple vista, pues cuatro ejidos (Benito Juárez, Guadalupe Victoria, El Olivo (parcialmente) y Loma Alta) han sido prácticamente absorbidos por la mancha urbana.
Hoy cuentan con servicios completos: agua potable, electricidad, recolección de basura y alumbrado público.
Funcionan como colonias, aunque legalmente aún mantienen su carácter ejidal y la línea entre lo rural y lo urbano simplemente desapareció.
En algunos de estos ejidos, el número de propietarios se redujo hasta en un 50 por ciento.
Muchos vendieron sus parcelas ante la baja rentabilidad del campo y el aumento en el valor de la tierra y pasaron de ser parcelas a fraccionamientos de lujo.
En la periferia de Victoria han surgido desarrollos campestres dirigidos a sectores de alto ingreso, son zonas cercanas a antiguos ejidos que ahora albergan quintas, residenciales privados y terrenos amplios con amenidades.
Un caso representativo es Cerrada los Olivos, donde propiedades con miles de metros cuadrados alcanzan hasta 13 millones de pesos.
También hay terrenos de una hectárea que rondan el millón y medio de pesos, mientras otros lotes más exclusivos superan fácilmente los siete millones.
Pero, ¿por qué la tierra vale millones?
El incremento en los precios responde a varios factores:
• Ubicación estratégica, cerca de carreteras y vialidades principales.
• Cambio de uso de suelo de agrícola a habitacional.
• Alta demanda de espacios amplios con entorno natural.
• Inversión privada que eleva la plusvalía.
En términos simples: lo que antes era campo ahora es negocio inmobiliario.
▶️Un proceso sin reversa
Para los ejidatarios, vender significa acceso inmediato a recursos económicos y, en muchos casos, mejores condiciones de vida gracias a los servicios urbanos.
Pero el costo es permanente: se pierde superficie productiva, identidad rural y capacidad agrícola.
En Victoria, incluso hay otros ejidos (como La Libertad, La Misión y La Presa) que podrían integrarse a la ciudad en los próximos años, siguiendo el mismo camino.
▶️La ciudad gana terreno, el campo lo pierde
El avance de la mancha urbana en Tamaulipas refleja una realidad: las ciudades crecen más rápido de lo que el campo puede sostenerse y el resultado es un cambio profundo en el uso de la tierra.
El ejido, que durante décadas fue base de la producción agrícola, hoy se convierte en mercancía urbana, donde en municipios como Victoria, esa transformación ya no es futuro: es presente.




