Por Antonio H. Mandujano
Expreso-La Razón
Durante los próximos tres años, la Diócesis de Ciudad Victoria no tendrá nuevas ordenaciones sacerdotales, un vacío que marcará un punto crítico en la vida pastoral de la Iglesia local.
La pausa comenzará una vez que se concrete la próxima ordenación en la festividad del Sagrado Corazón, tras lo cual se abrirá un lapso estimado de tres años sin nuevos ingresos al ministerio.
“Después de esa ordenación pasarán por ahí un promedio de tres añitos para cuando volvamos a tener ordenaciones diaconales”, informó el Obispo de Victoria, Oscar Efraín Tamez Villareal, ante los cuestionamientos hechos por Expreso.
El líder religioso reconoció que este escenario representa el inicio de una etapa compleja para la diócesis, al tratarse de una Iglesia particular con recursos humanos limitados frente a una demanda pastoral creciente.
Y es que actualmente se cuenta con 69 sacerdotes en activo y 15 seminaristas en formación, cifra que, aunque constante en los últimos años, no será suficiente para evitar el impacto inmediato de esta pausa.
El diagnóstico es claro: existe una crisis de vocaciones tanto al sacerdocio como a la vida consagrada.
Si bien se trata de una tendencia que se repite a nivel nacional e incluso mundial, según los dicho por el Monseñor Tamez, en el ámbito local adquiere una dimensión más urgente, pues la necesidad de ministros no solo responde al relevo generacional, sino a la expansión y complejidad de las comunidades que integran la diócesis.
El propio obispo ha señalado que se requerirían al menos 100 sacerdotes para garantizar una atención pastoral más integral en todas sus templos.
“Si alcanzáramos a tener un centenar de sacerdotes pudiéramos tener una mejor atención pastoral”, expresó, al subrayar la brecha actual frente a las necesidades reales del territorio.
Como ejemplo, puso el caso de Soto la Marina, que tiene alrededor de 50 localidades bajo una misma parroquia, o el municipio de Tula, que agrupa más de 100 comunidades ejidales, reflejan la presión operativa existente.
En estas zonas, la cobertura depende de una distribución limitada del clero, lo que obliga a redoblar esfuerzos y extender jornadas para cumplir con las necesidades básicas de atención espiritual.
Pese al panorama, la respuesta de los fieles ha sido positiva y constante, lo que incrementa la exigencia sobre la estructura eclesial y en ese contexto, la diócesis se prepara para sostener su actividad durante este periodo sin ordenaciones, mientras se refuerzan los esfuerzos para fomentar nuevas vocaciones que permitan revertir la tendencia en los próximos años.




